A Dios y al diablo

A escasos días de examinarse de segundo de elecciones, los partidos han entrado en ese terreno pantanoso que es el de la campaña (por qué seguir llamándole "pre"cuando es tan evidente la caza del voto). Unos y otros quitan hierro en público a las encuestas que devoran en privado y sueñan con esa maniobra, esa frase, esa suerte del destino que les haga remontar hasta el infinito y más allá aunque luego digan lo dicen de las mayorías absolutas. Un paso mal calculado, como el que al parecer ha dado Sánchez eligiendo la fecha de la exhumación de Franco y sobre todo, su insulso mensaje a la nación con el estribillo de la respuesta "medida y proporcional"a los de la kale borroka catalana, mientras en un recuadro del televisor un grupo de policías ponían a uno de los suyos a salvo de los lanzamientos de adoquines, fue de todo menos un imán para el voto socialista. Prueba de ello es que a fecha de hoy y según las encuestas – esas que aunque no acierten, influyen– el Psoe cotiza a la baja en la bolsa electoral mientras Vox se coloca en números tan verdes como su logo y el PP hace caminito a costa del partido de Rivera al que parece que no perdonan ni quienes le votaron con la esperanza de que pactara con Sánchez ni quienes lo hicieron para todo lo contrario y se vieron defraudados con su tendida de mano de última hora. Lo peor de todo es que por muchos sondeos que se publiquen, las matemáticas siguen sin cuadrar sobre todo porque los independentistas catalanes se han descartado como socios potenciales de nadie. De ahí que, eslóganes y mítines aparte, estén todos poniéndole una vela a Dios para que ocurra algo que les ilumine y otra al diablo para que pase algo que abrase a los rivales. Lo de siempre, vamos.