Votar bajo el «efecto Brexit»

La pelea por los escaños está tan reñida que la incertidumbre europea puede ser determinante.

De izquierda a derecha, Mariano Rajoy, Albert Rivera, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.
De izquierda a derecha, Mariano Rajoy, Albert Rivera, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

La salida de Reino Unido de la Unión Europea marcó ayer el cierre de una campaña electoral que ha sido «anodina» hasta para los propios protagonistas.

Una sacudida, con la fuerza de un terremoto, descolocó ayer a Europa entera, y se coló también en el último día de la campaña electoral. Es un viento que puede llevar al electorado a buscar asidero en el partido de gobierno. En teoría beneficia más al PP que a Podemos, pero eso lo certificarán las urnas.

Fue un golpe inesperado, con su preocupante deriva financiera y económica, pero llega tan cerca de la jornada de votación que en un escenario electoral ordinario todos los expertos hubieran proclamado que no había tiempo para que afectase al resultado. Eso es lo que dice la lógica, pero ayer todos se apresuraron a intentar aprovechar el mínimo resquicio para barrer hacia casa.

La pelea por el voto está tan apretada, y las proyecciones en escaños tan abiertas, que a la desesperada todo vale para intentar arañar ese puñado de papeletas que pueda hacer caer a favor alguno de los escaños en juego.

En los propios partidos reconocen que ha sido una campaña mala, anodina, en la que todos han tenido grandes dificultades para sorprender al electorado y al adversario político. Y que incluso se ha quedado vieja antes de concluir por el empecinamiento de todos los candidatos en no moverse de la casilla de bloqueo, lo que ha obligado a convocar unas nuevas elecciones.

Desde el comité de campaña del PP ayer echaron el cierre con un incisivo subrayado en el mensaje de que el Brexit pone de manifiesto «la necesidad de aportar seguridad y experiencia para el Gobierno de España». La salida del Reino Unido de la Unión Europea es la ultima justificación de la que Rajoy colgó su oferta de estabilidad, seguridad y experiencia.

Al mismo barco intentaron subirse también el candidato socialista, Pedro Sánchez, y su homólogo en Ciudadanos, Albert Rivera. Pero estas banderas, de mejorar su puntuación en el electorado, a quien más pueden beneficiar serían al candidato popular. La oferta de seguridad y estabilidad ha sido el eje central de su campaña, así como la advertencia sobre los riesgos de apostar por caminos inciertos.

Y esa campaña sobre los riesgos de salirse del camino se hizo ayer carne con la caída histórica de la Bolsa y la subida de la prima de riesgo hasta recordar fantasmas que tuvieron a España en vilo durante la primera etapa de la Legislatura de Rajoy. Una amenaza que no afecta solo a las grandes empresas y a los grandes inversores, sino también a los pequeños inversores y a todos los ciudadanos de a pie.

Ayer Rajoy en su discurso incidió precisamente en su lema de que no hay que cambiar el rumbo, ni salirse de sus políticas, para no perder el crecimiento económico y la creación de empleo. El problema es que se abre un escenario tan incierto, sin respuestas y con demasiadas preguntas sin contestación, en cuanto a los efectos políticos, financieros, económicos y hasta sentimentales de la decisión ratificada en el referéndum británico, que hacer cálculos a casi horas de la cita con las urnas es muy complicado.

Sí es evidente que igual que el «caso de las escuchas» ha generado intencionadamente, con la filtración en la recta final de la campaña, un contexto que aparentemente podría beneficiar a Podemos y a la izquierda, la sensación de riesgo sistémico y de inseguridad y amenaza global creada por el Brexit también lleva a que se mire más hacia las fuerzas que ofrecen más garantías en la respuesta a una crisis financiera y económica tan incierta. De hecho, ayer PP, PSOE y Ciudadanos se apresuraron a atizar al populismo, con Podemos como partido al que identificar con la ideología que ha llevado a esta crisis europea de dimensiones impredecibles.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, intentó poner un cortafuegos en el impacto que para sus intereses puede tener la decisión del Reino Unido de «recuperar el control de la soberanía» y que ha venido provocada por un referéndum, que él también defiende para Cataluña. Y lo mismo intentó hacer Alberto Garzón, su compañero de coalición. Su escudo fue el argumento de que el Brexit es «el síntoma de una Europa hecha para los mercaderes y construida contra los pueblos». Pero la formación de Pablo Iglesias defiende, no obstante, la revisión de la relación con la Unión Europea, motivo agitador del movimiento que ayer se impuso en el referéndum británico.

Y pese a las rectificaciones que Podemos ha introducido en su discurso y en su programa de gobierno, la hemeroteca guarda los pronunciamientos de Iglesias en 2014 a favor de la salida de España del euro para recuperar la soberanía en política monetaria, entre otros argumentos. La identificación con esos planteamientos sigue pesando sobre la formación morada, igual que continúa vigente la comparación con Syriza, aunque sus dirigentes ya no la busquen. Todo el argumentario de campaña ha quedado ensordecido por la «bomba» del Brexit.

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