Opinión

Paro, empleo y pacto de rentas

La realidad es que la inflación y el fuerte incremento en el coste de la vida han venido para quedarse durante bastante tiempo

Entrada de la Oficina de Empleo
Entrada de la Oficina de Empleo FOTO: Carlos Luján Europa Press

“Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero”, reza el refrán o el proverbio, como se prefiera, aunque habría que añadir en este caso a la compañera, que es la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. Pero no conviene echar las campanas al vuelo. Me refiero a los datos sobre paro y empleo conocidos ayer y que conviene situar en un contexto apropiado. Primero, porque se trata de unas cifras concretas de un periodo determinado con la Semana Santa de por medio y habrá que esperar a lo que suceda en los próximos meses. En segundo lugar, porque hay que analizar esas cifras desde el punto de vista sectorial: el empleo lo fía todo a la recuperación del turismo entendido en sentido amplio, con la hostelería de por medio, y al sector público, lo que significa que una parte importante del privado no tira. Y, en tercer lugar, habría que analizar con detalle y detenimiento “la calidad” de los contratos que se han registrado; indefinidos, a tiempo parcial… En resumen son datos para mirar con lupa y esperar a lo que suceda en los próximos meses.

Mientras tanto, semanas atrás se habló mucho de la necesidad de llegar a un pacto de rentas entre los distintos interlocutores económicos y sociales, fundamentalmente empresarios y sindicatos, y también el Gobierno. Sin embargo, ahora este asunto parece haber desaparecido del debate público. ¿Es necesario, o no, un pacto de rentas? Supongo que habrá opiniones para todos los gustos. Los que defiendan que sí es imprescindible, los que digan que es mejor dejar actuar con libertad a los agentes sociales, y habrá una tercera vía con una posición intermedia. La realidad es que la inflación y el fuerte incremento en el coste de la vida han venido para quedarse durante bastante tiempo, como consecuencia de la subida de los precios de la energía y de los productos básicos de la alimentación. En ambos casos todos los ciudadanos y consumidores resultamos afectados. A ello habrá que agregar otro factor, que todavía no se está notando en toda su intensidad, como es el bloqueo del comercio con origen en China, lo que puede provocar más distorsiones todavía. Visto lo visto, ¿qué se debe hacer? He ahí la gran duda.