España y diez socios de la UE impondrán una tasa a la banca

En «próximas semanas» decidirán el porcentaje que se aplicará a las transacciones financieras

Oli Rehn y Michael Noolan (izq.) charlan con los ministros de Economía de Dinamarca y Portugal
Oli Rehn y Michael Noolan (izq.) charlan con los ministros de Economía de Dinamarca y Portugal

Después de varios años en barbecho, los ministros de Economía de la Unión Europea dieron ayer luz verde, al fin, a la creación de una tasa sobre las transacciones financieras, un proyecto que han defendido con ahínco Alemania y Francia. Aunque la propuesta de la Comisión era aplicarlo en toda la Unión Europea, sólo once países han decidido unirse a la aventura: Alemania, Portugal, Francia, Grecia, Eslovenia, Bélgica, Austria, Estonia, Italia, Eslovaquia y España. Ayer, en el marco del Ecofin, el conjunto de los estados miembros europeos tenía que dar luz verde a esta nueva cooperación reforzada de un grupo de países que han decidido ir más allá en la integración. Reino Unido, que tiene el mayor sistema financiero de la UE, República Checa, Malta y Luxemburgo se abstuvieron en la votación para poner en marcha esta iniciativa que busca frenar la especulación y hacer que la banca asuma parte de los costes de la crisis.

«Hoy es un hito en la historia fiscal mundial. Por primera vez, la tasa a las transacciones financieras se aplicará a nivel regional», celebró el comisario de Fiscalidad, Algirdas Semeta. «Un bloque que representa alrededor de dos tercios del PIB de la UE aplicará esta tasa conjuntamente, respondiendo al llamamiento que sus ciudadanos realizan desde hace tiempo. Y al hacerlo allanan el camino para que otros hagan lo mismo», agregó.

Dudas para aplicarla

Aunque la mayoría de los países comprometidos se han mostrado interesados en seguir la propuesta hecha por la Comisión Europea, aún quedan dudas sobre su aplicación, como por ejemplo a qué dedicarán los países la recaudación de la misma, pues Bruselas había planteado que el dinero fuese a parar a las arcas comunitarias, reduciendo la contribución nacional del Estado en cuestión. Sin embargo, Alemania se ha mostrado decidida a que el dinero que consiga vaya al presupuesto germano. En principio, el objetivo de esta tasa es tratar de frenar las operaciones más especulativas y hacer que la banca asuma parte de los costes de la crisis.

Según la propuesta original de la Comisión, pensada para los 27, la tasa gravaría con un tipo del 0,1% las compraventas de acciones y bonos y con un tipo del 0,01% las de derivados. Semeta explicó que, a partir de ahora, «la Comisión Europea reaccionará rápidamente respecto a la luz verde dada a la decisión y presentará una propuesta en próximas semanas. Luego serán los estados miembros los que tendrán que tomar cartas en el asunto y decidir cuál es el porcentaje definitivo del impuesto». La nueva tasa generaría, según cálculos preliminares, unos ingresos de 55.000 millones de euros al año en toda la UE (unos 37.000 millones en los países en los que se aplicará inicialmente).

Los estados que se han opuesto a su creación alegan que se trata de una iniciativa ineficaz y que, además, provocará la deslocalización de la industria bancaria fuera de la UE. Reino Unido y Luxemburgo temen que la medida les perjudique directamente mientras que Holanda, aunque no se sumó a la iniciativa, mostró un gran interés por unirse en el futuro. El acuerdo se ha adoptado bajo el procedimiento de cooperación reforzada (cuando la apoyan un mínimo de nueve países siempre que el resto de la UE, por mayoría, les dé el visto bueno), la primera de este tipo en el ámbito de la fiscalidad, informa Efe, por lo que los demás estados miembros se podrán «subir a bordo cuando lo deseen», según comentó el comisario.