Política

División en el hemiciclo y en la calle

El nuevo president del Parlament, Roger Torrent, asume el reto de «contribuir a coser la sociedad catalana»

Las afueras del Parc de la Ciutadella presencia la pugna entre jubilados soberanistas que cualgan lazos en las vallas y los que reclaman un Govern que gobierne para todos
Las afueras del Parc de la Ciutadella presencia la pugna entre jubilados soberanistas que cualgan lazos en las vallas y los que reclaman un Govern que gobierne para todos

El nuevo president del Parlament, Roger Torrent, asume el reto de «contribuir a coser la sociedad catalana».

Cataluña se había aficionado a vivir días históricos. El 6 y 7 de septiembre aprobaba las llamadas leyes de desconexión para abonar el terreno de la independencia. El 1 de octubre celebraba un referéndum ilegal que acabaría como el rosario de la aurora. Luego vino el 27 de octubre, cuando el Parlament declaró la independencia de la república catalana y en pararelo el Senado aplicó el 155. Y como colofón, el 21 de diciembre vivió unas elecciones que batieron récord de participación con la intención de deshacer el embrollo político en el que los soberanistas la han metido. Tanto se había habituado a convertir días ordinarios en históricos que ayer, en la sesión constitutiva del pleno del Parlament, había cientos de periodistas, agentes de mossos escoltando el Parc de la Ciutadella por orden del Gobierno, en aplicación del 155, y centenares de ciudadanos en los alrededores, aunque muchos menos que en otras ocasiones. Además del agotamiento que supone movilizarse un día sí y otro también, eran menos porque el día de ayer no tenía nada de histórico. Arrancó una legislatura más, la número XII. El diputado de ERC, Roger Torrent, fue investido presidente del Parlament, tal y como estaba previsto. Y la mesa quedó con dos diputados de Junts per Catalunya, dos de ERC, dos de Ciudadanos y uno del PSC. Ninguna sorpresa. Sólo un noveno voto en blanco en primera ronda que no se sabe de dónde sale. Los comunes, que eran quienes se abstenían suman ocho diputados. Alguien del PP, Ciutadans o el PSC también se abstuvo.

En todo caso, la de ayer fue una sesión con mucha simbología. Faltaban ocho diputados de Junts per Catalunya y ERC, 3 encarcelados (Junqueras, Forn y Sànchez) y 5 exiliados (Puigdemont, Ponsatí, Comín, Serret y Puig). Cada vez que se pronunciaban sus nombres, los independentistas aplaudían. Sus escaños quedaron vacíos estratégicamente y vestidos con un gran lazo amarillo. Los mismos lazos que un grupo de jubilados anudaba a contrarreloj en la valla que rodea el Parc de la Ciutadella, donde se alberga el Parlament, antes de que empezara la sesión. Los servicios de limpieza se tiraban de los pelos, también las personas que habían venido a pasear y se encontraron con medidas de seguridad extremas: todos los accesos cerrados y el parque vacío. Por echar, la policía echó hasta los vagabundos que esperaban fuera resignados con la casa a cuestas a ver cuándo podían volver a tumbarse en la hierba.

Las escenas en los alrededores de la Ciutadella eran de una película con guión de Cobeaga y San Miguel (Ocho apellidos vascos). Jubilados pidiendo más cinta amarilla para anudar más lazos; padres y madres, que habían venido hasta el parque empujando carritos con niños locos por jugar, perplejos; vecinos con perros que solo querían deshacerse de la correa, más perplejos, y turistas descolocados. Un jubilado que pasaba por allí, pero de los que no quiere la independencia, no se pudo reprimir y espetó: «¡Viva la izquierda y los trabajadores, y no la mierda de los burgueses estos!». Lo decía señalando al Parlament y los lazos amarillos con rabia. ¡Al traste su plan de pasear por el Parc de la Ciutadella!

Ya en la entrada, una especie en peligro d extinción, trabajadores que aún creen en el eje izquierda-derecha y que reclamaban un Govern q haga justicia a su nombre, eso es que gobierne para todos, que luche contra los recortes y la corrupción. Eran los de la plataforma recortes cero. A sólo unos metros, a los soberanistas no les gustó que se metan con su gobierno en el exilio, que es también el de los recortes. Y replicaban «el pueblo manda, el Gobierno obedece». Iba por el Gobierno de Mariano Rajoy para que no interceda en la proclamación de Carles Puigdemont como president de la Generalitat. Aunque los propios letrados del Parlament avisan de que no puede ser investido a distancia y hasta ERC recela.

Dentro del hemiciclo, las mismas discrepancias. Ernest Maragall, que ejercía como diputado de más edad de presidente de la Mesa del Parlament, en modo poético, con cuatro versos de «El cant de la senyera», llamó al «pueblo catalán» a ser tenaz y perseverante en para acelerar la libertad de los diputados presos y el regreso de los cinco exiliados. A la líder de la oposición, Inés Arrimadas, no le gustó el discurso. «Hemos asistido a un mitin de ERC que no se corresponde con la mayoría del Parlament. Empezamos con mal pie», apuntó.

La división que se vio fuera se dibujaba en el hemiciclo, aunque ahora, por decisión de los soberanistas, los dos bloques son menos visibles porque se han mezclado en las bancadas. Es hora de hacer política. El nuevo presidente del Parlament hizo un discurso conciliador: «Quiero contribuir a coser la sociedad catalana». Aunque también tuvo palabras a favor de la revolución feminista y en la mesa del Parlament de los siete miembros, sólo uno es mujer. El tiempo juzgará.