El otro rebote del gato muerto

Algunos datos económicos son mejores de lo esperado, pero a pesar de todo la mayoría de las previsiones contemplan una recesión en 2023. Todo se complicaría a partir de febrero

Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal
Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal FOTO: ERIC LEE EFE

Estaba escrito. La Reserva Federal (FED) –el banco central de los Estados Unidos– que preside Jerome Powell iba a subir los tipos de interés, por mucho que algunos se hicieran la ilusión de lo contrario. Estaba escrito y ocurrió. De hecho, la propia FED lo había anunciado en la jerga, a veces enigmática, de los bancos centrales. El precio del dinero ya está en los Estados Unidos entre el 4,25 y el 4,5%. Y en 2023 , salvo sorpresa mayúscula, volverá a subir, quizá hasta el 5%. Los tiempos de los tipos de interés cero o cercanos al cero ya son historia. A pesar de todo, también en términos históricos, el dinero sigue barato. En todas partes.

Estaba escrito y anunciado. El Banco Central Europeo (BCE), que preside Christine Lagarde, con Luis de Guindos de vicepresidente, también subió los tipos de interés al día siguiente que lo hizo su primo americano. El precio del dinero, en el 2,5%, todavía está más bajo en la eurozona que en Estados Unidos. Además, como explicó la propia Lagarde, seguirá al alza hasta alcanzar, a lo largo de 2023, el 3 o el 3,5% o quizá algo más, porcentaje que también es de los más reducidos de la historia y que –a pesar de lo que dicen algunos adictos a la droga monetaria– no debería perjudicar la inversión ni la puesta en marcha de proyectos. Eso no impide que quienes se endeudaron con tipos al 1%, por ejemplo, contemplan cómo se les encarecen exponencialmente sus gastos financieros, algo que sobre todo ocurre con ciertos erarios públicos, como el español. En pocos meses, han pasado de cobrar por pedir prestado a pagar hasta más del 2,5% en los mercados.

La incertidumbre domina las expectativas. Los últimos datos económicos en todas partes –España incluida– son algo mejores de los previstos hace solo unos meses. «¿Nuestro mundo está mejorando y es probable que continúe haciéndolo o está al borde la catástrofe?», se preguntaba esta misma semana Martin Wolf, el analista económico jefe del «Financial Times». Nadie tiene todavía la respuesta y hay casi tantos pesimistas como optimistas. Los agoreros esgrimen frente a los más entusiastas el ejemplo bursátil del «rebote del gato muerto» –en inglés «dead cat bounce»–, que describe una situación de mercado, en momentos de incertidumbre, en la que las cotizaciones parece que se recuperan con una cierta fuerza, pero después vuelven a desplomarse con más virulencia. Es un clásico de los mercados, pero también de la economía.

Ahora, la clave está en discernir si los datos mejores de lo esperado de estas semanas son un espejismo –el gato muerto– o la consolidación de una verdadera recuperación económica. Las señales que se detectan en el horizonte económico son confusas y, a menudo, contradictorias. La evolución de las economías –aunque con timidez– es algo mejor de lo esperado, lo que se considera un indicio positivo. Las expectativas de inflación siguen sin ser optimistas y algunos indicadores -durante años fiables– como la curva de los tipos de interés, que ahora está invertida, auguran malos tiempos, recesión. ¿Por qué es anormal que la curva de tipos esté invertida? Parece complicado, pero no lo es tanto. Significa que los intereses que se pagan a corto plazo son superiores a los que se pagan a largo plazo. Es contradictorio y, por eso, es un aviso a navegantes. Ocurre cuando los mercados –los inversores– creen que una economía entrará en recesión y, por lo tanto, el banco central de turno, rebajará el precio del dinero. Eso hace que se prefiera la inversión a corto plazo, con tipos más altos, que a largo, con intereses más bajos. Sucede ahora y anuncia tiempos difíciles, que en algunos países, muy endeudados, como España, serían todavía más complicados.

Los más optimistas alegan que también es posible que los mercados se equivoquen ahora, como erraron –y de forma notable– con sus expectativas de inflación, que no valoraron como debían. Si eso es así, es probable que la recesión no llegue, pero tampoco nadie lo puede asegurar, lo que significa que el escenario negativo es posible y que sea más intenso de lo que ahora descuentan los mercados. El BCE, desde luego, quizá para prevenir, estima que habrá recesión en la zona euro, aunque tampoco es infalible. Lo que es una realidad evidente es que la inflación, a ambos lados del Atlántico, está muy por encima de lo deseado, sobre todo en la eurozona y que, ante la pasividad de los gobiernos –incluidos los de Scholz, Macron y, por supuesto, el de Sánchez– y sus políticas de más gasto, la única medicina posible es la monetaria, la que aplican la FED y el Banco Central Europeo. Es impopular, pero de momento no hay otra alternativa, a la espera de que el nuevo año 2023 confirme o no si estamos ante un rebote del gato muerto. Está escrito.

Binance, dudas sobre otro coloso de las criptomonedas

Tras la caída de FTX y detención de su promotor, Sam Bakkman-Fried en Bahamas, ahora el mercado teme por el futuro de Binance, otro coloso del sector –al menos hasta ahora–,fundado y dirigido por Changpeng Zhao. Un informe de Mazars, publicado por «The Wall Street Journal», sobre la eficacia de los controles de información financiera de la compañía ha hecho saltar las alarmas. La opacidad de Binance, que no cotiza en las bolsas, no ayuda y hace que los rumores se disparen.

Las empresas grandes gastan menos en electricidad y más en energía

El peso de los costes energéticos de las empresas españolas industriales y de servicios, en relación con su cifra de negocios, es muy heterogéneo, pero «en general, a mayor tamaño empresarial, menos proporción de la cifra de negocios se destina a gastos en electricidad y en otros combustibles, pero más a gastos en gas natural», según un informe realizado por María de los Llanos Matea y Alejandro Muñoz-Julve, de la Dirección General de Estadística del Banco de España.