Ofrecer ilusión y confianza a los autónomos

La Razón
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La crisis que lleva cinco años golpeando duramente a la sociedad española –y especialmente a los autónomos– no se centra sólo en los aspectos económicos o en el empleo. También está impactando en nuestra capacidad de mantener la ilusión y la confianza en el futuro, algo que considero muy grave por cuanto, si se agota la esperanza, puede provocar en muchos autónomos que están aguantando a duras penas esta dura situación la tentación de arrojar la toalla. Quizá la nueva ley de emprendedores no consiga que los autónomos vendamos más ni que, de la noche a la mañana, logremos más clientes. Pero sí estoy convencido de que estas medidas llegan en un momento crucial para contribuir a devolvernos esa ilusión y esa confianza que estábamos perdiendo. Me alegra comprobar cómo ya se van entendiendo cosas que he repetido en multitud de ocasiones: que la recuperación de nuestra economía depende de los autónomos y de la facilidad que tengamos para emprender iniciativas. Era imprescindible despejar el camino, eliminar las piedras que nos impedían avanzar, podar la maraña de espinos donde se enredaban tantas personas con ganas de crear una nueva actividad o con dificultades para mantener un negocio. Eso es lo que, creo, viene a hacer esta ley.

Pienso que las nuevas medidas pretenden –de una vez– facilitarnos nuestra labor como generadores de riqueza y de empleo y, por eso, mi impresión es que van bien encaminadas. Hasta ahora, la excesiva burocracia, las elevadas cargas y costes que nos imponían, la estigmatización del emprendedor que fracasaba como si hubiera cometido un delito, las dificultades para volver a levantar cabeza cuando las cosas nos iban mal, el tener que responder de un cierre con todo nuestro patrimonio, la incongruencia de tener que financiar al Estado tributando por el IVA de facturas no cobradas, las cotizaciones que soportábamos en situaciones de pluriactividad, ...todo ello impedía la generación de nuevos negocios u obligaba a muchos autónomos a echar el cierre, máxime cuando a estos problemas se sumaba la escasa actividad, la falta de financiación y la morosidad pública y privada. La ley de emprendedores nos devuelve seguridad, nos ofrece mayor protección y responde a viejas reivindicaciones que veníamos haciendo desde la organización que presido.

Esto no quiere decir que todos los problemas estén resueltos. Ni siquiera que esta ley no admita mejoras, no hay nada perfecto en la vida. La nueva norma entra en periodo de consultas y luego se remitirá al Congreso para su tramitación parlamentaria, por lo que tenemos tiempo y espacio para ayudar entre todos a perfeccionarla. Hay aspectos que se pueden introducir como, por ejemplo, que se apliquen a todos los nuevos autónomos sin distinción de edad las ventajas en cotizaciones que recientemente se han aprobado para los emprendedores menores de 30 años. Si una medida está teniendo éxito, ¿por qué no extenderla? Y, en este sentido, me gustaría hacer un llamamiento a los grupos parlamentarios para que trabajen en aras de lograr el mayor consenso posible cuando sea el momento de aprobar definitivamente esta ley tan importante para la economía del país. A los que cada mañana abrimos y cerramos las persianas de España, nos gustaría que la ley de emprendedores lograra el apoyo unánime de las cámaras, como el que alcanzó el Estatuto del Trabajo Autónomo y otras leyes que nos atañen. Creo que los emprendedores y el país se lo merecen.