Aquella cena de la vergüenza

Recuerdo cuando reuní a Maite Pagaza, Josu Puelles, Joseba Arregi y Teo Uriarte. Era una comida de desagravio ante el blanqueo socialista de Bildu tras el posado navideño de Mendía y Otegi.

La «fraternal» cena de Navidad de la socialista Idoia Mendía con Otegi

Recuerdo cuando reuní a Maite Pagaza, Josu Puelles, Joseba Arregi y Teo Uriarte. Era una comida de desagravio ante el blanqueo socialista de Bildu tras el posado navideño de Mendía y Otegi.

Refiriéndose a Bildu, la ministra Isabel Celaá ha hecho hace unos días un llamamiento «a que en España se asuma con naturalidad que todos los escaños, tanto de parlamentos autonómicos como de las Cortes Generales, son legales y legítimos».

Refiriéndose a los homenajes a etarras, Bakartxo Ruiz (parlamentaria de Bildu en Navarra), ha dicho que «habría que dar un sentido de normalidad a

que cuando una persona pasa

30 años en la cárcel pueda ser recibido por su familia».

El Gobierno de España y EH Bildu trabajan indudablemente por la normalidad.

Lo de la normalidad nos viene de lejos. Ya en los tiempos del terror ultranacionalista cotidiano Josu Ion Imaz nos decía en 2001 que «la violencia ha estado siempre, lo que es nuevo es la crispación política y ese mensaje continuo de que en este país no se puede respirar. Las situaciones de violencia y extorsión que se viven en el País vasco son inaceptables y execrables, pero estamos obligados a vender espacios de normalidad».

Se asesinaba a discreción y se era capaz de pedir normalidad mientras se acusaba de provocar «crispación» a las víctimas y perseguidos. Lo normal, que era entonces estar callado haciendo tu vida, permanece como actitud recomendada. Como los viejos pantalones de «campana» que por suerte no tiramos y se ponen de moda treinta años después, ese uso de la palabra «normalidad» para significar exactamente todo lo contrario, ha vuelto. También el silencio. Lo que no se ha ido ni acudiendo a rezos es la miseria moral.

«¡Hagamos posible un gobierno social lejos de los nacionalismos!», escribían en un tuit los socialistas navarros cuatro días antes de las elecciones del

26 de mayo.

Cuatro días después, las elecciones. Redondeando: NA+ 37% de los votos, PSOE 21%, GBAI 17%, BILDU 15%.

Navarra Suma ha obtenido el doble de escaños que el Partido Socialista pero la suma de alianzas (escrúpulos aparte) resuelve la cuestión en una dirección bien diferente. Cada día sorprende menos esta moda de infumables pactos que lamentablemente fomentan la cultura moral del «todo vale». Al final ¿a quién votamos? y ¿qué derecho tienen los partidos tras las elecciones a cambiar radicalmente de discurso olvidando lo que aparentaban ser planteamientos fundamentales días antes? Derecho no sé si lo tienen, pero pudor, ninguno. La ingeniería política por encima de la decencia.

En Euskadi, los socialistas han gobernado junto a los nacionalistas en numerosas legislaturas a lo largo de los años y, sin entrar en muchos detalles, hay que tener en cuenta que en la comunidad autónoma vasca podrían darse peores combinaciones. En la actualidad mantienen acuerdos de gobierno en el Ejecutivo Vasco y en algunos ayuntamientos: los socialistas contentos de tener poder, pero todos sabemos quién manda. De momento, sin sentar formalmente a la mesa a Bildu, aunque el preludio podría ser aquella fraternal y conocida comida de Navidad compartida por Idoia Mendía, Arnaldo Otegi y Andoni Ortúzar, que seguro sirvió para dejar la puerta abierta a futuros acuerdos. Josu Puelles, hermano de Eduardo Puelles, policía asesinado por ETA en 2009, rememora aquella cena. «Mendía, ¿harías una cena con Albert Rivera o con Santi Abascal? ¿Por qué con el brazo político de ETA sí y no con estos?».

La respuesta la ha dado recientemente la propia ministra Calvo. Según Teo Uriarte «la vicepresidente en funciones ha insistido, justificando el comportamiento de su partido en Navarra, en que su “adversario natural” son “las derechas». Argumento de tal dimensión sectaria, además de simple, que puede indicar el origen y la dimensión de la inestabilidad política, secular en España salvo en el momento excepcional de la Transición».

La, a partir de ahora, interlocutora del PSOE en Navarra Bakartxo Ruiz tampoco encuentra problemas de los que se le acusan a su formación. «La posición de Bildu respecto a las víctimas, a todas las víctimas de todas las violencias, es clara desde hace muchos años». Y no se le puede negar que siempre hemos sabido su posición al respecto (no se lo vuelvan a preguntar más, por favor, que ya está bien claro).

