Los yihadistas aborrecen los programas de TV sobre promoción de nuevos artistas

El fanatismo les lleva a presentarlos como una muestra de la decadencia occidental

También las amenazas se hacen en primera persona, como en septiembre de 2008, cuando el propio líder de AQMI instaba a los magrebíes a unirse a la yihad contra España.
También las amenazas se hacen en primera persona, como en septiembre de 2008, cuando el propio líder de AQMI instaba a los magrebíes a unirse a la yihad contra España.

El fanatismo de los yihadistas contra la sociedad occidental, “que es mala”, no tiene límite y, en uno de los últimos vídeos de las “productoras” de Daesh, se cita, con imágenes, un concurso televisivo dedicado a la promoción de nuevos artistas, como una muestra más de lo perversa que es nuestra sociedad.

Resulta inaudito que se utilice este tipo de iniciativas para plantearlas poco menos que como pecaminosas; cuando de lo que se trata es de justificar unos crímenes que no se pueden sustentar en ningún tipo de razonamiento lógico.

Fotograma de uno de estos concursos
Fotograma de uno de estos concursos

Se recogen imágenes de una de las participantes que interpreta una canción y se las enmarca en otras maldades del mundo occidental (según estos fanáticos dedicados al crimen) como el de los matrimonio gays, “tolerados por las iglesias”, hasta configurar una “sociedad perdida”.

Suele ocurrir que la amenaza yihadista, una de las más peligrosas con la que se enfrenta el mundo civilizado, no es interiorizada por la mayoría de la población, que la ve como algo lejano, que se desarrolla en lugares situados a miles de kilómetros. Sólo cuando los atentados se producen en Europa, existe una cierta reacción. Y, además, lo que es más preocupantes, no se valoran de forma suficiente las operaciones que desarrollan las Fuerzas de Seguridad del Estado, que evitan la comisión de atentados, como ha sucedido recientemente en Madrid.

Que Daesh ataque a un programa de televisión, que aparezcan imágenes de jóvenes bebiendo en fiestas, lugares singulares de Madrid, como la Puerta del Sol o la calle del Príncipe, donde se encuentra un teatro, se puede interpretar como algo anecdótico, lo que es un error.

Las recientes detenciones en Madrid y, lo que es más relevante, las habidas en Viena, con la desarticulación de una célula yihadista preparada para atacar varios mercadillos navideños en ciudades de centro Europa, demuestra que la amenaza es real. Y que ante los musulmanes que se han fanatizado y se han pasado al terrorismo no valen las actitudes tolerantes o, simplemente, la ignorancia. La respuesta por parte de estos sujetos es siempre la misma: la muerte y la destrucción.

“Hay que separarse de los incrédulos y no vivir con ellos” se dice en uno de estos vídeos, en los que se exhorta a los “moujahidines (combatientes) a acabar con todos los infieles. Esta actitud la justifican, además de en razones “religiosas”, en una especie de venganza ya que, según aseguran, millones de musulmanes están siendo masacrados con armas químicas y “nadie habla de ello”.

Por más que se repasan los últimos acontecimientos, no aparecen esos millones de muertos. Una falacia más.