Cataluña dilapiló 218 millones de dinero público en Spanair

Ferrán Soriano, ex presidente de Spanair, ayer en Barcelona
Ferrán Soriano, ex presidente de Spanair, ayer en Barcelona

Hace un año y medio, Spanair dejó de operar. El gran sueño del nacionalismo catalán de crear una aerolínea de bandera –por supuesto, con dinero público– se estrellaba contra la tozudez de los negocios. La compañía dejaba en la estacada a 300.000 pasajeros con el billete en la mano y a más de 2.500 trabajadores. Pero aún hay más: la extinta compañía dejó un agujero de más de 500 millones que difícilmente se van a recuperar. Barcelona tenía que ser como Fráncfort, París o Londres. El aeropuerto de El Prat debía de competir en millones de pasajeros y de conexiones intercontinentales con los grandes «hubs» europeos. Para ello, las administraciones catalanas pusieron todo su empeño –y cientos de millones– en convertir a Spanair en una especia de «Air Catalonia» a imagen y semejanza de Lufthansa para Alemania, o British Airways para Inglaterra. Con esa idea comenzó el goteo de inversiones que ni las voces de economistas ni la crisis en ciernes evitaron. Entre la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona, enterraron en Spanair la friolera de 218 millones de euros.

La historia de «Air Catalonia» se remonta a los años del tripartito, concretamente a 2008, cuando la aerolínea escandinava SAS puso a la venta Spanair y la Generalitat salió al rescate. La compañía se vendió por un euro a cambio de asumir la deuda de la compañía. Las inyecciones de dinero por parte de la Generalitat, a través del Instituto Catalán de Finanzas, no tardaron en llegar, y ya en el ocaso del tripartito se invirtieron 60 millones de euros. Con la llegada de Artur Mas a la Generalitat, y con los recortes a la vuelta de la esquina, lejos de cambiar esta tendencia, se incrementó con una nueva inyección de 75 millones, tal y como reconoció el consejero de Economía, Andreu Mas-Collell. Los pormenores de la inversión, amparándose en el secreto bancario, son desconocidos.

Mención aparte merece el Ayuntamiento de Barcelona, cuya implicación pese a contar con unos recursos sustancialmente menores que la Generalitat, ha sido proporcionalmente mayor que la de ésta. El Ayuntamiento, al margen de conceder un crédito de 25 millones de euros, a través de Catalana de Iniciativas, Turismo de Barcelona y Fira de Barcelona, inyectó otros 48,2 millones. Es decir, 73,2 millones en total.

Cabe destacar, además, que entre los principales acreedores de Spanair se encuentra Aena, por lo que el agujero para las arcas públicas puede ser considerablemente mayor.