Así es llamarse como Pablo Iglesias, Pedro Sánchez o Santiago Abascal

LA RAZÓN se ha puesto en contacto con tocayos de los principales líderes políticos para saber cómo les afectan las elecciones

Las redes sociales han colocado en el punto de mira a usuarios anónimos

Este periódico se ha puesto en contacto con los tocayos de los líderes políticos, cabeza de lista a las Elecciones Generales del 10-N, y con algún que otro “problemático” conjunto de nombre y apellido

Qué duda cabe que la primera vez que Pablo Iglesias se dio cuenta de que su nombre era igual que el del fundador del Partido Socialista Obrero Español, debió resultarle chocante. Así que llamarse Pedro Sánchez, Santiago Abascal, Pablo Casado e incluso Carmen Calvo, puede resultar, aunque solo sea un poco, incómodo y surrealista. Este periódico se ha puesto en contacto con los tocayos de los líderes políticos, cabeza de lista a las Elecciones Generales del 10-N, y con algún que otro “problemático” conjunto de nombre y apellido.

“Cuando se anunciaron las primarias del Partido Popular hacía bromas con los amigos y les aseguraba que «ojalá no ganase» Pablo Casado para evitar las bromas y las confusiones”, nos cuenta Pablo Casado, o sea, el otro, que decidió transformarlo en una costumbre cada vez que hay elecciones. Los últimos años, no para, será por convocatorias electorales. Y es que las redes sociales han agudizado la exposición pública de estos tocayos, que, en muchos casos han tenido que aclarar la confusión en su biografía de las redes sociales, o renunciar a la fórmula de nombre y apellido para crear sus cuentas en ellas o sus propios correos electrónicos. “Anda como el del PP”, es la frase que más le dicen a Pablo Casado, o sea, el otro. “Durante una temporada, los responsables de rrss del canal 24 horas de Televisión Española me citaban a mí en lugar de la cuenta oficial del político, y eso derivaba en multitud de menciones, retuits, mucho insulto”. La solución pasó por escribir al canal para que corrigiese el error. Algo más divertida fue la situación en la que al ir a comer en un restaurante de la calle Génova, en la que se encuentra la sede del PP, “me llamaron por el altavoz para darme el turno y muchos levantaron la cabeza para comprobar quién entraba”, según Pablo Casado, o sea, el otro.

Pablo Iglesias “ya sabía quien era antes de hacerse famoso porque en aquella época yo monitorizaba mi nombre online, ya que participaba a menudo en eventos de mi sector y me resultaba útil por si me mencionaban”, nos cuenta Pablo Iglesias, o sea, una persona de la misma edad del líder de Podemos, diseñador gráfico y web en el sector del e-learning en Krasis.com. Cuenta que no ha tenido ni beneficios ni perjuicios por tener el mismo nombre, aunque dice que cuando sube “la temperatura política” y se le llenan las redes sociales de gente insultándole: “si me hubieran dado un euro por cada vez que me han dicho que me vaya a Venezuela....”. Él lo tiene más interiorizado, porque al ser un apellido común en su localidad natal, Vigo, ha llegado a haber hasta tres “Pablo Iglesias” en el mismo curso, ninguno él, el de Podemos, digo. En situaciones surrealistas gana seguro puesto que ya tenía adjudicados desde hace tiempo nombres por los que ahora pagarían un dineral. “Alguien intentó una vez hacerse pasar burdamente por un representante de Podemos para reclamarme mi usuario de Instagram que es @PabloIglesias. Y también han intentado robar la cuenta en alguna ocasión”, dice nuestro Iglesias, que también tiene un “anzuelo” en su dominio piglesias.com. No quiere ni imaginarse “la cantidad de burradas que le deben soltar e él -al otro Iglesias, al político- porque a mí me llega una mínima parte”.

Tampoco ser presidente del Gobierno por equivocación tiene que ser fácil. Pedro Sánchez, el otro, el que no es político, nos cuenta que al estar vinculado al sector internet desde 2006 y estar presente en Twitter dos años que el presidente del Gobierno en funciones “mi nombre salía en el buscador al estar conectado con cuentas relevantes de Prensa si buscabas Pedro Sánchez”. Así incluso ha avisado a Pedro Sánchez, al otro, al político, cuando había confusiones de relevancia, como cuando Hora 25, el programa de radio estaba usando el nick de nuestro amigo en lugar del de @SanchezCastejon.

Cuando comenzó a crecer la visibilidad del líder del PSOE comenzó a utilizar “mis dos apellidos de forma sistemática desde entonces para mi marca personal”. “Desde entonces, y especialmente cuando hay contiendas electorales, recibo menciones pero sobretodo mensajes directos (tengo abierto los DMs por motivos profesionales) de todos los colores... Simpatizantes o afiliados que animan o felicitan, pero también gente crítica (curiosamente no tan virulentos, y cada vez menos ). Si son mensajes muy elaborados suelo responder : “Me confundes con @sanchezcastejon”, nos explica Sánchez, que sí que nota cierta amabilidad a la hora de pedir un taxi y “omito convenientemente mi segundo apellido”.

