Opinión

Que el Gobierno no estorbe a la economía
La buena evolución del empleo se sostiene en la reforma laboral que quieren derogar
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Hay que felicitarse por el comportamiento del mercado de trabajo en un país azotado por la lacra del paro estructural. El desempleo descendió en 197.841 personas en julio, la mayor caída desde que hay registros, en el tercer mes continuado de reducción récord. La Seguridad Social ganó 91.451 afiliados en ese periodo. Los 3,4 millones de personas registradas sin un puesto de trabajo y los 19,5 millones de ocupados rubrican una tendencia positiva que, sin embargo, nos sitúa lejos de alcanzar las magnitudes prepandemia y más distante aún de indicadores propios de una economía competitiva. No se puede soslayar que más de 700.000 personas que tenían un puesto laboral en el verano previo a la pandemia hoy carecen de él, incluidos los más de 330.000 ciudadanos en ERTE. Esta es la verdad. Hay luces, claro, pero en un contexto sombrío que la propaganda gubernamental altera para vender a la sociedad una suerte de milagro de la izquierda e idealizar la obra de Sánchez. Sería magnífico, que fuera así, porque supondría prosperidad para gente que ha sufrido lo indecible, pero el trazo grueso y el eslogan sirven para lo que sirven. Pedro Sánchez celebró ayer tras su encuentro con el Rey una «recuperación importante» tras destacar los «extraordinarios» datos sobre el mercado de trabajo y de crecimiento económico. Su optimismo nos recuerda al previo a los dos veranos del contagio, pero es un hecho que ni salimos más fuertes ni vivimos en la sociedad de las sonrisas. Hay una tarea ingente por delante y se precisa coraje político para adoptar las decisiones correctas y poner pie en pared frente a las demandas lesivas de los socios comunistas. La derogación de la reforma laboral, que ha sostenido y ha alentado estas cifras de empleo, sería un error capital, como también elevar el Salario Mínimo en un instante en el que las empresas demandan oxígeno y no que les metan piedras en sus mochilas. España tiene potencial y una oportunidad con los fondos comunitarios que no son la panacea. No partimos con una condición favorable, sino decadente por los desequilibrios agudizados durante la pandemia en términos de deuda histórica y galopante y déficit descontrolado. Que el Gobierno ningunee esta carga, que presuma de un crecimiento del seis por ciento con números rojos del nueve este año, resulta un desatino, en el que se frivoliza el desplome del turismo internacional hasta junio. Hay viento de cola, barra libre de dinero en Europa, pero necesitamos rigor fiscal y que el Ejecutivo con sus guerras internas no interfiera.