Adela Cortina: «La democracia que manipula emociones es un riesgo»

Fue la primera mujer que formó parte de la Academia de Ciencias Morales y Políticas y, ahora, Adela Cortina es pionera en alertar sobre una nueva forma de discriminación.

Fue la primera mujer que formó parte de la Academia de Ciencias Morales y Políticas y, ahora, Adela Cortina es pionera en alertar sobre una nueva forma de discriminación.

–Usted sostiene en su último libro que «es el pobre el que molesta». ¿La sociedad ha pasado de la xenofobia a la aporofobia?

–La xenofobia existe ya que hay un recelo frente al extranjero, pero sólo nos molestan aquellos que no nos pueden aportar recursos económicos. Pensé que era necesario dar un nombre a esa actitud de recelo y construí la palabra aporofobia, según la lengua griega. El rechazo se produce hacia el pobre que no tiene nada que devolver a cambio, sea extranjero o no.

–En España batimos récords de turismo extranjero...

–Claro, el turismo es la prinicpal riqueza de nuestro país. Es llamativo cómo nos entusiasman los extraños que traen beneficios económicos. La hospitalidad no es igual para todos.

–¿La aporofobia está en el origen de los movimientos populistas en Europa y Estados Unidos?

–El recelo al pobre se está demostrando en los últimos tiempos con posiciones políticas como la de Trump, que demuestra que le molestan unos extranjeros, los que no tienen recursos, y no otros. El caso de Le Pen es de libro, con su obsesión por cerrar Francia y dejar fuera a los inmigrantes y a los refugiados. Me parece que es muy peligroso. Es un momento para revitalizar la UE.

–Aún tiene pendiente resolver la cuestión de los refugiados...

–Europa no ha sabido dar respuesta en absoluto a esta cuestión. Merkel tuvo una primera actitud de acogida muy buena, pero luego empezó a perder votos. La UE ha cometido el error de no asumir que es un problema propio. Ojalá se resolviera la situación en Siria y en Libia, pero mientras hay que impedir que la gente muera en el mar.

–¿Es España un país especialmente xenófobo?

–Creo que no. Afortunadamente no tenemos partidos xenófobos. En cambio, sí hay aporofobia. Está más en la actitud corriente y en los actos cotidianos de todos.

–El rechazo al diferente se refleja también en las redes sociales. ¿Cómo frenar los delitos de odio que se amparan en el anonimato?

–La educación es la clave. Las redes sociales dan unas posibilidades infinitas, pero lo importante es ver quién está al volante, quién las maneja y si éstos son personas aporófabas, con un discurso del odio. La gran cuestión es educarlos a ellos.

–Propone cambiar el Estado del bienestar por Estado de justicia...

–El Estado del bienestar me parece la forma de Estado más justa que ha existido en la historia, pero hay que actualizarlo para proteger los derechos ya adquiridos. No me gusta el nombre porque parece que bienestar es sólo estar bien. Estamos cómodos y vienen unos refugiados o unos inmigrantes a molestar. Creo que hay que cambiar el nombre por justicia. Es necesario aspirar a construir una Europa social.

–¿La llegada masiva de refugiados a Europa puede ser el detonante para abrir una nueva etapa?

–Tiene que serlo. Cada vez hay más voces que reclaman reconstruir una Unión Europa más social. Es su esencia y es la propia identidad europea. Se trata de una economía social de mercado en la que, junto a los derechos económicos, se garantizan los sociales. Por eso, Europa plantea una oferta única en el conjunto mundial y la mejor respecto a la dignidad humana.

–¿El desapego de los ciudadanos frente a las instituciones ha dado alas al populismo?

–El fortalecimiento de los populismo se ha producido por la crisis económica y por la desafección de las instituciones. La idea de que las instituciones del Estado de Derecho están obsoletas procede de repetir diversos mensajes, como que «esto no es una auténtica democracia» o «los políticos no nos representan». Los populismos pretenden dejar a las instituciones fuera del sistema y que nos quedemos sólo el pueblo y los líderes.

–Eso es peligroso...

–Es un enorme retroceso porque el Estado de Derecho es clave para proteger los derechos de todos los ciudadanos. A lo que hay que aspirar es a consolidar una democracia deliberativa.

–¿Existe ya en España?

–No se me ocurre hoy una solución mejor para lograrla que el sistema de partidos. Es muy importante que haya quienes compitan por conseguir la aceptación de la mayoría. Esa es la clave de la democracia deliberativa. El riesgo es la democracia que manipula emociones. Y, además, hay que tener en cuenta que estamos en la época de la posverdad. La democracia tiene que ser deliberativa y que haya un amplio debate en la esfera pública. La ciudadanía debe tener acceso a la participación. Los ciudadanos tenemos que estar muy comprometidos.

–¿Y somos una sociedad madura para hacerlo?

–Me temo que aún debemos madurar bastante. La educación es clave para que las personas sean capaces de tomar sus propias decisiones. Defiendo una ciudadanía lúcida y autónoma que no se deje embaucar.

–Y sobre España...

–Un recuerdo: la promulgación de la Constitución de 1978 y la manifestación que sucedió al intento de golpe de Estado. La Constitución y su defensa.

–Una palabra: unidad en la diversidad.

El futuro: depende de lo que hagamos.

–Un tópico real: ha sido capaz de hacer una Transición ejemplar.

–Un tópico irreal: «Spain is different». Nos parecemos mucho a otros lugares, afortunadamente.