China y EE UU llegan a un acuerdo para suprimir gradualmente los aranceles de la guerra comercial

La cancelación es el paso previo necesario para avanzar hacia un acuerdo definitivo, según Pekín

La cancelación es el paso previo necesario para avanzar hacia un acuerdo definitivo, según Pekín.

Tras año y medio de tiras y aflojas entre las dos mayores economías del planeta, se atisba luz al final del túnel. Ayer, Pekín confirmó que ha llegado a un acuerdo preliminar con Washington con el que retirar progresivamente los aranceles que se han impuesto mutuamente en los últimos meses. Un compromiso que, de hacerse realidad, ayudará a llegar a un pacto que ponga fin a una guerra comercial que ha empezado a pasar factura a las finanzas de ambas naciones.

“La guerra comercial comenzó con aranceles, y tendrá que acabar con aranceles”, aseguró ayer en rueda de prensa Gao Feng, portavoz del Ministerio de Comercio chino. Según explicó, como fruto de las “constructivas” negociaciones en las últimas semanas, los dos países “han acordado eliminar el aumento arancelario en fases a medida que progresen sus negociaciones”. Aunque no especificó cuánto se eliminará porque “lo consideraremos en el acuerdo alcanzado en la primera fase”, sí insistió en que la proporción a suprimir en cada etapa deberá ser la misma para las dos naciones.

Según una información de la agencia Reuters, Pekín pretende que Washingon retire las tarifas del 15% que impuso el pasado 1 de septiembre a diversos productos chinos por valor de 125.000 millones de dólares. Eso, sin olvidarse de que modifique las tasas anteriores del 25% a otros bienes valorados en 250.000 millones de dólares. Además, en la primera fase de este pacto de tres etapas, no entrarían a negociarse las cuestiones relativas a la divisa china o la propiedad intelectual que tantos quebraderos de cabeza han causado al presidente estadounidense, Donald Trump.

Las dos potencias andan enfrascadas en una guerra comercial desde hace 18 meses que ha comenzado a hacer mella en sus economías. Estados Unidos ha impuesto aranceles a productos chinos por valor de 360.000 millones de dólares, lo que ha contribuido a la desaceleración en el crecimiento económico del Gran Dragón. Mientras, Pekín ha tasado bienes norteamericanos por valor de 120.000 millones de dólares, causando un impacto potencial en la economía norteamericana. Unas cifras que han afectado aproximadamente a dos tercios del comercio de bienes en cada dirección y han dejado importantes consecuencias en la economía global.

La valoración de los economistas sobre este acuerdo es mayormente positiva. Desde que todo comenzó, las negociaciones han llenado de luces y sombras el posible fin del conflicto, y a cada posible pacto le ha seguido un sonoro fracaso y la imposición de nuevos aranceles. La última gran batalla, en la que se volvieron a imponer tasas, tuvo lugar en verano y no fue hasta finales del mes pasado cuando se anunció cierto progreso en las negociaciones. Desde entonces, ambas naciones han puesto de nuevo de su parte con diversos gestos de buena voluntad. Si bien Trump anunció que dejaba de lado sus planes de imponer nuevas tasas, China se comprometió a incrementar la adquisición de productos agrícolas norteamericanos. Aunque la firma de este pacto se antoja complicada -estaba prevista en Chile a mediados de este mes en la ahora cancelada cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC)-, los equipos de ambas naciones trabajan por buscar una nueva oportunidad.