Europa

Rato defiende su labor en Bankia y ve un complot del Gobierno para encarcelarle

El ex vicepresidente del Gobierno Rodrigo Rato ha defendido hoy su política económica y ha lamentado que Zapatero abandonara las reformas estructurales e ignorara las advertencias del FMI.

Rodrigo Rato
Rodrigo Rato

El ex vicepresidente del Gobierno Rodrigo Rato ha defendido hoy su política económica y ha lamentado que Zapatero abandonara las reformas estructurales e ignorara las advertencias del FMI.

A la comparecencia de Rodrigo Rato en la Comisión de Investigación de la crisis financiera y programa de asistencia del Congreso de los Diputados, no le ha faltado de nada. Era la más esperada de todas porque en Rato se ha querido representar la imagen de la quiebra de las cajas de ahorros. El que fuera entre los años 2000 y 2012 vicepresidente del Gobierno, ministro de Economía y Hacienda, presidente de Caja Madrid y Bankia y director gerente del Fondo Monetario Internacional defendió su gestión contra viento y marea, arremetió contra el PSOE (por quitar las provisiones anticíclicas), los inspectores de Hacienda, el FROB y en alguna ocasión, hasta con el FMI. Pero donde concentró todas sus críticas fue en el ministro de Economía, Luis de Guindos, la persona que le «exigió la dimisión el 6 de mayo de 2012». Sólo se salvó el Banco de España como institución, quizás porque sostuvo siempre la fusión de las cajas que dieron origen a Bankia y su salida a Bolsa.

A lo largo de las casi cinco horas que duró la comparecencia, Rato mantuvo rifirrafes verbales con la mayor parte de los portavoces políticos de la Comisión y tuvo que escuchar descalificaciones muy duras a su actuación, incluso del representante del Partido Popular, al que ha servido durante la mayor parte de su vida política.

Ester Capella, portavoz de Esquerra Republicana, le llamó «político delincuente»; Antonio Roldán, de Ciudadanos, se refirió a él como representante del «cártel del bipartidismo de amiguetes» o del «cártel del pelotazo»; Pedro Saura, del grupo Socialista, acuñó el término «presunto delincuente compulsivo» y el representante de Unidos-Podemos-En Común, Alberto Garzón, le deseó que «fuera declarado culpable; que el que la hace, la pague».

La presidenta de la Comisión, Ana María Oramas, de Coalición Canaria, tuvo que mediar en diferentes ocasiones para mantener la calma en la sala, aunque no consiguió que ni Pedro Saura ni Antonio Roldán retiraran sus calificativos con el fin de que no figuraran en el acta de la sesión.

Rodrigo Rato dividió su intervención en tres etapas profesionales para consumir cerca de una hora de tiempo. La primera, la comprendida entre 2000 y 2004 que ocupó la segunda legislatura de gobierno de José María Aznar y que mejoró la situación del sistema financiero, sirvió para que Rato enumerara las diferentes reformas estructurales que acometió el Gobierno: laboral, fiscal, educativa, del sistema financiero o la energética. En este periodo, la economía española –dijo– continuó reduciendo desequilibrios económicos y sociales con los países centrales, aunque el problema seguía siendo la pérdida de competitividad.

De su etapa al frente del Fondo Monetario Internacional recordó que el organismo estaba más centrado en la vigilancia de los países emergentes, que eran los que hasta entonces habían ocasionados las crisis económicas. Fue una forma de exculpar al organismo de su falta de previsión acerca de la crisis que se estaba fraguando. Para ello advirtió del déficit por cuenta corriente y de la necesidad de profesionalizar la gestión de las cajas de ahorros. «Pero no se hizo». Sin embargo se resistió a aceptar que hubiera una burbuja inmobiliaria, lo que negó las veces que fue preguntado.

De su etapa en Caja Madrid y Bankia recordó que el Banco de España propuso la fusión de Caja Madrid con otras cajas y acabó obligando a la caja madrileña a contraer matrimonio con Bancaja. Rato por enésima vez insistió en que la salida a bolsa de Bankia cumplió con todos los requisitos de la CNMV y contó con el visto bueno del regulador y con el «grado de inversión» de dos de las tres agencias de calificación de solvencia. «La acción se comportó mejor que el sector hasta que me fui». De los peritos del Banco de España no dijo lo mismo; les acusó de «peritarse a sí mismo» y realizar seis informes diferentes en sus tres informes enviados al Juzgado. En este tercer bloque Rato dejó lo mejor para el actual ministro de Economía, Luis de Guindos, al que relaciona con el rescate de Bankia ayudado por los principales competidores de la entidad. Rato recordó la reunión que el ministro mantuvo con Caixabank, Santander, BBVA y con él mismo para atajar la preocupación que había sobre el futuro de Bankia en los mercados internacionales.

Rato se sorprendió de que por vez primera en la historia de España se ha realizado un rescate bancario sin contar con la participación del Banco de España. También hizo referencia al estreno de De Guindos como ministro, en enero de 2012, afirmando que el sector financiero español necesitaba 60.000 millones de euros. «Las acciones de todos los bancos empezaron a desplomarse».

El ex vicepresidente del Gobierno desmintió que hubiera tenido dinero fuera de España; que le hubieran condenado como político en sus treinta años de vida pública y aseguró que ha pagado todos su impuestos. Como prueba de ello reiteró que Hacienda no ha sido capaz aún de «decir de qué se me acusa».

Finalizando su intervención y tras oír del diputado del PP Miguel Ángel Paniagua que le afeara el daño que había hecho al PP, Rato dejó entrever un una conspiración de cuatro ministros (Justicia, Hacienda, Economía Trabajo) que acabaron con su detención en abril de 2015.