Albiol: «Hemos de concienciar a la gente de ir a votar para evitar la ruptura»

Xavier G. Albiol. Candidato del PP a la Generalitat. Asegura que si el porcentaje de participación se sitúa por encima del 72 por ciento es muy improbable que pueda dar comienzo el proceso independentista.. «Me entristece que Iceta y Rivera no quieran un pacto para frenar a Artur Mas»

La Entrevista / Xavier Albiol. Candidato del PP a la Generalitat. Asegura que si el porcentaje de participación se sitúa por encima del 72 por ciento es muy improbable que pueda dar comienzo el proceso independentista.

Las encuestas pronosticaban hace pocas semanas una auténtica debacle del PP en las elecciones del 27 de septiembre. Los populares se movieron con reflejos y colocaron a Xavier García Albiol (Badalona, 1967) como cabeza de cartel en sustitución de Alicia Sánchez-Camacho. Desde entonces, las expectativas del PP catalán han mejorado. Tanto, que Albiol se siente en plena «remontada» y se ve capaz de situar a su partido en una inédita posición en Cataluña. En dos semanas podrá verse hasta qué punto ha actuado como revulsivo el ex alcalde de Badalona.

–Insiste en que el PP puede superar a PSC y Ciutadans tras las elecciones del 27 de septiembre y convertirse en la primera fuerza entre las que defienden la unidad de España. ¿Qué importancia tiene si no alcanzan los 68 diputados (la mayoría absoluta del Parlament)?

–Somos el único partido con poder de decisión en España y en Europa capaz de presentar un proyecto alternativo a Artur Mas. A Mas y a sus compañeros de viaje se les para desde el Parlamento de Cataluña, pero también es necesario actuar de manera coordinada con el Gobierno de España y con la Unión Europea. El único que puede garantizar esta coordinación es el PP.

–Al PP se le critica porque recurre a menudo al Tribunal Constitucional para frenar a los independentistas y porque no actúa lo suficiente desde instancias políticas. ¿Usted qué opina?

–El independentismo ganará o perderá el día 27 de septiembre dependiendo exclusivamente de aquellos catalanes que en las autonómicas no acostumbran a votar. Si la gente de los municipios del área metropolitana de Barcelona, esa gente que se siente catalana y española, va a votar el 27-S, el independentismo fracasará en las urnas. Esto no evita que por parte del Estado se garantice el cumplimiento de las normas y que las actuaciones políticas de cualquier administración estén dentro de las reglas de juego.

–¿Y cómo se consigue que esa gente del área metropolitana que sólo vota en las generales vote también en las autonómicas?

–Hemos de lograr que los hombres y mujeres del área metropolitana tomen conciencia de que, si no van a votar, el día 28 va a haber un grupo de diputados que va a intentar un proceso de ruptura. Esto está en las manos exclusivamente de los ciudadanos del área metropolitana.

–¿Considera conveniente, entonces, una estrategia coordinada con PSC y Ciutadans para movilizar a los electores del área metropolitana?

–En los últimos meses hemos lanzado distintas propuestas a PSC y Ciutadans para sentarnos y llegar a acuerdos. Yo mismo, en las últimas horas, les he hecho llegar una propuesta de mínimos para defender en el Parlament a todos los que quieren seguir siendo catalanes y españoles. Y me entristece decirle que la respuesta tanto de Miquel Iceta como de Albert Rivera ha sido negativa.

–¿Cree que esta coordinación con PSC y Ciutadans es imposible ahora en periodo electoral pero posible luego, después de las elecciones?

–Puede, pero creo que no deberíamos estar en un momento de tacticismos electorales, sino en un instante de defender sin titubeos una Cataluña fuerte dentro de España. Y a mí me parece que los catalanes que no son independentistas esperan gestos claros por parte de las fuerzas que defendemos la unidad de España.

–La reciente encuesta del CIS pronostica que los independentistas, es decir Junts pel Sí (CDC y ERC) y CUP, obtendrían mayoría absoluta en escaños pero no en votos. ¿Qué lectura haría el PP de este resultado si fuera el real?

–Los independentistas pretenden pervertir la realidad política de Cataluña y si consiguen un diputado más que el resto van a iniciar el proceso de ruptura. Por eso es tan importante que los que no somos independentistas vayamos a votar.

Ellos van a aprovechar cualquier ventaja, cualquier excusa para intentar romper.

–Usted propone a los electores aparcar en estas elecciones catalanas el eje izquierda-derecha y centrarse en frenar el desafío independentista.

–Yo tengo dos obsesiones. Primera, es importantísimo ir a votar. Segunda, no estamos decidiendo un Parlament de izquierdas o de derechas, sino frenando a unos diputados que quieren dividir a Cataluña del resto de España.

Nuestro proyecto quiere ir más allá de las ideologías y queremos dar cabida a personas que nunca han votado al PP, sea porque antes votaban a los socialistas o porque no votaban.

