Actualidad

Díaz Ferrán, las dos caras del encantador de serpientes

Afable y cercano en público, el ex dueño de Marsans suscita sentimientos encontrados. Para los que le apoyan, ha sido un buen gestor mal aconsejado en el peor momento.

Raquel santamaría y Gerardo Díaz, esposa e hijo de Díaz Ferrán, a la izquierda, ayer, en Soto del Real
Raquel santamaría y Gerardo Díaz, esposa e hijo de Díaz Ferrán, a la izquierda, ayer, en Soto del Real

Cualquier ser humano que ostenta un cargo poderoso suscita filias y fobias entre sus admiradores y detractores. Gerardo Díaz Ferrán no es una excepción a esta regla no escrita. Aunque los que le conocen coinciden en que, públicamente, mostraba una imagen de hombre afable, extrovertido y dialogante que una fuente de la patronal (CEOE) sintetiza como de «encantador de serpientes» –y que le valió para mantener una relación personal más allá de lo correcto tanto con los líderes sindicales como con el ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero–, la opinión que tienen del Díaz Ferrán que vive tras los focos difiere en extremo. Para unos, no es más que un empresario «muy falso» que no dudaba en airear los trapos sucios personales de la otra parte en una negociación si con eso creía que podía llevarse el gato al agua. Para otros, sin embargo, ha sido un buen empresario que, en el momento de la verdad, cuando la crisis le ha apretado, no ha sabido rodearse de buenas compañías.

«Posibilitum»

A Díaz Ferrán, dicen estos últimos, «se le la ido la pinza» y ha terminado cometiendo tropelías, aunque no por su incapacidad. Ha sido, coinciden, un buen gestor rodeado de gestores inadecuados cuando se le han torcido las cosas. Y al hablar de malas compañías, todos señalan a Posibilitum, el grupo de Ángel de Cabo que tomó el control de Marsans en 2010 dentro del pacto que, supuestamente, habría alcanzado el empresario valenciano con Díaz Ferrán para ayudarle a ocultar bienes y evadir capitales hacia paraísos fiscales para evitar pagar a sus acreedores. «Cuando vi que se juntaba con una empresa de la que había escuchado un montón de historias raras, no me sonó nada bien», afirma otra fuente de la patronal que conoce a su ex presidente desde hace años. «Ha tenido muy malos asesores. Siempre se ha rodeado de malas compañías y cayó en brazos de la peor, Posibilitum», corrobora otra fuente cercana a la patronal.

Si Díaz Ferrán hubiese recurrido a sus abogados habituales o a cualquier firma de prestigio del sector, no hubiese acabado de esta forma. Probablemente hubiera quebrado, pero de forma ordenada y sin consecuencias judiciales, coinciden en apuntar los que le defienden. Si no lo hizo, abunda uno de ellos, tal vez haya sido porque le pareció tan increíble que se le pudieran haber torcido las cosas, que trató de enderezarlas de cualquier forma antes que admitir su fracaso. «Como les ha sucedido a muchos empresarios de este país, llega un momento en que creen que no pueden fracasar o equivocarse. Y cuando esto sucede, lo atribuyen a una especie de conspiración del mundo contra ellos», explica.

Otros, por el contrario, no ven ni conspiraciones ni malos asesoramientos. Sencillamente, hablan de un empresario «muy falso» que ha dirigido sus negocios de forma truculenta. «A mí me sorprende que haya tardado tanto en ocurrir lo que ha ocurrido», asegura un antiguo miembro de la CEOE. «De puertas para afuera es muy amable. Dentro es otra cosa», resume. Díaz Ferrán siempre se ha preocupado por separar públicamente su gestión en la patronal de sus negocios, pero sus detractores aseguran que se sirvió de la CEOE para su propio interés. «La reforma laboral siempre avanzó al ritmo de sus intereses particulares», dicen éstos. «Pensó que podría parapetarse tras la CEOE y servirse de su posición ahí para establecer una red de contactos que le ayudasen a salvar sus negocios», añaden.

Aunque entre los que le defienden abundan los que elogian su gestión al frente de la patronal –«abrió las ventanas para renovar sus aires rancios», dice uno–, sus detractores aseguran que el hombre que le antecedió en el cargo y le nombró su sucesor, José María Cuevas, se arrepintió después de su elección. ¿Por qué entonces casi nadie alzó la voz en la patronal? «Sencillamente, porque la gente inteligente no quería líos y prefería no inmiscuirse en sus asuntos. Y los demás, sólo se preocupaban de conservar su puesto y su sueldo», asegura el antiguo miembro de la organización.

Galletas a las 8:30 y un «vis a vis» al mes

Gerardo Díaz Ferrán está en una celda normal, como cualquier otro recluso, en la prisión de Soto del Real, en Madrid. Los presos alojados en régimen común se levantan a las 8:00 horas y tienen media hora para asearse y arreglar la celda, porque a las 8:30 horas van al comedor a desayunar, generalmente cinco galletas, aunque a veces les dan bollería. Posteriormente, disponen de tiempo libre que pueden ocupar viendo la televisión, saliendo al patio, yendo al gimnasio o, incluso, jugando al ajedrez. A las 13:30 horas vuelven al comedor para hacer la segunda comida del día. Después, tienen hasta las 16:30 horas para echarse la siesta. Luego, esperan en la planta baja hasta las 20:30 horas, cuando cenan y vuelven a subir a la celda, donde se realiza uno de los varios recuentos previstos. Díaz Ferrán, al no haber decretado el juez su incomunicación, puede recibir visitas semanales. También disfrutará de un «vis a vis» mensual de cuarenta minutos, según fuentes del centro.