Antes fueron pistola, ahora son herramienta: «Somos la llave que puede abrir pero también cerrar puertas», le ha dicho Bakartxo ayer mismo a Chivite. Permiten su investidura, pero le recuerdan que no podrá hacer nada que ellos no aprueben. Más educados, pero el estilo mafioso permanece.

«Mal homenaje a las víctimas es acordar cualquier cosa con los abertzales. ¿Qué habrá detrás de ese pacto? Más euskera, más nacionalismo, en definitiva. Será legal pero no es democrático, es una indecencia moral ¿cómo se puede normalizar a un asesino o el asesinato?», dice Josu Puelles.

«Un Gobierno socialista en Navarra con apoyo de Bildu es un nuevo insulto a las víctimas del terrorismo», dice Rogelio Alonso. Una vez más tenemos que preguntarnos qué han hecho las víctimas de nuestro país para que su situación, su memoria, su dignidad tengan tan poco valor para la clase política en general.

Para Maite Pagaza «cada vez son más descarados los homenajes a etarras y con ello van ganando espacios de impunidad».

Covite ha denunciado cada uno de los 300 enaltecimientos del terrorismo de los que desde septiembre de 2016 hemos sido testigos. 130 han sido actos callejeros de homenaje a presos de ETA que han salido de prisión o a miembros de ETA fallecidos. Demasiados como para poder decir que no nos hemos dado cuenta. Demasiados como para llamar normal a esta sociedad. Intolerable cantidad, intolerables actitudes de silencio.

«En aquella cena infame de Navidad lo que ya se veía claro es que una parte de la izquierda de nuestro país no percibe como reaccionarios los valores del nacionalismo», comenta Maite Pagazaurtundúa. «Es más, son capaces de tutelar una operación de largo alcance que va del blanqueo al negacionismo permitiendo que el abertzalismo mantenga un discurso negando su responsabilidad política sobre el pasado terrorista».

«Cuando hay un esfuerzo político por normalizar a los que te han amenazado durante 50 años y se demoniza a la derecha, antes PP ahora Vox, legitimando a los que han matando incluso a los suyos y vilipendiando a personas o partidos que han estado en primera fila contra el terrorismo, es que todo vale para conseguir poltronas», afirma Josu Puelles.

Javier Rojo, diputado en el Parlamento Vasco por el PSOE en 2001 tenía un discurso también muy natural (entonces): «Hoy Otegi y lo que representa está más cerca de lo que representaba el fascismo en la Alemania de Hitler, que asesinaban a los judíos sin preguntarles si eran de izquierdas o de derechas. Lo mismo que ocurre en Euskadi: asesinan a ciudadanos del PP o del PSOE solamente por nuestra condición de españoles».

Teo Uriarte: «Si la izquierda que parecía más civilizada se nos atrinchera en el maniqueísmo, precisamente en un aspecto tan importante y básico como es la cohesión nacional, resulta evidente la imposibilidad de convivencia política estable y la enorme posibilidad que se le abre al secesionismo para llevar a cabo cómodamente la desmembración del país».

Maite Pagaza: «Con estas actitudes tan mezquinas se carcomen los cimientos del andamiaje común cuando lo que se necesita es transmitir valores de ciudadanía y acometer los verdaderos retos del presente sin distraerse con los que nos someten a discusiones del siglo XIX como si fueran algo progresista».

Un tuit reciente de Otegi: «Sé que el clima no ayuda a veces, pero no podemos olvidar que para que la convivencia sea plena tenemos la obligación política y moral de traer a casa a todas las personas presas, refugiadas y deportadas».

Para Josu Puelles «los jóvenes que no han vivido el terrorismo y que ven a un partido como el PSOE pactando con esta gente están asumiendo ese mensaje de normalidad porque no hay relato de contrapeso que denuncie que cada paso que da el mundo abertzale en el presente es un homenaje a lo que han hecho».

La ministra Isabel Celaá lo deja claro: «Si en España no hay ninguna fuerza política ilegalizada eso quiere decir que todas las fuerzas políticas que han conseguido escaños son “legales y legítimas”».

También Otegi es franco: «Hay 250 presos de ETA y habrá 250 recibimientos».

Navarra es el nuevo laboratorio español en el que experimentará con nuestro adocenamiento social, buscando los límites de nuestra capacidad de evaporar principios y valores a cambio de comodidad. «Los socialistas juegan con fuego», asegura Maite Pagaza. Recibimientos a asesinos, despedida a la Guardia Civil.

Naturalidad y normalidad. Tranquilidad, pueblo, no se alteren ustedes por tonterías, pónganse otra serie.

«Si me percibo como pájaro, mi Gobierno progresista, en lugar de llevarme a un psiquiátrico, exigirá a todos los ciudadanos que me den alpiste» (Jordan Peterson).