Las barbas del vecino americano

Los tipos de interés subirán en EE UU varias veces en 2022, tras dispararse la inflación al 7%. Es cuestión de tiempo que también ocurra en la Eurozona

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño FOTO: Rodrigo Jimenez EFE

Paul Krugman, premio Nobel de Economía, ha sido y es el gran icono económico de la izquierda americana, y de parte de la europea. En España también es popular entre economistas de izquierdas, más o menos radicales, aunque solo sea como referente a la hora de apuntalar sus propias posiciones. Krugman, por supuesto, ha defendido desde la Gran Recesión, allá por 2008, la utilización del gasto público a manos llenas, sin olvidar subidas de impuestos. Todo lo demás le parecía accesorio e incluso contraproducente. La inflación, por supuesto, no entraba en sus análisis. Ahora el gurú radical –al César lo que es del César– acaba de admitir que se equivocó con la inflación, aunque para justificarse –es humano– alega que aceptarla durante un tiempo ha sido lo correcto. Una de cal y otra de arena, pero también entiende que es razonable que la Reserva Federal (FED) –el banco central de los Estados Unidos– se plantee la subida de tipos de interés.

Jerome Powell, presidente de la FED, recién renovado por Biden por otros cuatro años, ya había adelantado su decisión firme de subir el precio del dinero este año, incluso tres veces. Ahora pueden ser más. El miércoles pasado se supo, de forma oficial, que el año 2021 terminó en Estados Unidos con una inflación del 7%, la más alta desde 1982, año que marcó el fin de una era inflacionista en Estados Unidos y que alcanzó un tope del 14,8 en 1980. Eso hizo que los tipos de interés, en 1981, llegaran nada menos que al ¡20%!, tras la muy agresiva y dolorosa política monetaria que decidió aplicar el gigante –rozaba los dos metros de altura– Paul Volcker, presidente de la Reserva Federal entre 1979 y 1987, nombrado por Jimmy Carter y confirmado por Ronald Reagan, que ha disparado todas la alarmas. El momento más crítico fue en 1980, peor entre 1979 y 1983, los tipos de interés nunca bajaron del ¡10%!, porcentajes que en la actual era de dinero casi gratis parecen inimaginables.

El Banco Central Europeo (BCE), su presidenta, Christine Lagarde, y sus principales responsables, sostenían hasta ahora que el repunte de la inflación en la Eurozona, ligeramente por encima del 5%, era algo transitorio. Ya nadie está tan seguro y, poco antes de que se conociera el dato de los precios americanos, la presidenta del BCE explicaba que «nos tomamos muy en serio la inflación». Lo dijo en la toma de posesión de Joachim Nagel como presidente del Bundesbank, con voz, voto y bastante influencia en el BCE. El banquero central alemán, nombrado por el nuevo Gobierno, que preside el socialdemócrata Olaf Scholz, ha querido ser claro desde el primer momento: «Nuestro compromiso con la estabilidad de los precios es inquebrantable». Y, por si no fuera suficiente, también abogó por la vuelta, en 2023, de las denominadas «reglas fiscales» de la Eurozona, que limitan los déficits y la deuda pública de los países del euro.

Los deseos expresados de Nagel, más o menos compartidos por la parte más liberal del Gobierno alemán, chocan de frente con los de Pedro Sánchez, que trabaja y maniobra para que esas «reglas fiscales», no solo no se apliquen, sino que se relajen en el futuro. El inquilino de la Moncloa teme las consecuencias políticas de su aplicación porque, sobre todo, le obligarían a cambiar de forma radical su política y a reducir el gasto y el endeudamiento, medidas siempre impopulares, por muy necesarias que sean. Y todo indica que si la inflación persiste, a uno y otro lado del Atlántico, habría que aplicarlas. Al fin y al cabo, Estados Unidos es el vecino –económico– más cercano de Europa.

Raymond Torres, director de coyuntura de Funcas, acaba de escribir que «un desacoplamiento completo de la Reserva Federal y del BCE no es verosímil en un mundo financiero de vasos comunicantes y el dólar todavía como líder». En otras palabras, aunque sea con retraso y salvo que la situación sea radicalmente diferente, el endurecimiento de la política monetaria en Estados Unidos acabará por trasladarse a Europa. Es inevitable, porque los últimos datos y previsiones auguran que el repunte de la inflación continuará, al menos durante unos meses. Y, por supuesto, también en España, en donde Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de España, ya habla del «fuerte repunte de la inflación» que, en media anual, podría llegar incluso hasta el 4% en 2022, lo que significa que habría momentos en los que sería mucho más alta, como el actual, cuando se ha instalado por encima del 6,5%. La economía americana va por delante, como ocurrió en la salida de la crisis. Ahora avanza por el camino de la subida de tipos de interés. Por eso habría que recordar el refrán: «Cuando las barbas de tu vecino veas pelar...».

La reforma laboral todavía tiene obstáculos por el camino

Lo más probable es que la reforma laboral salga adelante como la aprobó el Gobierno tras el acuerdo entre los sindicatos y el presidente de la CEOE, que tiene contestación interna. El pacto, tutelado por la «vice» Yolanda Díaz, tendrá que superar las exigencias nacionalistas de la prevalencia de los convenios autonómicos. Es algo que impulsa el PNV y a lo que se ha sumado ERC. Supondría el definitivo fin de la unidad de mercado y las cesiones que tenga que hacer el Gobierno le pasarían factura.

Dudas sobre los planes de protección especial a las «start ups»

El economista Benito Arruñada (UPF y FEDEA) afirma, en un informe crítico publicado por FEDEA, el trato de favor que otorga a las «start ups» el proyecto que prepara el Goberno: «solo estaría justificado si existiese evidencia clara de que éstas generan efectos externos positivos y significativos». El autor concluye que la combinación de indefinición y discrecionalidad puede dar lugar a consecuencias indeseadas, incluyendo la competencia desleal por parte de las empresas favorecidas.