Susana Díaz: la candidata a otras cosas

Susana Díaz/Reuters
Susana Díaz/Reuters

Los hados no la han sido propicios a Susana Díaz empujada por una poderosa marea de rumores a destinos más altos que la satrapía de la Junta andaluza. La ucronía suele ser letal y Susana tenía que haber sido lanzada a la palestra a la caída de Rodríguez Zapatero o antes de que, como hija política de Griñán, tuviera tanto que decir sobre el corrupto clientelismo del socialismo andaluz. Si tuvo posibilidades de ser elegida Secretaria General del PSOE tras la dimisión de Rubalcaba y aspirar también a Presidenta del Gobierno, Pedro Sánchez la cortó las alas dejándola, parafraseando los versos a las galanterías de Miguel de Mañara, tan sevillano, imposible para Andalucía y para España. Y es que Sánchez tiene algo de Tenorio que “...en todas partes dejé, memoria amarga de mí”. Distintos jerarcas históricos del PSOE siempre dieron vueltas a Susana Díaz como salida a la crisis partidaria y nacional, ideológica y económica dejada en el suelo por Zapatero. Susana controlaba el silo de votos socialistas de Andalucía, era una partidista de hierro ajena a aventurerismos por su izquierda, y era mujer, en la rampa de lanzamiento del nuevo y potente feminismo. Pero en las primarias (¡Ah las primarias¡) de 2.014 para sustituir a Pérez Rubalcaba descendió de los cielos un inesperado paracaidista que ni había sido miembro de la Ejecutiva o el Comité Federal y desconocido por la población: Pedro Sánchez. Los protagonistas aún no han contado aquellos sucesos pero podría ser que Sánchez se ofreciera como un Secretario General interino para que Susana no abandonara tan tempranamente la Junta de Andalucía y prepararlo todo para alzaprimar a la candidata en una próxima elección interna. Ahora que conocemos a Pedro Sánchez ya sabemos lo que para él significa convocar elecciones internas o externas. Ocupado el despacho, carretera y manta. Las últimas imágenes de abrazos y requiebros entre ambos, en unas elecciones andaluzas cuyo adelanto no quería el Presidente, corroboran eso de que para hacer política hay que desayunarse un sapo ya que Susana y Sánchez careen de química o empatía personal o política. Susana no entiende lo de nación de naciones, a menos que se tenga por nación a Andalucía, y cabe condecorarla con el supuesto de que nunca accedería a gobernar recostada en los separatistas. Pertenece a la vieja escuela de un PSOE republicano y federal pero nada antimonárquico y bastante centralista.

Susana Díaz es hija y nieta de fontaneros y del barrio sevillano de Triana. Solo aquello da bastantes datos sobre su biografía y su personalidad, ya que carece de vida laboral real y no ha sido más (ni menos) que una funcionaria del socialismo andaluz subiendo el escalafón por méritos, habilidad, simpatía u obsecuencia. Casada con un parado de larga duración del que tiene un hijo al presidir la Junta dio trabajo al marido ya que el socialismo empieza por uno mismo y no se desatiende a un cliente que vota. A los 17 años, vendiendo cosméticos por las casas, se afilió a las Juventudes Socialistas y a los 23 ya ostentaba cargos en el PSA. Se matriculó en Derecho y tardó diez años en licenciarse lo que no es demérito ya que estaba dedicada a tiempo completo a sus labores como organizadora socialista. La extravagante y delictiva deriva de las subvenciones a los parados andaluces no la ha tocado judicialmente pero se hace cuesta arriba entender que esta alta funcionaria, de toda la vida y de la máxima confianza del juntero Griñán, no supiera lo que ocurría intramuros pese a su diligencia y su listeza. La clientela andaluza sabrá lo que vota y por qué. Bajo su mandato los problemas de Andalucía han sido congelados y no hizo la autopsia que diagnostique la etiología de los peores índices macroeconómicos de España y de Europa. Aquel campesino que decía “yo trabajo en los ERE”, sigue diciendo lo mismo tras cuarenta años de régimen socialista. Como avezada política Susana supone que las críticas a su gestión de encefalograma plano constituyen ataques a los andaluces o a la inexistente amenaza fascista como si tuviera enfrente a Queipo de Llano. Por no mezclar las andaluzas con las generales de Sánchez (que algún día las convocará) ha escogido mal momento para revalidar otra mayoría absoluta y coaligue o no Gobierno quedará tocada para las antedichas aspiraciones a un futuro nacional. La cantaban sus leales aquello del circo “Susanita tiene un ratón, un ratón chiquitín...” El ratón escondido se la ha escapado.