El poder de las «tierras raras»

Su control garantiza el desarrollo tecnológico del país además de poder político y económico. Todos los países del mundo son conscientes de la importancia de participar en esta carrera

Su control garantiza el desarrollo tecnológico del país además de poder político y económico. Todos los países del mundo son conscientes de la importancia de participar en esta carrera.

Son el nuevo –o no tan nuevo– petróleo. Poseerlos es poder. Y los países que los albergan en sus entrañas lo saben. Las tierras raras o los minerales raros forman un grupo de 17 elementos de la familia de los lantánidos. Su gran capacidad de aplicación en la alta tecnología es indiscutible, y aunque países como Estados Unidos disponen de un 12 % de las reservas de estos elementos (incluso los tienen catalogados como metales de importancia estratégica desde 1981), China es el único país que ha apostado claramente por su exportación. En realidad, en ese país, procede de una mina, situada en la localidad de Baotou, en la norteña provincia de Mongolia interior, de la que se extrae la mitad del suministro mundial.

El resto procede de otras explotaciones del sur de China, así como de Rusia, India, Estados Unidos y Brasil. Con una producción de 120.000 toneladas anuales, este yacimiento chino amenaza con agotar sus recursos en 30 años. De modo que EEUU, que depende militarmente de estos minerales, ha empezado a estudiar la reanudación de las explotaciones que paralizó hace años por su alto coste. De la mina de Baotou proceden minerales raros como el neodimio, el lantanio, el europio o el erbio. Todo un tesoro que si estuviera en África sería objeto y objetivo de luchas y guerras por controlarlo. Buen ejemplo de esto es el coltán.

Para contextualizar, la guerra del coltán se refiere al conflicto bélico en la República Democrática del Congo, país que posee el 80% de las reservas globales de este mineral. El coltán es utilizado en prácticamente todos los aparatos electrónicos: teléfonos móviles, GPS, satélites artificiales, armas teledirigidas, televisores de plasma, etc. Hasta hace tres años, en el mundo se producía más cantidad de este metal dela que se consumía. En 2017, en cambio, algunos analistas advierten de que no habrá suficiente para cubrir la demanda. Este material es indispensable para grandes marcas como Tesla, que lo necesita para mejorar el rendimiento de sus automóviles eléctricos.

Solo Toyota necesita unas 10.000 toneladas de «tierras raras» al año para la fabricación de las baterías de sus coches. Está claro que el control por las «tierras raras» será el tema principal de debate en las relaciones diplomáticas de los próximos años.