Islandia, más cerca de la UE

La Razón
La RazónLa Razón

Las elecciones anticipadas celebradas el pasado sábado en Islandia han supuesto un espaldarazo a la izquierda y a Europa. A la izquierda porque por primera vez en sus 65 años de independencia la población de la isla ha dado en las urnas la mayoría absoluta a la izquierda. Y a Europa porque la ganadora de los comicios, la socialdemócrata Johanna Sigurdardottir, ha prometido integrar al país nórdico en la Unión Europea.

Más cerca de Groenlandia que del Viejo Continente, Islandia se ha mostrado tradicionalmente muy celosa de su soberanía nacional. Su potente sector pesquero, que genera el 70% de sus exportaciones, y la floreciente economía financiera, que convirtió al país en uno de los más ricos del mundo, le hicieron desdeñar cualquier acercamiento a las estructuras de la UE. Reikiavik se mantuvo al margen de la gran ampliación al Norte de 1995, en la que Finlandia y Suecia se incorporaron a la Unión. Previamente, en 1973, Dinamarca se había sumado a la CE.

Sin embargo, las cosas comenzaron a cambiar el pasado otoño, cuando Islandia se convirtió en el primer país castigado por la crisis financiera internacional. Sus bancos, que atesoraban fondos diez veces superiores al PIB de la isla, colapsaron y el Estado tuvo que nacionalizarlos para evitar el colapso del sistema financiero. La población, orgullosa de vivir en el mejor país del mundo en calidad de vida, según la ONU, vio cómo sus ahorros se esfumaban, la inflación alcanzaba cifras de dos dígitos y el desempleo, hasta entonces desconocido, empezaba a golpearles hasta tal punto que muchos barajaban la opción de emigrar a otro país.

Sigurdardottir ha sabido captar este sentimiento de cambio en la sociedad islandesa y ha prometido ponerse manos a la obra para mejorar la situación del país. La líder socialdemócrata ha prometido convocar un referéndum sobre la integración en la UE el próximo año e ingresar en el euro dentro de cuatro años. Sin embargo, su tarea no será fácil.

Dentro de su propia coalición de Gobierno, los ecologistas del Movimiento de la Izquierda Verde se muestran reacios a la integración europea por sus efectos sobre el sector pesquero. Mientras, la oposición conservadora, tradicionalmente contraria a Bruselas, y el liberal Partido del Progreso desean ver cómo avanzan las negociaciones antes de pronunciarse a favor o en contra.

Los empresarios, en cambio, desean más la adopción del euro que la propia integración en la UE. Con una divisa, la corona islandesa, devaluado un 50% durante el último año, las empresas desean sumarse a una moneda fuerte que otorgue credibilidad y seguridad a la economía del país.

En la opinión pública, por su parte, el apoyo a la adhesión todavía ronda el 40%, aunque las cosas podrían cambiar en los próximos meses. Sintoma de ello es que la formación política surgida de las protestas populares contra el anterior Gobierno, el Movimiento Ciudadano, ha ofrecido al Gobieron su cooperación en el acercamiento a los Veintisiete.

Una posible adhesión de Islandia podría servir de acicate para que las vecinas Groenlandia y Noruega también llamaran a las puertas de la UE. Groenlandia, una región autónoma de Dinamarca, decidió abandonar la CE en 1995 para proteger mejor sus propios intereses. Mientras, Noruega rechazó en los referendos de 1972 y 1994 entrar en la UE ante los temores también de su sector pesquero.

La actual crisis económica, calificada por los economistas como la primera recesión global, está poniendo de manifiesto que los países que permanecen fueran de los mecanismo de cooperación regional o internacional, como la UE y su moneda única, están más expuestos a las turbulencias financieras.