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Industrias contra la «España vaciada»

  • Industrias contra la «España vaciada»

Tiempo de lectura 8 min.

08 de abril de 2019. 10:04h

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Óscar Reyes.  9/4/2019

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En los pueblos españoles la vida se ha vuelto cada vez más complicada porque no hay trabajo y la gente se va. En esas zonas se podría decir que amanece que no es poco, como el título de la película de José Luis Cuerda, en la que un maestro respondía que no era buen profesor sino «rural, nada más». La palabra rural enmarcaba una serie de adjetivos, sobre todo vinculados con la bondad y la sencillez. Calificativos que la modernidad ha denostado porque se cree que el bueno es tonto y el sencillo un cateto. Así que muchas personas han decidido huir de esa imagen pueblerina para refugiarse en la picaresca y la complejidad de unas ciudades que tienen mejores servicios y más oportunidades laborales, pero que se masifican a mordiscos hasta que acabemos como los ratones de «Universo 25», suicidando a su propia sociedad. Por eso, el problema de la despoblación no sólo implica a los pueblos, y es más serio y urgente de lo que parece. Se necesita atraer gente de nuevo a las zonas rurales para reequilibrar la población y para no perder los valores primigenios de la humanidad. Pero la pregunta que se hace toda España es:

¿Cuál es la solución?

Lo que está claro es que no será de un día para otro porque para eso se necesitaría un salvador y ni está ni se le espera. «Va a ser difícil que llegue un mirlo blanco, compañías que decidan introducirse en estos lugares», asegura Joaquín Alcalde, director de El Hueco, que se autodefine como «un ecosistema para el fomento del emprendimiento, la puesta en marcha y el desarrollo de iniciativas empresariales» y está situado en Soria. Se trata de una de las iniciativas que intenta dar vida a lo que se llama «España vaciada», pero lo cierto es que el alcance de este tipo de proyectos es reducido, y en realidad, hace falta «un pacto de Estado», añade Alcalde, porque estamos ante un «problema de estado».

La tarea del conjunto de las administraciones públicas pasa, por encima de todo, por promover industrias que echen raíces en las zonas despobladas para crear puestos de trabajo y, por ende, un atractivo para residir en ellas. Siempre teniendo en cuenta «que cada territorio tiene su posible solución y que suele ir orientada a la explotación de los recursos no utilizados del lugar», mantiene Luis de Cristóbal, creador del concepto de la «think thank» (Re)Pueblo, cuyo objetivo es repoblar Gredos.

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Renovables: Bastantes expertos han señalado que parte de la solución a la despoblación pasa por las renovables pues, precisamente, aprovechan los recursos naturales y requieren de personal para su funcionamiento y para su mantenimiento. Por lo tanto, es una oportunidad que la España rural no puede desaprovechar. Más cuando las propias empresas del sector energético han asestado un duro golpe a estos lugares con el cierre de las minas de carbón y de las centrales térmicas, un destino inevitable a causa de la transición ecológica.

El municipio terolense de Utrilla resulta el mejor ejemplo. Pertenece a la Cuenca Minera y la minería ha sido una de las actividades que ha cimentado la economía y el mercado laboral de la zona. Con la clausura del carbón, han decidido ponerse las pilas y han incentivado la instalación de renovables en el término municipal para evitar su despoblación, que les ha llevado a perder un 12,4% de sus ciudadanos desde 2009, hasta ser 2.970, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Otro buen ejemplo de que las fuentes limpias pueden ser una alternativa la encontramos en El Carpio de Tajo (Toledo), donde el pasado mes de febrero se inauguró una planta fotovoltaica de casi 150.000 módulos solares y que durante su desarrollo ha creado 150 empleos. Una cifra ridícula para muchas ciudades, pero reseñable para esta localidad, que desde 2015 ha perdido más del 8% de su población hasta situarse en las 1.872 personas. En el caso de Gredos, De Cristóbal comenta que detectaron que el recurso natural sin explotar ha sido el bosque. De ese modo, han apostado por aprovechar la energía renovable forestal y la biomasa.

Tecnología: Por otra parte, los prejuicios nos han llevado a pensar que la tecnología es urbanita. Y es verdad que los datos dan argumentos para creerlo porque en el ámbito rural hay más de 5 millones de personas sin conexión a internet, según la multinacional de las telecomunicaciones Eurona. Pero esto viene dado por una dejadez de las autoridades y no porque lo rural no pueda ser digital.

De hecho, en otros países del mundo los pueblos son la sede de las compañías tecnológicas. Alcalde sostiene que «en Finlandía han sido innovadores y ahora en Laponia hay municipios pequeños con empresas de software». Porque si algo salva la tecnología son las distancias y no hace falta estar en Madrid para ser competitiva como compañía.

