Debate de opuestos en el pueblo de Guardiola

Ramon Bosch, ex presidente de Societat Civil Catalana, reúne en Santpedor a cuatro amigos de distinta ideología. El mantra ante el futbolín: «No intentamos convencernos».

Ramon Bosch con sus amigos en torno a un futbolín mientras hablan de política en Santpedor
Ramon Bosch con sus amigos en torno a un futbolín mientras hablan de política en Santpedor

Ramon Bosch, ex presidente de Societat Civil Catalana, reúne en Santpedor a cuatro amigos de distinta ideología. El mantra ante el futbolín: «No intentamos convencernos».

Mañana en el Camp Nou, si Messi marca, el estadio se pondrá de pie y enloquecerá. La gente abrazará a quien tenga al lado sin importarle si esa mañana quería ir o no a votar. El fútbol une a independentistas de corazón; a independentistas de bolsillo; a gente que hubiera votado «no» en un referéndum pactado con el Estado, pero que irá a votar como protesta por el acoso a las instituciones catalanas de los últimos días; a no independentistas «porque nadie me ha convencido de que la independencia es lo mejor»; a gente que no va a votar porque se siente tan español como catalán y le parece un disparate la ruptura.

Son gente como Josep, Albert, Jaume y Alberto, amigos de Ramon Bosch, que el ex presidente de Societat Civil Catalana reúne en su casa de Santpedor, el pueblo de Pep Guardiola, para charlar de política. Él mismo bromea y se presenta como «el facha del grupo». Está acostumbrado a que en Cataluña se confunda la defensa de la unidad de España con ser de extrema derecha. La mayoría se conoce del colegio y con el resto la amistad se fraguó domingo a domingo, en los partidos del equipo de fútbol de sus hijos, el Santpedor. Todos aullaban como si estuvieran enamorados de la luna cuando los chicos metían un gol. No importaba que Bosch militara en el PP y Albert se presentara como independiente por CiU.

Este grupo de amigos, que roza la cincuentena, queda cada sábado para desayunar. «Hablamos de chismorreos, mujeres, hijos y vacaciones», dicen. No suelen hablar de política, pero el choque de carneros entre Rajoy y Puigdemont les anima. «No intentamos convencernos», dice Josep. Ese es uno de los secretos de su magnífica relación. Aunque para sorpresa suya están de acuerdo en algunas cosas. Uno, que «este referéndum está hecho para llamar la atención del resto de Europa». Dos, que «no habrá una hecatombe y el día 2 todos iremos a trabajar». Y tres, que «España necesita abordar una segunda Transición».

Comparten que el lunes se certificará que el Estado impidió el referéndum, pero no una movilización sin precedentes que obligará a dialogar. En su pueblo descartan que haya incidentes, «Cataluña es un pueblo pacífico», pero en Barcelona «puede que haya alguno aislado», coinciden. También creen que Rajoy y Puigdemont saldrán tocados de este enfrentamiento, por lo que no descartan unas elecciones que «lo puede cambiar todo».

Bosch cree que hemos llegado a este callejón de difícil salida con una sociedad catalana dividida, un escenario difícil de gestionar para cualquier fuerza política. «Es evidente que Cataluña no ha sido bien tratada en el tema fiscal y lingüístico, pero primero Jordi Pujol y después Artur Mas plantearon una huída hacia adelante para tapar sus problemas de corrupción». Albert le contesta que se ha sentido herido por el PP, «cuando ha utilizado a los catalanes para beneficio propio, como en la campaña de recogida de firmas contra el Estatut».

Sale entonces la fecha de 2010, cuando la sentencia del Constitucional contra el Estatut hizo levantar a muchos catalanes del sofá y prendió un sentimiento soberanista. Desde entonces, Bosch asegura que en Santpedor, territorio carlista, «se ha cambiado Dios, Patria y Rey, por la república, la barretina y la estelada». «Los carlistas, ERC, siguen al mando, y la CUP son los trabucares», describe. Todos ríen.

Albert asegura que Cataluña necesitaba un revulsivo. Jaume añade que el PSOE también encendió la llama independentista. La frase de Alfonso Guerra en 2006 alardeando del «cepillado» que le habían hecho al Estatut pasó a los anales de la historia del independentismo catalán. Aunque fue en 2012, cuando Rajoy niega a Mas negociar el pacto fiscal, cuando los independentistas se multiplican. «La pela és la pela», dicen en Cataluña. Bosch menciona la «exitosa» campaña de los soberanistas en los medios de comunicación con el «gol» de «España nos roba».

Alberto interviene: «la campaña ha sido inexistente, el dilema entre independencia o no independencia ha sido relegado por el debate entre quienes dicen movilizarse en defensa de sus derechos y quienes defienden la legalidad. Nadie ha explicado si la independencia beneficia o no su economía». Y recuerda que Xavier Sala i Martín advierte de que en el supuesto de que Cataluña saliera del euro su moneda se devaluaría un 30 por ciento «Y si sigue en el euro, la financiación será más cara porque el Banco Europeo subirá los tipos de interés. Son unos suicidas».

Alberto lanza otra pregunta incómoda, «¿créeis que los niños de 13 años saben por qué se manifiestan?». Jaume lamenta entonces que se haga bullying a los hijos de los policías que viven en el cuartel del Manresa. El lunes irán a trabajar. Pero Bosch defiende que Cataluña debería reinventarse desde la base. Teme unas elecciones en que ERC acaba con el PDECAT. Entonces «vamos hacia una DUI». Y una declaración de independencia puede traer a Cataluña males mayores.