–¿Sitúa un porcentaje de participación a partir del cual el independentismo pierde fuelle?

–Si el día 27 de septiembre la participación está por encima del 72 por ciento es muy improbable que pueda iniciarse el proceso de independencia.

–Hablemos de Artur Mas. ¿Cree que la propia candidatura de Junts pel Sí le va a devorar tras las elecciones?

–El futuro de Mas depende de los que no somos independentistas. Depende de los resultados electorales y éstos serán unos o serán otros en función de que los electores que normalmente no votan en las catalanas lo hagan en esta ocasión.

–La campaña de las catalanas se produce a las puertas de las generales. ¿Esto condicionará de alguna manera el resultado del 27 de septiembre?

–Creo que las generales no condicionan las autonómicas, pero que las autonómicas condicionarán la política española en los próximos años. Por eso es imprescindible que el proyecto del PP salga reforzado con estas elecciones autonómicas y frenar así la locura de Artur Mas.

–La presencia de Mariano Rajoy, de Pedro Sánchez y de Pablo Iglesias va a ser continua en esta campaña en Cataluña. ¿Esto beneficia la participación que usted reclama?

–Lo que ocurra el día 27 en Cataluña va a tener trascendencia en la política nacional. A mí me parece bien, me parece lógico, que los dirigentes estatales se impliquen. Pero también pediría a Pedro Sánchez que además de implicarse –lo cual me parece acertado–, también sea coherente. No puede estar diciendo cada día cosas distintas respecto al guión de los socialistas en Cataluña. No se puede defender la unidad de España y, al mismo tiempo, permitir que muchos municipios catalanes se adhieran a la Asociación de Municipios por la Independencia.

–Los independentistas actúan con un arma electoral inédita, la de una candidatura de Junts pel Sí que integra a CDC y ERC. ¿Son más fuertes así?

–A mí esa candidatura me parece una falta de respeto para los propios catalanes que se sienten independentistas. Es un despropósito esconder como número cuatro de la lista al presidente de la Generalitat porque es incapaz de poder pasar balance de su acción de gobierno y porque es incapaz de dar explicaciones de la corrupción. Creo que demuestra hasta qué punto la política catalana se ha degradado en los últimos años.

–¿Cómo explica usted la formación de Junts pel Sí?

–CDC era consciente de que la marca de CiU estaba quemada y ha querido ocultar sus siglas con una candidatura que no tiene ningún proyecto de gobierno. Su único objetivo es dividir a Cataluña del resto de España. Me preocupa mucho que le toque gobernar a esta gente porque no tienen ninguna acción de gobierno más que la de romper.

–Las encuestas sugieren que Junts pel Sí dependerá de la CUP para tener mayoría absoluta. ¿Le inquieta?

–Que CDC y ERC dependan de la CUP, es decir de los hermanos de Bildu, es una muestra más, la enésima a mi modo de ver, de la degradación de la política catalana.

–A menudo mencionan los riesgos de la división social en Cataluña. ¿Es un riesgo en el futuro o una realidad ya presente?

–En estos momentos ya hay una fractura política y social importante, y si no somos capaces de reconducirla esto puede acabar mal. A mí la verdad es que me preocupa porque los políticos hemos de trabajar por la concordia.

–¿Cómo se recupera la concordia? ¿El PP va a plantear nuevas propuestas para mejorar el encaje de Cataluña en el conjunto de España?

–Estamos obligados a recoser lo que se ha descosido. Cataluña no puede seguir con el mismo clima político en los próximos años y para eso es básico que los que defendemos el proyecto de Cataluña dentro de España tengamos una mayoría importante de diputados.

–¿Defendería una reforma constitucional para mejorar el acomodo de Cataluña?

–Una reforma de la Constitución no dará satisfacción a los independentistas porque a ellos sólo les interesa romper. Creo que tenemos que plantear un acuerdo con el resto de formaciones, con todas aquellas que no estén instaladas en la radicalidad. Los acuerdos con los independentistas son imposibles en estos momentos. Lo que sí que creo es que se tienen que plantear modificaciones en aspectos que son mejorables como por ejemplo en la financiación, que, por cierto, no es una reivindicación sólo de Cataluña, también lo es de Madrid. Necesitamos más recursos, eso es indudable, pero para hacer otro tipo de políticas en Cataluña. Estas políticas tienen que ir aparejadas, y eso se debe garantizar por ley, a una serie de garantías. Es decir, ese dinero no puede ir destinado a embajadas o a estructuras de Estado. Tiene que ir destinado a las cosas que preocupan a los catalanes como la creación de empleo o a asegurar los servicios públicos.

-¿Se atreve a hacer un pronóstico con lo que puede ocurrir en Badalona en estas elecciones?

