Lanzar el mensaje de que no vencerán

El terrorismo es una forma de narcisismo máximo y los delincuentes no esconden el delito, al contrario, pretenden aprovecharse del daño que cometen y se sienten orgullosos

- Vista general del hemiciclo del Parlamento Europeo en su sede de Bruselas, Bélgica este jueves donde se debaten las nuevas medidas para combatir los efectos de la pandemia. EFE/ Olivier HosletOLIVIER HOSLETEFE

La Comisión Especial contra el terrorismo marcó un hito histórico en lo que se refiere a las víctimas en la Unión Europea. Fue en 2018. Entre otras cosas, pidió a los Estados miembros que se prohíban los homenajes a las personas declaradas culpables por terrorismo. Para evitar la humillación y el efecto de que haya niños que los vean como héroes. Para evitar daños y la reproducción de la espiral de la mentira, de la intolerancia, del dolor. Por primera vez, como digo, se trató un amplio capítulo, específico, sobre sus necesidades, sobre el difícil duelo que enfrentan después del atentado. Hoy se ha vuelto a aprobar en la Comisión de Libertades Civiles, Justicia e Interior en el informe anual sobre derechos fundamentales porque sigue siendo necesario, porque ocurre en nuestro país y porque podría ocurrir en otros lugares de la UE, cuando comiencen a salir de prisión muchos terroristas que están finalizando sus condenas. Si se evitan círculos de apoyo social tóxicos la amenaza será más restringida, la intolerancia será menos normal.

Hay que entender que el terrorismo es un tipo de crimen distinto a otros, porque los terroristas, da igual el pretexto, buscan someter a toda una sociedad utilizando a seres humanos inocentes, a los que asesinan y mutilan. Esta es la fórmula de generar el terror masivo y de tener una gran propaganda pública que hace que tengan prioridad en la agenda pública. Buscan que las sociedades sean débiles en los consensos sobre la propia política antiterrorista. Explotan el victimismo para intentar conseguir nuevos acólitos. Explotan el victimismo para que gentes de buen corazón lleguen a pensar que los demás tenemos alguna responsabilidad sobre el mal terrible que deciden realizar. Los terroristas aspiran a hacer el suficiente daño como para imponer su poder, o conseguir autocensurar el pensamiento de las sociedades atacadas, o al menos, hacer el daño suficiente para negociar algún tipo de impunidad a cambio de dejar de matar.

Es una forma de delito especial que, al tener ese componente de posible cambalache con los terroristas hace mucho daño y puede generar un enorme daño moral a muchas de las víctimas.

Porque el terrorismo es una forma de narcisismo máximo y los delincuentes no esconden el delito, al contrario, pretenden aprovecharse del daño que cometen y se sienten orgullosos. No es difícil imaginar el daño de los que sufrieron su persecución o la devastación familiar, o las heridas incurables del alma o del cuerpo.

Las políticas de reparación y de reinserción comienzan por la asunción de que el pasado terrorista es intolerable y que el daño es injustificable. En sociedades muy dañadas por la degradación de los principios y valores, en sociedades muy fatigadas, se puede querer pasar de vivir como si no hubiera terrorismo a vivir como si no hubiera existido. Eso ocurre cuando se ha debilitado el liderazgo, cuando ha habido cesiones, cuando se ha interiorizado que está justificado atacar al estado de derecho democrático o existe un liderazgo político mayoritariamente oportunista y degradado. Para dar esperanza a las víctimas que consideran que es un tormento la justificación y legitimación de lo que sufrieron, fue y es tan importante el mensaje político del Parlamento.

También es cierto que las sociedades que atienden correctamente a las víctimas, con líderes que utilizan la ley sin desmayo también están lanzando un mensaje a los terroristas o a los que estén radicalizándose. Es el mensaje de que no vencerán.