Más alimentos españoles por el mundo

La creciente demanda de productos españoles ha situado a nuestro sector alimentario como uno de los principales motores del crecimiento de las exportaciones. La apertura de mercados externos como el de China, ofrece nuevas oportunidades para seguir avanzando

Las exportaciones agroalimentarias, principal motor del comercio exterior español
Las exportaciones agroalimentarias, principal motor del comercio exterior español

La creciente demanda de productos españoles ha situado a nuestro sector alimentario como uno de los principales motores del crecimiento de las exportaciones

En las próximas semanas, los mercados chinos podrán vender por primera vez melocotones y ciruelas procedentes de España. Esta novedad no sería más que una anécdota si no fuera porque China es un país muy exigente en materia fitosanitaria y conseguir su autorización para exportar fruta cuesta años de negociación. De hecho, la venta de fruta española a China sólo pudo arrancar en 2014, comenzando por los cítricos, pero ahora se amplía a dos frutas de hueso en las que España es una potencia mundial. En el caso del melocotón, hay una ventaja adicional, pues se trata del primer país autorizado para exportarlo.

La progresiva apertura del mercado chino a la fruta española no sólo es un reto para los productores, por la dificultad de llevar un producto fresco al otro lado del mundo, sino también un hito para el comercio exterior de España, pues el acceso a un nuevo mercado tan grande como el chino pone de manifiesto la fortaleza exportadora del sector agroalimentario y abre nuevas oportunidades de expansión.

La venta de más fruta a China es un nuevo factor que contribuirá a que las exportaciones agroalimentarias españolas sigan siendo uno de los principales motores de crecimiento del comercio exterior. El sector encadena seis años de incremento de las ventas al exterior, hasta alcanzar en 2015 un total de 44.065 millones de euros, un 7,5% más que el año anterior. Y de enero a abril de este 2016 ya suma un 4,6% más que en el mismo periodo de 2015. Además, crece a un mayor ritmo que el global de las exportaciones, de modo que ha conseguido incrementar su peso hasta el 17,6% del total, tres puntos y medio más que en 2007.

La Unión Europea es, con diferencia, el mayor destino de las exportaciones agroalimentarias españolas, pues acapara el 75,2% del mercado. Si se suma el resto de Europa, se llega casi al 80%. Las ventas a Asia y América son minoritarias, pero están ganando protagonismo en los últimos años.

Junto a la subida de las exportaciones, el sector agroalimentario también está experimentando un constante aumento del número de empresas exportadoras. El año pasado ascendieron a 18.194, un tercio más que antes de la crisis.

Las cifras alcanzadas en el último año «confirman la buena salud de la que goza el sector», señala el director general de la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB), Mauricio García de Quevedo. «Nuestros productos son apreciados y demandados en el mundo cada vez más».

Gabriel Trenzado, director de Asuntos Internacionales de Cooperativas Agro-alimentarias, explica que las exportaciones han sido «el camino natural para compensar la pérdida de un millón de consumidores en España desde el inicio de la crisis, pero es un camino que ha venido para quedarse». Como ejemplo, apunta que casi un tercio de la facturación de las cooperativas procede ya de la actividad exportadora.

En su opinión, la clave del crecimiento de las exportaciones agroalimentarias está en que «las empresas exportan mejor, hacen unos planes estratégicos más a largo plazo y son más resilientes a los problemas que puedan encontrarse». «El mercado exterior –añade Trenzado– no sólo aporta un mayor valor añadido, sino que te obliga a innovar, porque tienes que adaptarte a los gustos o los formatos de los consumidores de destino, y esto solo se consigue con estrategias a largo plazo».

¿Hay capacidad para seguir creciendo? El sector está convencido de ello. «Existe un importante margen de crecimiento y nuestros esfuerzos están enfocados hacia ahí», asegura el director general de FIAB, quien añade: «Las cifras son positivas, pero, lejos de conformarnos, nuestros esfuerzos pasan por afianzar nuestra posición en el mercado global y ayudar a las empresas, en especial a las pymes, a ganar una mayor dimensión que le otorgue la confianza para emprender el camino de la internacionalización».

En el caso de las cooperativas, requiere más integración. «Lo que nos requiere el mercado es estar más integrados, porque hay que afrontar proyectos más ambiciosos, y la dimensión de nuestras empresas sigue siendo muy reducida para el reto que nos plantean las grandes inversiones en innovación e internacionalización», afirma Trenzado. Además, considera necesario avanzar hacia productos de mayor valor añadido: «Seguimos siendo grandes exportadores en materias primas, se sigue exportando mucho a granel, pero hay que tender a productos más transformados, donde el valor añadido o el origen puedan aportar un plus a los mercados a los que se quiere llegar».

García de Quevedo también asegura que hay que «seguir profundizando en aprovechar el valor de España como marca para consolidarnos entre los consumidores del mundo. La producción española de alimentos y bebidas es un referente de una mayor y mejor calidad de vida y este hecho diferencial es un potencial de crecimiento respecto a nuestros competidores».

El sector no teme cambios importantes si Reino Unido lleva adelante su salida de la UE y confía en su capacidad de adaptación. «Aunque sea un país tercero, es un país con una seguridad jurídica grande, donde los mercados se conocen muy bien. Si hay algún impacto, esperamos que sea mínimo», asegura Trenzado.