La «greenflación» ha llegado a Occidente para quedarse

►El mercado de futuros apunta a cotizaciones elevadas a lo largo de todo 2022

Isabel Schnabel, responsable de Operaciones de Mercado del BCE
Isabel Schnabel, responsable de Operaciones de Mercado del BCE FOTO: DPA vía Europa Press DPA vía Europa Press

Isabel Schnable, responsable de Operaciones de Mercado del Banco Central Europeo (BCE), fue la primera que acuñó el término «Greeninflación» o «Inflación verde» para referirse al fenómeno que se está produciendo actualmente con los precios. El incremento del IPC está íntimamente ligado al aumento del valor de la energía que, irremediablemente, se termina trasladando a otros productos de la cesta de la compra. La revolución verde en la que estamos inmersos es deseable si se quieren alcanzar los objetivos de transición energética y reducir las emisiones de CO2. Sin embargo, los costes aparejados, especialmente de hacerlo de una forma acelerada, también son muy elevados, como ya se está viendo.

«Mientras que en el pasado los precios de la energía solían bajar con la misma rapidez con la que subían, la necesidad de intensificar la lucha contra el cambio climático puede implicar que los precios de los combustibles fósiles ahora no solo tendrán que seguir siendo elevados, sino que incluso tendrán que seguir subiendo si queremos cumplir con los objetivos de cambio climático de París». De esta forma Schnable advertía del coste que la transición energética tendrá para los ciudadanos.

La inflación se situó en España el pasado mes de enero en el 6,1%, con una electricidad cuyos precios crecieron un 46% y una subida de la gasolina y el gasoil del 25% y el 23%, respectivamente. Que el aumento de los precios de la energía ya se está trasladando cada vez a un mayor número de productos y servicios se evidencia en el hecho de que la inflación subyacente, aquella que excluye los elementos más volátiles (energía y alimentos frescos), alcanzó en enero el 2,4%, su tasa más elevada desde el mes de octubre de 2012.

Pero no se trata solo de un fenómeno que afecta a España. En la zona euro el IPC de enero fue del 5%, mientras que, en EE UU se disparó hasta el 7,5%, su máximo en 40 años. Para controlar los precios, tanto la Reserva Federal como el resto de bancos centrales se están viendo obligados a revisar su hoja de ruta de su política monetaria, planteando subidas de tipos de interés adicionales a las que las inicialmente programadas.

No hay más que fijarse en el mercado de futuros para ver cómo será la evolución del mercado, alejándose así de los pronósticos que apuntaban a una moderación a partir de la primavera. La electricidad para entrega en el cuarto trimestre de 2022 se negocia a un precio de 187,50 euros, según datos de OMIP. Si bien es cierto que la cuantía está por debajo de los máximos de diciembre, sí que es muy superior al registrado hace un año, cuando el precio del megavatio hora se situaba en el entorno de los 44 euros. Hasta 2023 no se notará un descenso de la electricidad, aunque las tarifas no van a volver a situarse en los niveles previos a la gran subida.

Los precios del gas natural tampoco darán tregua. Y es que los contratos con vencimiento en el cuarto trimestre en España y Portugal se sitúan en 70,73 euros el megavatio/hora (0,073 kilovatio/ hora), lo que supone un incremento del casi el 60% en relación al precio de hace dos años.

Qué hay detrás

¿Pero que subyace bajo este incremento desbocado de los precios energéticos? Bank of America ha cifrado el coste de la transición energética en 130 billones de euros en los próximos 30 años, dos veces el PIB mundial. La revolución verde exigirá un cambio radical no en el modelo energético, sino también económico, ya que no se trata de una simple sustitución de tecnología. Actualmente, las energías renovables aún no han demostrado ser lo suficientemente escalables como para satisfacer una demanda en rápido aumento. En este contexto, el gas natural se ha convertido en una energía «puente» entre las fuentes de origen fósil y las limpias. Este fenómeno ha aumentado la demanda internacional de gas, y los pronósticos apuntan a que lo continuará haciendo como consecuencia de las tensiones geopolíticas, como el conflicto entre Ucrania y Rusia o el que mantiene Argelia con Marruecos, no ayudan a eliminar las presiones sobre los precios. Asimismo, los derechos de emisión de CO2, el coste que pagan las empresas y productores de energía por sus emisiones contaminantes, se han disparado, pasando desde marzo de 2020 un 256%. Además, los precios de las materias primas industriales necesarias para acometer con éxito la transición, como el estaño, el aluminio, el níquel o el cobalto, ha subido entre un 20% y un 90% en 2021. Ante este contexto, todo indica que tendremos que acostumbrar a unos precios de la energía altos, tal y como vaticinó Schnabel.

Precio de la energía y el gas en 2022
Precio de la energía y el gas en 2022 FOTO: T. Nieto