Errores primerizos de los nuevos emprendedores

Decía el presidente de la CEOE, Juan Rosell, que iniciar una actividad empresarial es como un «via crucis», donde las dificultades son muchas. Si a esto se añade la poca capacidad del emprendedor para identificar los riesgos, lo más probable es que su proyecto nazca herido de muerte. Para minimizar los riesgos y no perder toda su inversión, lo mejor es poner en marcha un proyecto piloto, como hizo, por ejemplo, el fundador de Zappos, una tienda on-line de calzado. Este empresario, como no sabía si su modelo de negocio tendría una buena acogida, propuso a las zapaterías vender sus productos a través de su plataforma.

El invento funcionó e invirtió mucho más creando su propia línea de zapatos, hasta convertirla en la mayor tienda on-line de calzado. Éste es el ejemplo que expone Daniel Soriano, director del centro internacional de gestión emprendedora del IE Business School, para explicar que es «mejor experimentar antes de lanzarnos de lleno a la piscina». Dirigirnos en un primer momento a clientes menos importantes antes de vender nuestro producto a empresas más potentes es una buena forma de experimentar. No existe el momento perfecto para hacerlo, pero no debemos esperar demasiado porque el proyecto podría enfriarse hasta abandonarlo, opina Soriano. Otro de los consejos que da este experto es procurar que la plataforma que pongamos en marcha para darnos a conocer sea lo más sencilla posible, porque será más rápida de lanzar siendo esperable que el producto acabe evolucionando. Y una vez que el proyecto esté funcionando intentar no relajarse, siendo conservador en los gastos. Ser muy ejecutivo, en el sentido de no malgastar el tiempo y tomar decisiones rápidas, ayuda al buen desarrollo de la actividad emprendida.

No regalar y conseguir el primer cliente de pago, pone en valor lo que se está haciendo. «En cualquier caso siempre se puede decir al cliente que si no se alcanzan los objetivos no pague», aconseja Soriano.

Conservador en los inicios de su actividad fue el fundador de la franquicia líder de yogurt helado llaollao, Pedro Espinosa, cuando hace seis años empezó abriendo su primera tienda en Denia. Pronto le llegó el éxito y empezó a franquiciar hasta contar con 109 tiendas en España y 89 en el resto del mundo. En su caso, los errores que cometió en sus inicios fueron no conocer lo suficiente a los franquiciados, personas que no tenían el perfil adecuado para gestionar una tienda. De aquello aprendió a hacer una buena selección, a valorar que la formación debe ser continuada y a que a las franquicias hay que estimularlas.

Antes de salir al mercado es muy importante comprender qué quiere éste. Así lo entendieron Diego Goya y Marcos de la Cueva, fundadores de la «start-up» Billin, que gestiona el envío y recepción de facturas, cuando en 2014 surgió este proyecto. «La realidad nunca es lo que uno piensa, por eso fue fundamental hacer una prueba piloto, lo que nos permitió escuchar a los usuarios y cambiar el producto en base a lo que nos decían», explica uno de los fundadores.

«Los daños que las empresas han sufrido durante estos años de crisis se podrían haber minimizado si los nuevos emprendedores hubieran conocido los diferentes riesgos a lo que se expondrá la futura empresa, no con el ánimo de disuadirlos, sino con el objetivo de gestionar tales riesgos», explica Carlos Pavón, portavoz de IURE abogados. Desde su experiencia, este experto apunta como primer paso identificar correctamente los riesgos inherentes a la actividad que se pretende emprender, de forma que pueda planificarse, por ejemplo, una estructura societaria óptima que canalice tales riesgos. Cabe citar como error habitual en el inicio y desarrollo de cualquier actividad empresarial, la escasa utilización de los mecanismos que prevén nuestra normativa para la flexibilización del coste laboral y su adecuación al volumen de facturación.También nos podemos equivocar al contratar a alguien con pocas aptitudes para que no nos haga sombra, apunta Marta Díaz Barrera, fundadora de Talentoscopio. «Las prisas son malas consejeras, una mala selección y contratación, sale muy cara».