Y llegamos a Santiago Abascal, no ese que están pensando, el otro. Aquel que ya sabía de la existencia del líder de Vox “desde que era líder de las juventudes del PP en el País Vasco hace años, en los de ETA, que su padre sufrió bastante”. Pero ni siquiera él, que se llama igual, imaginó que fuera a causar “tanto revuelo”. Así cuando comenzó a estar en las bocas de los comentaristas políticos “y cuando había alguna tertulia política tenía alguna mención en Twitter”. Llegado el momento de las elecciones andaluzas y generales aquello explotó y con una confusión de Rafael Hernando, que “me citó mal en twitter y tuve más de 15.000 menciones”. Los últimos seis años ha vivido en México, nuestro Abascal no el de la barba, y le resulta graciosa la coincidencia. Como caso particular nos confiesa que “una vez uno se me comunicó por privado ofreciéndose para trabajar en la campaña y le troleé un poco hasta que le dije que no era yo, y me contestó que me iba a denunciar y que era un hijo de puta”.

Bollos y otras coincidencias

Fuera de la primera línea política, pero muy cerca. LA RAZÓN ha hablado con Carmen Calvo, pero no con la vicepresidenta en funciones, con la periodista que fue corresponsal en Singapur y Dinamarca para un diario nacional y que recuerda a su tocaya “desde que era ministra de Cultura, pero es verdad que en este periodo está tomando mayor protagonismo”. Refrenda la idea de que las redes sociales han acelerado el fenómeno de la confusión y “cuando digo mi nombre en algún sitio, hay gente que se gira para comprobar si soy ella”. Sin ir más lejos, Calvo confiesa que más allá de las bromas de amigos, si que cuando tiene que llamar a un restaurante y tiene que dar nombre a la reserva “porque mi marido tiene un apellido complicadísimo”, nota “un exceso de amabilidad por teléfono”. Cuando la ministra de la Presidencia comenzó en Twitter, nuestra tocaya notó que “empezó a seguirme gente que no era el perfil de seguidores que tengo habitualmente. Algunos me insultaban”. Al final, la semana pasada se cambió la biografía de su perfil de la red social para que nadie se lleve a engaño.

El caso de esta usuaria es más particular si cabe. Su apellido, Tejero, le ha valido siempre las bromas de sus amigos, que consisten en cuadrarse ante ella o gritar “¡Todo el mundo al suelo!”, pero también “situaciones incómodas”. Afortunadamente el problema se diluyó cuando se hizo famoso Fernando Tejero de “Aquí no hay quien viva” y “la gente nos va dejando de relacionar con el otro señor”. “Recuerdo una vez que hice una reserva de un juguete en una juguetería y al preguntarme mi nombre, la mujer de la tienda se quedó petrificada y empezó a temblarle el pulso mientras escribía mi nombre. Le pregunté si se encontraba bien, supuse que era por el apellido y le dije, no te preocupes, no conozco a ese hombre y no tengo nada que ver con él. La pobre suspiró aliviada y me comentó que era la primera vez que se encontraba con alguien con mi apellido y que al ser Andaluza pensaba que era hija o nieta de él y que tenía muy mal recuerdo de ese fatídico día”, explica Carmen Calvo, la nuestra, no la ministra. Para rematar, una historia de la mili: “Casualidades de la vida, resulta que el famoso día 23 de febrero del año 81, mi padre estaba haciendo el servicio militar en Madrid. De pronto un alto mando, lo hizo llamar al despacho y le preguntó a mi padre si era familiar del que estaba en ese momento dentro del Congreso de los Diputados. Finalmente le hizo brindar por los cojones del Teniente Coronel Tejero con una copa de fino “La Ina”. Aunque en ese momento, seguramente pasó bastantes nervios, hoy en día lo recuerda como una anécdota entre risas”.

La parte dulce de esta historia se la lleva la “Bollería Pablo Iglesias”, que se encuentra en Cuéllar (Segovia), en la que, según nos cuenta Mari Carmen, la dueña, “no ha pasado nada raro”. El establecimiento, que perteneció a su abuelo y luego a su padre y lleva abierto 42 años, lleva el nombre de su progenitor, que a veces bromea con los conocidos con que “Pablo Iglesias, pero no el de la coleta”. Más de eso no les ha causado ningún perjuicio llamarse como el líder de Podemos, pero no pudimos resistirnos a preguntarles si hacen “coletas” dulces: “Hacemos trenzas, pero se llaman Fabiolas”. Todo claro, su padre se llamaba como el fundador del PSOE y a veces cuando entregaba pan en “la Granja de San Ildefonso visitaba a un cliente que se llamaba Felipe González”, nos dice Mari Carmen entre risas. Ningún problema más allá de eso, me imagino que ni siquiera encontrar en la papeleta que uno se llama igual que el que va a votar, que es como votarse a sí mismo... Espera...