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La inyección de liquidez evitó el colapso de Europa

La quiebra obligó a la UE a rearmarse a toda prisa para impedir el contagio y salvar el euro.

  • La inyección de liquidez evitó el colapso de Europa
Bruselas.

Tiempo de lectura 4 min.

15 de septiembre de 2018. 17:18h

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Mirentxu Arroqui.  Bruselas. 14/9/2018

El aleteo de una mariposa en Hong Kong, puede desatar una tempestad en Nueva York. Así lo asegura el denominado “efecto mariposa” que surge de la teoría del caos referida a fenómenos físicos. Hace diez años, la quiebra de una entidad financiera en Wall Street causó la debacle del sistema financiero europeo, debido a la fuerte exposición a la banca de inversión estadounidense. Los estados europeos salieron en tromba a inyectar dinero público a las entidades financieras por miedo a que se llevaran adelante todo el sistema económico. Pero los efectos inmediatos quizás no fueron los más devastadores. El aleteo de la mariposa de una gran crisis de liquidez en los mercados financieros coincidió con el estallido de la burbuja inmobiliaria en países como Irlanda y España que trajo consigo un paro masivo y el debilitamiento de las finanzas públicas con el aumento del déficit. Ese aleteo de la mariposa también coincidió con el reconocimiento por parte de Grecia de que había falseado durante años sus números para entrar en la moneda única y que su déficit público real triplicaba el conocido hasta el momento. Pero esto no termina aquí, la mariposa siguió aleteando. La crisis financiera se reconvirtió en crisis de deuda ya que Grecia puso de manifiesto el pecado original de la moneda única: la ausencia total de mecanismos comunes para hacer frente a la crisis. El nobel de Economía, Paul Krugman, llegó a proclamar que el euro no debería haberse creado, al menos no de manera tan endeble. “Cuando los economistas estadounidenses nos decían que la moneda única no podía funcionar, no les hicimos mucho caso. Sólo invitábamos a las charlas a uno que nos daba la razón. Pero ahora nos hemos dado cuenta de que estaban en lo cierto”, reconocía una alta fuente diplomática fuera de micrófono en los peores momentos de la crisis.

La Comisión Europea ni siquiera tenía poderes para auditar de manera directa las cuentas de un país si empezaba a sospechar que los números no cuadraban. Ante esta falta de mecanismos comunes, los mercados financieros empezaron a oler la sangre. Castigaron fuertemente en los parqués a las economías periféricas del euro que empezaron a tener problemas para financiarse en los mercados de deuda.

Fue necesario improvisar mecanismos sobre la marcha: primero se creó un fondo ad hoc para Grecia a través de préstamos bilaterales y después otro común esbozado de manera temporal. El fondo temporal dio paso a uno permanente que amplió su menú para poder rescatar a entidades financieras, evitando una intervención total. Una opción estrenada por España. El corralito, fue inaugurado por Chipre. Los resultados han sido desiguales. Grecia ha sufrido tres rescates( tras estar a punto de ser expulsada de la eurozona) el último de ellos clausurado en el mes de agosto y se encuentra endeudada hasta las cejas y con una pérdida de su PIB del 25%; Portugal e Irlanda España y Chipre se han recuperado mejor, pero con heridas. La austeridad dictada por Berlín y Bruselas tiene defensores pero también muchos detractores.

Toda crisis necesita su mesías.El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, se ha convertido en uno de los grandes salvadores de la moneda única y por, ende, de la UE. “El BCE está dispuesto a hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente”, afirmó el 26 de julio de 2012 . Desde entonces, la entidad financiera se adentró en un terreno desconocido y transitó la misma ruta de la Reserva Federal Estadounidense que se había puesto manos a la obra mucho antes. Las políticas expansivas aún perduran y nos encontramos en el momento de ponerles fin de manera paulatina con el ojo puesto en el sucesor de Draghi.

Mientras, se han dado pasos para prevenir futuras crisis: los bancos europeos se encuentran más capitalizados, el BCE se ha convertido en supervisor único para bancos sistémicos, se ha creado un mecanismo europeo de resolución de entidades financieras para evitar que los contribuyentes tengan que salir al rescate de los bancos (estrenado por España en el caso del Banco Popular) Bruselas ha intentado separa el negocio de la banca de inversión de la tradicional y las economías periféricas se han visto obligadas a realizar ciertas reformas económicas dictadas desde la capital comunitaria. También ha empezado a darse más énfasis no sólo a los números de déficit si no al análisis de los denominados desequilibrios macroeconómicos entre las economías del euro.

Pero aún falta mucho por hacer: no hay eurobonos, ni un Tesoro Único europeo, ni un sistema de garantía de depósitos común, ni un salvavidas que respalde al fondo único de resolución, ni un fondo ad-hoc para la zona euro que mantenga la inversión en momentos de crisis. El debate se encuentra estancado y el ímpetu del presidente francés, Emmanuel Marcon, no resulta suficiente para lograr acuerdos. ¿habrá un nuevo aleteo de mariposa?¿ una nueva tempestad? Todo indica que sí. Y que la UE ha aprendido algunas lecciones, pero no las suficientes.

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