ETA frenó el gesto de desarme tras la inhabilitación de Otegi

El líder abertzale advierte de que se podría volver a las armas si sigue la presión judicial

El líder abertzale advierte de que se podría volver a las armas si sigue la presión judicial

Arnaldo Otegi, el secretario general de Sortu, lo advirtió y así ha ocurrido. Si no se le permitía comparecer como candidato en las elecciones vascas que se celebran hoy, no habría gesto de desarme de ETA. Se ha producido una relación causa-efecto que, según los expertos antiterroristas, en otros tiempos habría dado lugar a algún tipo de investigación, pero que ahora es muy difícil que prospere dado el «buenismo» que se ha instalado por parte de algunos entornos hacia Otegi y los suyos.

Los citados expertos informaron en su día, conforme a los datos disponibles, de que ETA se proponía hacer durante la campaña electoral de las elecciones vascas un gesto de «entrega de armas» (similar al realizado en febrero de 2014 en Toulouse) con el fin de atraer votos a las candidaturas de EH-Bildu. Algún medio que desde el principio ha tenido buenos datos del «proceso» que se inició en 2011 con el anuncio del supuesto fin de las actividades armadas de ETA, llegó a adelantar que la banda anunciaría en este periodo el desarme total.

Sin embargo, Arnaldo Otegi hizo las declaraciones en las que vinculaba dicho desarme a que se le permitiera ser candidato en los comicios, lo que no ha ocurrido. El secretario general de Sortu, que reconoció la existencia de un sector de la «izquierda abertzale» partidario de la vuelta a las armas de ETA, lanzaba el citado mensaje y, en una entrevista concedida a una emisora vasca, se apuntaba al método de la transferencia de responsabilidades. Así, afirmó que el Estado «está haciendo todo lo posible» para que el desarme no se produzca porque sus «élites» estaban antes más cómodas. «¿Quién gana y quién pierde con la paz? Las élites estaban mucho más cómodas antes», subrayó.

Los expertos advertían sobre lo que suponía el hecho de que Otegi llegara a ofrecer poco menos que el desarme de los pistoleros a cambio de su presencia en el proceso electoral. Era una confirmación más de que el anuncio realizado por la banda del final armado era sólo un movimiento táctico dentro de la estrategia independentista. Y, sobre todo, buscaba salvar a los dirigentes de su brazo político de las responsabilidades penales en los procesos judiciales en los que estaban siendo investigados.

Otro factor que habría podido influir en que ETA no realizara este nuevo acto de supuesta voluntad de desarme podría estar en la vigilancia policial que hay en Francia con motivo de la amenaza yihadista. Mover armas y explosivos por el territorio galo es un auténtico riesgo para cualquier delincuente.

Se sabía que los terroristas han logrado, no sin dificultades, reunir en un escondite una serie de armas, productos químicos y electrónicos, lanzagranadas y otros elementos, con el fin de, llegado el momento, montar el «tenderete» allí mismo o en otro lugar cercano. Sin embargo, tenían que llevar hasta el lugar elegido a los «verificadores», algunos de los cuales están advertidos por la Justicia francesa en el sentido de que su participación en otra «pantomima» etarra podría terminar con su detención.

A ETA, que le conste a los expertos de forma fehaciente, le quedan 250 pistolas y revólveres completamente nuevos, que no se han utilizado ya que fueron robados de un almacén antes de su distribución a armerías para su venta; y productos químicos con los que fabricar 1.500 kilos de explosivos. ETA había establecido contacto para montar el acto con el entorno del «conflictólogo» Brian Currin y su cohorte de «mediadores», en especial los de la Comisión Internacional de Verificación (CIV), dos de cuyos componentes estuvieron en Toulouse. Se trataba de Ram Manikkalingam y Ronnie Kasrils.

El error del «Wall Street Journal»

El periódico «Wall Street Journal» no dudó en calificar a Arnaldo Otegi como un «guerrillero de ETA». Es como lo define esta publicación en uno de sus artículos, en la que no sólo no le define como a un terrorista que fue condenado, sino que va más allá y le compara con otros «guerrilleros de izquierda» que dieron el salto a la política, como Gerry Adams, Lula da Silva o Dilma Rousseff. A ETA la define como «grupo separatista».