Rosell promete un mandato con la ética como bandera

El actual presidente de la CEOE se impone a Garamendi por 33 votos de diferencia

Juan Rosell será presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) hasta finales de 2018. Será su segundo y último mandato. Ayer, la asamblea general de la gran patronal le eligió por un estrecho margen de 33 votos sobre su rival, el presidente de la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa (Cepyme). Rosell recibió 345 votos (52,25) frente a los 312 de Antonio Garamendi (47,2%). Hubo tres votos en blanco (aquellos que no pusieron la cruz en ninguno de los dos candidatos) y ninguno nulo. Tenían derecho a voto un total de 773 personas, aunque finalmente sólo ejercieron su opción 660 (85,38%).

A las 13 horas y diez minutos se conoció el resultado de la votación, después de diez minutos de larga espera, hasta que los ocho encargados de las urnas de votación firmaron los resultados. En el Palacio Municipal de Congresos de Madrid el aforo estaba a medio cubrir. A lo largo de dos horas y de forma intermitente, los electores fueron depositando sus votos mientras los pasillos y el hall del recinto eran un hervidero de comentarios y rumores sobre una campaña que ha resultado extraña y polémica.

Rosell no tardó en hacerlo público en su primera intervención tras su reelección, que inició entre bromas: «En CEOE no éramos expertos en procesos electorales, pero le vamos cogiendo el gusto. Es bueno y saludable». Y es que sólo Rosell ha tenido oponente en los dos procesos electorales a los que se ha enfrentado: Santiago Herrero y Antonio Garamendi.

Tras esas palabras y el lógico agradecimiento a quienes le han respaldado y quienes han preferido votar a su oponente, Rosell destapó la caja de los truenos. «Llegué a la CEOE hace 4 años con mucha ilusión y en medio de grandes dificultades. No puedo decir que hoy estoy aquí con más ilusión porque no es cierto, pero sí con más responsabilidad».

Las palabras recogen un cierto grado de frustración por el desarrollo de una campaña en la que ha habido mucho juego sucio, según las fuentes consultadas por este diario. Hay quien ve en estas palabras un resumen de su primer mandato, caracterizado por una durísima resistencia a cualquier cambio en una economía que ha vivido su peores años.

En los últimos días ha circulado entre los empresarios un documento anónimo, sin membrete alguno, que critica la gestión llevada a cabo en la CEOE durante los últimos cuatro años por Juan Rosell, al que acusan de haber procedido a realizar una limpieza étnica e incluso de catalanizar la gran patronal.

Rosell ha recibido el respaldo de las territoriales de Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana y de las grandes empresas del sector de la banca, los seguros, la química, el automóvil y sus componentes, la distribución o las grandes constructoras. Los principales apoyos de Garamendi han estado en las pequeñas y medianas empresas (los 80 votos de Cepyme, con la excepción de los ocho representantes de Fomento del Trabajo presentes en la patronal de las pequeñas y medianas empresas) y Confemetal, así como de Castilla-La Mancha, Vizcaya y Guipúzcoa, en el País Vasco, y dos de las provincias gallegas.

Las críticas de Rosell fueron extendiéndose a medida que avanzaba en su primer discurso. «Estoy decepcionado con algunos, muy decepcionado con muy pocos y agradecido con muchos. Hay muy pocos, pero hacen mucho ruido, que entienden las organizaciones como propiedad privada».

El segundo mandato de Rosell va a estar presidido por las palabras «renovación» y «ética», la mismas de sus primeros cuatro años. «La ética debe ser vertical, íntegra, espejo de unas conductas transparentes, sin sombras. No es ético difundir mentiras y calumnias en informes que se acogen al anonimato cobarde que tratan de distorsionar no ya los hechos sino las instituciones».

Hasta el 12 de enero se abre un periodo de reflexión en la patronal. Después habrá que elegir el comité ejecutivo y a cuatro vicepresidentes. Esto último es cosa de Rosell; el quinto tiene dueño: el presidente de Cepyme, es decir, Antonio Garamendi.