Alierta cede el mando de Telefónica tras la gran expansión

Tras casi 16 años al frente, deja la multinacional a su mano derecha y consejero delegado, Álvarez-Pallete. Entrega una firma líder en Europa e Iberoamérica con 322 millones de clientes, 4 veces más que en 2000. Brasil y Alemania han pasado a ser los principales mercados, con el 74% de los ingresos llegados del exterior

César Alierta y Álvarez-Pallete en una imagen de archivo
César Alierta y Álvarez-Pallete en una imagen de archivo

Deja como presidente a su mano derecha, José María Álvarez-Pallete, y seguirá en el consejo y al frente de la Fundación ►Entrega una firma líder en Europa e Iberoamérica con 322 millones de clientes, preparada para competir en la era digital

César Alierta puso fin ayer a sus casi 16 años al frente de la mayor multinacional española, con permiso de Inditex, con una sucesión tranquila, pactada desde hace meses en favor de su mano derecha: José María Álvarez-Pallete, hasta ahora consejero delegado. Un directivo de la casa que, como en el caso del propio Alierta, conoce al detalle cada mercado en el que trabaja el gigante español de las telecomunicaciones y contenidos, uno de los tres grandes de Europa, junto a Vodafone y Deutsche Telekom, y sexto operador global por número de clientes. Alierta, aragonés de 70 años, deja una empresa cuatro veces más grande por número de clientes.

A lo largo de sus tres lustros al frente de la compañía, la antigua Telefónica estatal monopolística del teléfono góndola, considerada un pseudo-ministerio y casi un bono del Tesoro para los ahorros de miles de jubilados españoles alérgicos al riesgo, se transformó en una «telecom» puntera en la tecnología móvil, un actor principal en todo el mundo, y en una empresa mucho más diversificada y con menores riesgos que la que recibió de manos de su antecesor, Juan Villalonga, quien ya había iniciado la modernización y expansión por América Latina.

En esos años, los de la «era Alierta», Telefónica ha pasado de 68 a 322 millones de clientes, ha ampliado sus mercados a más de 20 países y ha realizado las operaciones de compra más ambiciosas hechas jamás por alguna empresa española, superando con la adquisición de la británica O2 por 26.000 millones de euros la compra del también británico Abbey National Bank por Banco de Santander (13.200 millones). A Alierta se debe una mayor internacionalización de la operadora, volcada en sus mercados naturales (Brasil y España) y con una apuesta decidida por los países europeos más competitivos.

Al asalto de Brasil y Alemania

Como prueba, en 2014, Telefónica entró de lleno en Alemania, el mayor mercado de Europa, con la compra de E-Plus, una operación valorada en 8.600 millones de euros. Tras la autorización de fusión entre O2 Telefónica y E-Plus, Alierta logró posicionar a la empresa en Alemania como el mayor operador por número de clientes, por delante de T-Mobile (filial de Deutsche Telekom) y de Vodafone. Con movimientos calculados, como los citados, la compañía ha pasado de obtener el 50% de sus ingresos del exterior en 2000 a que el 74% proceda de fuera de España, según las cuentas de resultados de 2015.

Pero el arranque no fue del todo fácil para Alierta, quien para empezar tuvo que culminar el proceso de reestructuración de la plantilla en 2000 y hacer frente a dos crisis severas en los primeros años. La más importante, la de Argentina, pese a lo cual la operadora mantuvo posiciones en el país austral. Pero además, su inicio coincidió con el estallido de la burbuja tecnológica, que pilló a Telefónica entrampada después de que su cabecera de contenidos Terra, líder hoy en Latinoamérica, se hiciera con Lycos, el tercer mayor portal de EE UU por unos 12.500 millones de dólares.

Una de las primeras decisiones de Alierta al poco de asumir la presidencia fue admitir que lo pagado en los años de la burbuja tecnológica por las licencias UMTS en Europa ya no tenía ese valor, por lo que decidió limpiar el balance de la operadora de activos cuyo valor se había calculado bajo premisas poco realistas.

Corría el año 2002 y Alierta fue el primer directivo de una grande en entonar el acto de contricción. Esta decisión, replicada luego por otras grandes operadoras, llevó a Telefónica a alcanzar una sólida situación financiera que le permitió en 2004 y 2005 abordar operaciones de expansión internacional, como la compra de los activos de BellSouth en Latinoamérica, la de activos europeos y su primera incursión en China.

Operaciones de inversión que suman 100.000 millones de euros, el 10% del PIB español, a lo largo de su mandato y que tienen Brasil como uno de los polos preferentes de las mismas. Allí, Telefónica se ha posicionado con Vivo como el mayor operador integrado del mercado con 100 millones de clientes. Convertido en su mayor granero, Brasil supone ahora un reto para el sucesor de Alierta por las turbulencias económicas que vive el gigante suramericano.

Álvarez-Pallete debe completar también la venta de su filial británica O2 a la hongkonesa Hutchison, que podría reportar a Telefónica ingresos por unos 14.000 millones de euros. Esto permitiría a la operadora aligerar sus casi 50.000 millones de deuda (2,9 veces su Ebitda) y garantizar a sus accionistas el cobro de dividendos. Un buen cierre para la «era Alierta», en la que se entregaron 40.000 millones a los accionistas.

Palabra de Alierta

«Apple y Google conocen la vida de ustedes, pero la mía no, porque tengo un teléfono que es una carraca. No he perdido mi privacidad».

«Si hay un dividendo seguro es el de Telefónica. No hay que preocuparse por el dividendo durante los próximos cinco o diez años».

«La tasa de paro puede estar en el 8% en 2018. Soy optimista. Es un objetivo alcanzable. El 70% de los parados no tiene más educación que la primaria».