-Estoy muy esperanzado, sinceramente. Espero que igual que en los últimos años los vecinos de Badalona me vuelvan a apoyar. Estoy muy ilusionado y tengo que confesar que estoy encontrando mucha receptividad por parte de los vecinos.

-El viernes tuvo lugar la cuarta Diada de marcado corte independentista ¿Qué le parece el sentido que ha cobrado la festividad catalana en los últimos años?

-Lamentablemente la Generalitat, desde que gobierna Artur Mas, ha pervertido la fiesta de la Diada. El once de septiembre un día hasta hace cuatro años era celebrado por todos los catalanes más allá de su ideología. Ahora se ha convertido en un instrumento en favor de la agitación independentista. Con el agravante de que la Generalitat no duda en utilizar la Diada en su favor y en contra de aquellos catalanes que no piensan como ellos.

-¿Recuerda usted cómo eran las Diadas hace unos años o incluso cómo se celebraban en Badalona?

-Sí, sin duda. La Diada era un día festivo, un día de celebración que algunos lo celebraban simplemente así, como lo que era. Y otros lo hacían en tono reivindicativo., aunque de una manera muy diferente a la actual. Al fin y al cabo, fuese cual fuese tu ideología, se respiraba un espíritu de concordia y de respeto. Era todo muy familiar. Cosa que en estos momentos ha desaparecido completamente. Ya no tiene nada que ver. Insisto, se ha convertido en algo excluyente. Se ha convertido en un día que, desde la Generalitat, y esto es muy grave, se utiliza para ir en contra de los catalanes que nos sentimos también españoles.

-El president de la Generalitat acusa al Gobierno de miopía e incluso de mantener una actitud imperialista con Cataluña, ¿qué opinión le merecen estas declaraciones?

-A mí me produce pena y lástima la actuación de Artur Mas intentando enfrentar a unos catalanes con otros. No tiene ningún sentido. Creo, sinceramente, que lo mejor que le puede pasar a Cataluña es pasar página de todo lo que está sucediendo estos años. Y, para ello, es imprescindible que, de manera democrática, Artur Mas desaparezca de la política y de la vida pública catalana. Creo que el president de la Generalitat, a estas alturas, se ha convertido en un gran problema para la vida y la convivencia en Cataluña. Confiemos en que las urnas pongan a cada uno en su sitio.

El perfil

Feo, fuerte y formal

No es que se dé un aire a Loquillo, pero la estatura y algunos rasgos biográficos, sobre todo su rebeldía contra el nacionalismo imperante, hacen de Xavier García Albiol un personaje análogo al cantante. Criados ambos en el baloncesto badalonés, uno en el Cotonificio y otro en los escalafones inferiores del Joventut, el rockero está vetado en TV3, donde asestó un bofetón de sinceridad al poco de inaugurarse. «¿Por qué nunca has grabado un disco en catalán?». «Porque no me da la gana». Es evidente que hablar claro en el Principado puede ser perjudicial, como comprueba a menudo el líder del PP.

Veinte años en la oposición del tercer municipio más poblado de Cataluña, como representante de un partido repudiado por un aplastante gulag mediático, debe curtir lo suyo. Por eso lo llamó Mariano Rajoy, consciente de que la empresa de remontar unas encuestas que condenaban al PP a la irrelevancia debía acometerla un candidato de ideología inequívoca, pensamiento rotundo y retórica de alquitrán. Corren tiempos rudos en Cataluña y no conviene afrontarlos con teorías de polichinela como aquella de la «lluvia fina». Albiol es la némesis de Maricomplejines, quienquiera que sea.

Mesetario por García y de la «ceba» por Albiol, representa en sus apellidos el sentimiento catalán y español de la mayoría de sus paisanos. De ahí el tirón que tiene como candidato. En las municipales, con la marca del partido en su suelo de aceptación y el nacionalismo excluyente en auge, aumentó su cosecha de votos en 4.000 y obligó a la conformación de un multipartito para desalojarlo de un ayuntamiento en el que Ciudadanos, fuerza que aspira a la primacía constitucionalista, se ha estancado en un 5%.

Estos resultados convierten a García Albiol en un modelo, porque el electorado responde cuando se muestran principios firmes. A despecho de la «transversalidad», la «postideología», la ambigüedad y demás porquería blandengue. «Se acabó la broma», dijo hace una semana y parecía decírselo, más que a nadie, a sus compañeros de partido. De momento, da dentelladas al electorado tradicionalmente socialista de la provincia de Barcelona. Hartos como están del comportamiento cimbreante del PSC, estos miles de catalanes recuerdan que antes que el «cinturón rojo» habitaron el «cinturón inmigrante» y buscan refugio en una opción que no coquetee con los siempre peligrosos esencialismos identitarios, que los defienda de esa gente que escudriña la etimología de los apellidos en una actitud que roza la xenofobia.

por Lucas Haurie