España pierde 1.000 millones de euros al año por el contrabando de tabaco

Hubo un tiempo en que España se convirtió en el principal punto de entrada de tabaco ilegal de Europa. Corría la década de 1980 y centenares de buques desfilaban por la costa gallega esperando su oportunidad para descargar las toneladas de cigarrillos ilegales que rebosaban en sus bodegas. Según datos de la propia Administración, Hacienda dejó de recaudar a principio de los años 80 alrededor de 10.000.000 millones de pesetas (60 millones de euros) por culpa del contrabando. 35 años después, el tabaco de contrabando ya no llega en barco. Lo hace a pie, por carretera o avión. Y Galicia ya no es el puerto de entrada, sino Gibraltar, Andorra y Canarias. Lo que no ha cambiado es el enorme perjuicio económico que el comercio ilícito de tabaco inflige a las arcas públicas.

Uno de cada diez paquetes de tabaco consumidos en nuestro país en el primer semestre del año no contaba con precinto fiscal español y, por lo tanto, estaba fuera de la ley, según la encuesta de Cajetillas Vacías elaborada por Ipsos, a petición de los principales fabricantes de tabaco. La cantidad, un 10,6%, es inferior a la registrada el ejercicio pasado por estas fechas, un 11,3%, y se trata de la cifra más baja desde 2012. Pese a ello, el contrabando sigue teniendo un importante impacto en la recaudación y supone una pérdida para las arcas del Estado de cerca de 1.000 millones de euros al año, según los datos facilitados por Altadis.

En nuestro país, el contrabando de cigarrillos ha pasado de representar el 3,9% en 2010 al 12,5% en 2014. Un crecimiento exponencial que tiene su explicación en el recorte del poder adquisitivo de las familias, como consecuencia de la profunda crisis económica que azota al país desde 2008, y que provoca que recurran a productos más baratos a la par que ilegales. «Hemos venido cayendo a doble dígito, entre un 10% y un 12%, en los últimos cinco años. El volumen de ventas ha caído, manejamos la mitad del volumen que antes de la crisis, el precio se ha duplicado y si a eso le sumas el contrabando nos encontramos con una situación muy complicada», explica Rocío Ingelmo, directora de Asuntos Corporativos y Legales de Altadis. En este periodo, también ha descendido el número de fumadores, concretamente a un ritmo del 2,8%. Sin embargo, la caída en las ventas no se corresponde con el número de fumadores que, ante las estrecheces económicas, ha optado por hábitos más saludables. Hay algo más y eso es el contrabando. «La caída en las ventas no sólo se corresponde con la caída en el número de fumadores, la gente ha buscado otras alternativas como el tabaco de liar y, sobre todo, el de contrabando», destaca Ingelmo.

Comunidades

Por comunidades autónomas, Andalucía y Extremadura se sitúan a la cabeza como las regiones donde más porcentaje del tabaco que se consume tiene orígenes ilícitos. En concreto, en el caso de la comunidad andaluza, el tabaco que no tributa en España ha pasado de representar el 38,6% de todo el consumo al 45,6%.Un porcentaje que se eleva al 80% en localidades como Algeciras o La Línea. Fronteriza con Gibraltar, el principal puerto de entrada a España de tabaco de contrabando, Andalucía perdió 796 millones de euros en 2014, 266 millones más respecto al ejercicio anterior, como consecuencia del comercio ilícito de cigarrillos. Un perjuicio económico que no sólo afecta al Estado, que recauda el 78% del valor de un paquete, sino que representa un duro golpe a la línea de flotación de fabricantes y estanqueros, que se reparten el 22% restante.

El otro punto caliente del contrabando de tabaco en nuestro país es Extremadura que el año pasado registró pérdidas derivadas de esta actividad por valor de 129 millones de euros, 57 millones más que en el mismo periodo del año anterior. De esa cantidad, la Junta de Extremadura dejó de ingresar 87 millones por la pérdida de recaudación fiscal al tener cedido, igual que el resto de comunidades autónomas de régimen común, el 58% del impuesto especial y el 50% del IVA de las ventas de tabaco. El resto, 42 millones, fue la pérdida economía estimada que el contrabando de cigarrillos ocasionó al sector, según los datos facilitados por Altadis.

Puntos calientes

«Aunque fumasen todos los niños y los simios de Berbería no podrían consumir ese tabaco». De esta forma se refirió el pasado mes de mayo el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García Margallo, al tabaco de contrabando procedente de Gibraltar. Y es que casi la mitad de los paquetes de origen ilícito que se consumen en España proceden del peñón (20%), Andorra (13,8%) y Canarias (5,3%). «La peculiaridad de España es que comparte frontera con zonas donde el precio del tabaco es más barato como son Andorra, Gibraltar y Canarias. La variación de precio oscila alrededor de los dos euros, se trata de una diferencia significativa», apunta la directora de Asuntos Corporativos y Legales de Altadis. Una cantidad que, en muchas ocasiones, es la que marca la diferencia a la hora de acudir a un estanco a comprar un paquete de tabaco o no hacerlo.

Pese a lo que pueda parecer, el tabaco de contrabando que se introduce en el mercado no proviene sino de los propios fabricantes. Son las denominadas «ilicit whites», marcas que fabrican los cigarrillos legalmente en un país y que los comercializan ilegalmente en otros. Una práctica, que ya alcanza el 37% del consumo total de tabaco de contrabando en la Unión Europea, y que inunda pequeños mercados, como pueden ser Gibraltar o Andorra, de tabaco para su posterior distribución clandestina. «El tabaco de contrabando se caracteriza por ser tabaco genuino, es decir, hecho por los fabricantes. Ha habido una serie de marcas no muy conocidas, que tienen muy poca cuota de mercado legal, pero que tienen un papel cada vez más relevante en las cifras de contrabando», señala Rocío Ingelmo. Las marcas Ducal, propiedad del fabricante luxemburgués H. Van Landewyck, y American Legend, de la griega Karelia Tobacco, suman un tercio de los paquetes ilegales consumidos en nuestro país. Ante este fenómeno, lo que las compañías tabacaleras reclaman es, además de un marco fiscal estable, un mejor comportamiento ético por parte de aquellos fabricantes, con ek fin de que acaben con las malas prácticas que ensombrecen la imagen del sector. «Los fabricantes deben vender en los mercados lo que se cree que se va a consumir en ese mercado», concluyen desde Altadis.