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Pía Sánchez: "Las mujeres tenemos una sensibilidad especial para tratar a los animales"

La presidenta de la Federación Española de la Dehesa asegura que no le gusta ver cómo tratan los hombres al ganado.

La presidenta de la Federación Española de la Dehesa asegura que no le gusta ver cómo tratan los hombres al ganado.

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Si en este país a cualquier persona le cuesta cambiar de sector, más a una mujer y más aún si al que se mueve es a uno tan históricamente masculino como el de la ganadería. Eso no impidió que Pía Sánchez, tras dedicarse toda la vida a la banca, salvo un paréntesis de cuatro años en el que fue diputada en el Congreso Nacional por el PP, decidiera abandonarlo todo para dedicarse a su pasión: el campo. Y lo hizo con tanta vehemencia como para ocupar, poco después, la presidencia de la Federación Española de la Dehesa. Vamos, que ha logrado hacerse visible en un mundo donde la visibilidad femenina era mínima «más bien nula –me corrige–. Absolutamente nula».

–¿Siempre le interesó el campo?

–Siempre estuve interesada en el ámbito agrario-ganadero, porque teníamos una finca familiar que mal llevaba yo, compaginándola con mi trabajo en la banca. De hecho, en el Congreso fui portavoz adjunta de la comisión de agricultura. Así que ya me decantaba por el ámbito de lo rural, que me gustaba mucho de siempre.

–Y una vez en el medio rural, ¿cómo se adaptó? ¿No echa de menos la vida de la ciudad?

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–Me siento muchísimo mejor. Feliz por primera vez en mi vida. Prefiero mil veces estar con la gente sencilla, de campo, a la que le brilla la mirada, que con la gente ejecutiva de los despachos de los políticos o de no sé qué, porque yo creo que le falta todo. De verdad. A mí me encanta la naturaleza y me ha dado mucha libertad vivir la opción que vivo ahora. Yo puedo estar en casa ahora esperando tu llamada y puedo estar dentro de media hora en el campo, porque tengo cosas que hacer allí y quiero salir a ver el ganado que la semana que viene llevamos de trashumancia a los montes de Palencia... Vivir como vivo me hace ser dueña absoluta de las 24 horas del día. Eso no tiene precio.

–Ya. Pero tampoco conlleva unos ingresos muy seguros.

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–Es verdad que la contraprestación es la inseguridad económica. Pero te haces consciente de lo poquísimo que se necesita para vivir. Del resto, nos convence la sociedad en la que vivimos de que es necesario. Cuando se suprime, como hice yo, que pasé de una situación económica muy desahogada, porque era la directora comercial de zona de un banco y ganaba mucho dinero, a una situación de inseguridad absoluta en la que si trabajo gano el dinero justo para vivir aunque no para más, te das cuenta. De hecho, de los tres hijos que tengo mayores, dos están trabajando en un restaurante en el sur de Inglaterra para poder pagarse sus estudios...Y creo que eso está fenomenal. Es una enseñanza de vida que los niños tengan que trabajar y aprendan el valor del dinero, que antes desconocían, porque lo tenían todo muy fácil. Ahora saben lo que valen las cosas y aprecian lo que tienen.

–¿Y usted?

–Yo aprecio muchísimo más lo poco que necesito. La libertad para mí es el mayor valor que tengo en la vida.

–Es usted presidenta de la Federación Española de la Dehesa. ¿Qué hace esta entidad?

–La Federación agrupa 28 organizaciones del mundo de la Dehesa, con las que intentamos cubrir todos los eslabones de la cadena, que van desde el sector más primario, sobre todo el sistema ganadero, hasta la puesta en el mercado de los productos a través de las Cooperativas Agroalimentarias de Andalucía.

–Además forma parte de Ganaderas en Red, ¿qué es?

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–Es una plataforma de mujeres ganaderas de toda España, muy activa, donde nos relacionamos a través de una App de móvil que se llama Slack. Un grupo que no solo aporta visibilidad a la mujer ganadera o pastora, la mujer rural, sino también la sensación de que tenemos un vínculo entre nosotras que es real, que nos da ánimos, apoyo, nos hace compartir las dudas y las inseguridades y sentirnos más fuertes. Creo en el mundo asociativo en general. Y nuestra unión nos sirve para hacernos más visibles y para decirle a la sociedad que nosotras también tenemos que aportar cosas en ese ámbito que los hombres no dan porque tienen cualidades diferentes.

–¿Cuáles son las de ellas?

–Somos muy emprendedoras en general en todos los ámbitos y en el ganadero también. Siempre estamos buscando formas nuevas de hacer las cosas que ayuden a mejorar. Nos interesan más las mejoras técnicas que se están implementando en el mundo, en el manejo de la recuperación de los suelos degradados. Pensamos más en global en el planeta o en el cambio climático. Somos menos reticentes a la hora de valorar todo eso y somos muy proactivas en ese ámbito.

–¿También tratan de manera distinta a los animales?

–Creo que tenemos una sensibilidad, no quiero decir mayor que los hombres, porque hay muchos que tienen una enorme sensibilidad hacia los animales, pero sí diría que más maternal. Y luego nos da pena matar a un animal. Nada más tienes que ver el mundo de la caza. El porcentaje de mujeres cazadoras es tremendamente inferior al de los hombres. Hay muchos hombres a que les dices esto y se llevan las manos a la cabeza, pero la realidad se impone: los cazadores son mayoritariamente hombres.

–¿A ellos les cuesta más tratar a los animales con cariño?

–Cuando empecé a trabajar con las ovejas intentaba llevar el rebaño con cariño y cómo me encanta cantar, me puse a cantar como Heidi. Y mi marido me dijo: «Como te oigan los pastores y la gente que tenemos trabajando en el campo van a decir que estás tonta». Ellos iban con una vara, arreando para obligarlas a pasar por determinados sitios. Y mi experiencia personal es que no es necesario. Con un buen perro y entrenándolos con una voz, los animales obedecen. Y yo no soy una excepción: en Ganaderas en Red todas somos iguales. Tenemos una sensibilidad especial para tratar a los animales. Me gusta mucho la ganadería desde el punto de vista femenino y nada desde el masculino. No me gusta ver cómo tratan los hombres a los animales, cómo desprecian tantas veces la sabiduría ancestral y lo arreglan todo con antibióticos, vacunas y químicos. Hay excepciones, pero hablando en general, es así.