Internet, sin el que una inmensa parte de la población no se imaginaría, puede ser una de las claves para luchar contra la despoblación. Además, Luis de Cristóbal afirma que la conexión vía satélite a día de hoy no es cara. Ésta permitiría que los profesionales de determinados servicios se deslocalicen y se vayan a zonas rurales a teletrabajar, ya sea por iniciativa propia o por iniciativas de responsabilidad corporativa de sus empresas.

Logística: Los pueblos son lugares con carencias. Y como se sabe, precisamente cubrir estas lagunas se puede convertir en buenas oportunidades de negocio. Los creadores de la empresa La Exclusiva identificaron que había pueblos de Soria que estaban muy alejados de la capital de la provincia en términos logísticos, así que decidieron desarrollar esta compañía que reparte a alrededor de 520 localidades productos que no pueden encontrar en las tiendas de sus municipios.

En las zonas rurales viven millones de personas con las mismas necesidades que las urbanitas. Y si la logística ha resultado uno de los sectores más relevantes para la vida en las ciudades modernas, también lo es en los pueblos, donde incluso tienen más dificultades para acceder a ciertos productos. Por lo tanto, las empresas de logística tienen un nicho que cubrir en estos lugares, instalando sus centros de distribución y sus redes de transporte. El beneficio sería doble para la rentabilidad de la compañía y para las sociedades que las acojan.

Sanidad: España en conjunto tiene un grave problema de natalidad, pero que es aún más acuciante en las zonas rurales, donde se encuentran en mínimos históricos. De esta manera, se ha revertido completamente la coyuntura tradicional, pues antes en el campo se registraban más nacimientos que en las ciudades. La consecuencia se nota en el envejecimiento, que en las áreas despobladas crece a pasos agigantados. Por ello, Alcalde cree que uno de los sectores que se debe potenciar en la «España vaciada» es el dedicado a los cuidados de las personas mayores.

Las residencias para ancianos representan una buena opción de empleo para el personal sanitario, así que abrirlas en las zonas rurales se presenta como alternativa a la despoblación. Y en Castilla-La Mancha se han aplicado el cuento con la apertura reciente de cuatro residencias, lo cual se repitió a finales del año pasado en Extremadura, donde el presidente de la Comunidad, Fernández-Vara, admitió que estas infraestructuras cubren las necesidades de los ancianos y, a su vez, dan empleo a los jóvenes.

Turismo: La industria más relevante de toda España, el turismo, se ha olvidado en buena parte de las zonas rurales en su fijación por la costa y por las grandes ciudades. De esa manera, el patrimonio con el que cuentan los pueblos de nuestro país (uno de los más ricos de todo el mundo) ha pasado a las sombras de un sector que, ahora, puede jugar un papel clave para encauzar la repoblación.

Gastronomía, tradición, monumentos, rutas naturales... España cuenta con un paraje de interior muy particular y que todavía no se ha explotado del todo. El establecimiento de puntos de información, la inauguración de hoteles y casas rurales, y la creación de oficinas para atraer turistas. Esta industria es capaz de desarrollar miles de puestos de trabajo y, además, de conseguir que el gasto en las zonas rurales se dispare. Y éste es un buen momento para apostar por ese turismo de interior, pues quienes nos visitan ya no están tan focalizados en el sol y en playa, y buscan otro tipo de experiencias.

Ganadería: Repoblar exige no sólo buscar nuevas industrias, sino también tener cuidado con las tradicionales, como la agroalimentaria, que tantas alegrías da a España en el sector exterior. En este sentido, hay que acabar con los excesos de la ganadería. Alcalde señala que «bajo esa necesidad tan perentoria de tener población nos ha valido casi cualquier proyecto. Y entiendo que la ganadería intensiva tiene que buscar su rentabilidad y la consecuencia es que cada vez sean mayores las explotaciones. Pero debe vigilar el impacto ambiental y, además, España no se puede convertir en una gran granja de cerdos o vacas. A nadie le gustaría vivir al lado de 20.000 cabezas de porcinos».

El problema de la despoblación, curiosamente, en buena parte es consecuencia de las circunstancias que nuestro país vivió durante el siglo XX. La Guerra Civil y la dictadura retrasaron el desarrollo del tejido industrial del territorio y, aún a día de hoy estamos a la cola en este sentido respecto a otras regiones europeas.

La industria sigue siendo cosa de las ciudades, mientras que si ya estuviese extendido a los pueblos podría haber sido un medicamento contra la despoblación en el mundo rural. Pero la esperanza está en un «ilustrativo ejemplo», explica Alcalde, «el de Escocia, donde hace más de 50 años hubo un pacto político que aquí reclamamos para diseñar las estrategias de repoblación del norte del país. Lo lograron y ahora tienen los mismos niveles de población que antes del éxodo a las ciudades industriales».

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