C’s paga pactar con el PSOE y atacar a Rajoy

El partido de Rivera pierde en el órdago al PP por el voto moderado y reduce su fuerza en el Congreso con ocho escaños menos

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, comparece para analizar los resultados electorales
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, comparece para analizar los resultados electorales

El partido de Rivera pierde en el órdago al PP por el voto moderado y reduce su fuerza en el Congreso con ocho escaños menos

Con 32 escaños y 3.123.769 votos, la formación naranja ha perdido ocho escaños en el Congreso y, por tanto, queda reducida su posición de fuerza en el Congreso. Hasta el último momento, Albert Rivera ha buscado movilizar el voto «moderado» con el fin de que evitar que «los extremos» polaricen España, pero el ataque a Mariano Rajoy, del que el presidente de Ciudadanos no se ha bajado en toda la campaña como condición para la política renovada que propone, no le ha servido para captar ese votante del PP que en las anteriores elecciones le resultó decisivo. Es más, el PP ha subido 14 escaños frente al descenso de Ciudadanos. La alerta del electorado centrista ante la subida de Unidos Podemos, según los sondeos, y la negativa de C’s a negociar con Rajoy, y por tanto, ser un freno para el avance de los partidos constitucionalistas frente al populismo, ha castigado a la formación naranja, ya que parte significativa de sus votantes se ha decantado por el voto útil. No obstante, Rivera se mantuvo ayer en su postura y prometió a sus votantes tras el resultado electoral su disposición para llegar a un acuerdo de gobierno, pero afirmó que si la actitud política va a consistir en «mantener los sillones», su partido seguirá en la oposición.Sí reconoció no haber conseguido el resultado electoral esperado, pero justificó haber tenido el 13% de los votos por la aplicación «injusta» de la ley electoral.

Es precisamente el resultado que arrojaron ayer las urnas –a Rivera sólo le queda la posibilidad de que el PP le tienda la mano en las negociaciones– el que ha motivado en el líder de C’s una posición inestable respecto al PP a lo largo de la campaña: si recientemente descartó abstenerse para hacer presidente a Rajoy, sí se mostró tajante a la hora de afirmar que lo primero que haría tras los resultados del 26-J sería proponer una mesa de negociación entre el PP, PSOE y su partido, pero excluyendo a Unidos Podemos.

Otro punto determinante en el descenso electoral de C’s ha sido su pacto con Pedro Sánchez. Un acuerdo que buscó ser un modo de presión para Mariano Rajoy: un frente de izquierdas y de centro, que, a la vez que públicamente ha ofrecía la imagen positiva de su disposición a desbloquear la situación política, dejaba la pelota sobre el tejado de Rajoy para, o someterse a la negociación, o quedar de inmovilista. A pesar de la intención, este acuerdo no ha sido efectivo de cara a los pactos tras el 20-D, por lo que se ha visto como un fracaso.

Los buenos pronósticos de las encuestas al comienzo de las elecciones del 20-D condujeron a Albert Rivera a presentarse como el partido de la transición que podría poner fin al bipartidismo de la «vieja política», de los «rojos y azules». Pero tras el avance de Pablo Iglesias al unirse con Izquierda Unida, a Albert Rivera no le quedó más remedio que virar el timón, pedir el voto hacia los partidos constitucionalistas y alertar sobre las consecuencias del auge del populismo. No en vano viajó hasta Venezuela para demostrar la situación de pobreza en la que está inmerso el país, la falta de libertad política poniendo sobre la mesa el caso de Leopoldo López, y concienciar así de lo que supondría un partido con la ideología de Podemos al frente del Gobierno. Con este alejamiento de la formación morada, y la continuidad en su mensaje de ser el único partido centrista y capaz de moderar el cambio, en el cierre de campaña, el líder de Ciudadanos se afanó en pedir apenas un «1 por ciento más» de lo que le daban las encuestas. «Sólo con un punto más de voto para C’s habría gobierno», decía Rivera para movilizar a sus votantes, ya que supondrían 8 ó 10 escaños más de los obtenidos en los pasados comicios, y eso le permitiría tener el papel de partido de consenso que ha reivindicado desde el principio. Pero tampoco ha jugado a su favor, a pesar de ser el político más valorado por los españoles, el que tanto el PP como UP hayan acaparado el interés masivo de la campaña al ser los dos frentes más decisivos y opuestos.