El soberanista Álvarez pide un frente popular contra la reforma laboral

El nuevo secretario general de UGT se impone por sólo 17 votos al candidato de la vieja guardia pese a su apoyo al «derecho a decidir»

El nuevo secretario general de UGT, Josep María Álvarez, saluda a a su antecesor en el cargo

El nuevo secretario general de UGT se impone por sólo 17 votos al candidato de la vieja guardia pese a su apoyo al «derecho a decidir»

Con nocturnidad y un escaso margen de 17 votos fue proclamado en la madrugada de ayer el sucesor de Cándido Méndez al frente de UGT. Pepe Álvarez, ex líder del sindicato en Cataluña, se impuso en una apretada elección al candidato del «oficialismo», Miguel Ángel Cilleros. Lo hizo con 306 votos a favor, lo que representa el 51,1% del respaldo de los delegados participantes en el 42 Congreso de la renovación que no es tal. Álvarez es un veterano dirigente sindical (tiene 60 años) que lleva incluso más tiempo al frente de la federación catalana (casi 26) que el propio Méndez como secretario general de UGT (22 años). Tras pasar los primeros 19 años de su vida en su tierra natal (Asturias), Álvarez se trasladó a Barcelona en busca de trabajo. En 1976 fue elegido responsable de Acción Sindical de UGT en su empresa, dedicada a la fabricación de trenes, y en 1980 se convirtió en secretario de Organización de la Federación del Metal. A partir de ese año asumió diversos cargos en el sindicato, hasta que en mayo de 1990 fue elegido secretario general en el VIII Congreso de UGT de Cataluña. Tampoco su equipo aporta savia nueva ya que la mayoría lleva lustros ocupando posiciones relevantes en las diferentes federaciones.

El resultado de la votación deja un sindicato abierto en canal por la defensa de Álvarez de la tesis de partida del soberanismo catalán: el derecho a decidir sobre la unidad territorial del país de una región española sin contar con el resto de españoles, algo que no contempla la Constitución y, por tanto, está fuera de la ley. Tan enconado ha sido el debate sobre esta cuestión que, en sus primeras declaraciones tras saberse ganador, Álvarez se felicitó de que UGT sea la primera organización española en la que «la catalanofobia no ha funcionado», en referencia a las críticas recibidas tanto de Méndez como de Cilleros durante el congreso.

Ante la posibilidad de que la «cuestión independentista» catalana lo impregne todo –como ha ocurrido en las negociaciones entre las diversas fuerzas de izquierda para formar Gobierno–, Cilleros, perdedor por un cuello, evitó la confrontación y aseguró que el sindicato sale reforzado tras el proceso de sucesión de Méndez. «A partir de ahora sólo hay un secretario y estoy a su disposición. He tenido una relación excelente con Álvarez, que tiene experiencia y capacidad», remarcó Cilleros, para quien el sindicato ha ofrecido una imagen de «súperunidad».

En su primer discurso como secretario general, Álvarez advirtió que aprovechará su cargo para «tender puentes entre Cataluña y España». «Hay que encontrar un encaje de Cataluña y de España y de otros pueblos de España que quieran». Pese a todo, dejó a un lado el asunto secesionista –«que no es un tema prioritario del sindicato»– para centrarse en cargar contra la Prensa, los poderes fácticos y otros fantasmas que huelen a alcanfor. Así, se apuntó a las teorías conspiranoicas según las cuales las fuerzas ocultas de la derecha han estado maltratando a los sindicatos. «Hubo una campaña de capital y de los poderosos para criminalizar el sindicalismo», manifestó.

Sin embargo, el grueso de su intervención sirvió para atacar al Gobierno y exigir a las fuerzas de izquierda que formen una suerte de frente popular para derogar la reforma laboral, la misma que la propia UGT ha estado aplicando en los despidos de decenas de sus trabajadores. «Que se dejen de tonterías y se pongan a trabajar. Que nos solventen los problemas porque hay mayoría de izquierdas», afirmó.

Contrarreforma

En este sentido, aseguró que si los sindicatos van a una negociación con la patronal con la actual legislación, «no vamos a ser capaces de levantar cabeza». Y es que, según Álvarez, la reforma laboral no permite las «condiciones de equilibrio» para poder negociar y conseguir un resultado «positivo» para los trabajadores. «No es capricho que se derogue la reforma laboral, lo podemos hacer» si las fuerzas de la izquierda llegan a un acuerdo. A su entender, la reforma laboral puesta en marcha por el Gobierno del PP «no sirve nada más que para pasar un rato con mucha hambre, porque los puestos de trabajo que se están creando no son sólo precarios sino absolutamente insuficientes para poder cubrir las demandas de los trabajadores».

En lo que respecta a la línea que mantendrá para regenerar el sindicato, que acusa una fuerte caída de afiliación y, por tanto, de pérdida de recursos, Álvarez subrayó que la nueva ejecutiva no será rupturistasino «continuista», se mostró muy crítico con la herencia recibida y se comprometió a regenerar el sindicato para reconvertirlo en una organización transparente «que dé a conocer todo aquello que hace, por qué lo hace y que dé explicaciones de cómo usa los recursos públicos».

Plan industrial para España

La apuesta del nuevo secretario general de UGT por la industria se plantea en contraposición a la actual «economía del viento», caracterizada por rachas favorables», como la bajada del precio del petróleo y los bajos tipos de interés del Banco Central Europeo (BCE). Estos aires también están presentes en países como Italia y Francia, entre otros Estados miembros de la Unión Europea, aunque, en estos casos, los resultados no son tan favorables.