España

Doña Letizia: «Los Reyes también son un equipo»

En el círculo interior, con mucha seriedad, un férreo autocontrol y ganas de supervisarlo todo. De puertas afuera, en audiencias y actos oficiales, más cercana, simpática y con otros gestos. Así observan a Letizia Ortiz Rocasolano, todavía Princesa de Asturias, quienes comparten con ella estos días trepidantes en su camino hacia el Trono. Algunos de ellos llevan ya largos años de trabajo en La Zarzuela y están en pista de salida. «Es lógico que los nuevos Reyes hagan su equipo», reconocen, si bien desde la Casa se insiste en una línea de continuidad. Todos coinciden en que vive este cuento de hadas con tablas y profesionalidad. Ella misma, añaden, se ha fijado en el ejemplo de Doña Sofía, aunque tiene personalidad propia: «Será una gran Reina y una buena compañera, pero a todas luces diferente», aseguran.

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Han pasado diez años desde aquella frase, «déjame terminar», que le espetó al Príncipe el día de su compromiso. Ello daba muestras de su fuerte carácter, el inicio de un camino que ha sido «una carrera de fondo». Observada con lupa hasta el último detalle, comparada siempre con la Reina Sofía y las Infantas Elena y Cristina, ha vivido un duro periodo de aprendizaje y adaptación. «Con altibajos, pero sin errores importantes», dicen personas veteranas en la Casa del Rey. Guapa, inteligente, meticulosa y creativa, su lucha ha estado entre «el espacio propio» y los deberes de su rango. Discutida por sus escapadas privadas, nadie duda que le obsesiona conectar con la calle, vivir la realidad y traer «un aire fresco» para la Corona. En su círculo de amigos y en su entorno de trabajo la ven muy cambiada desde la abdicación de Don Juan Carlos. «No está nerviosa, pero sí muy autocontrolada, con un afán enorme por quedar bien y mejorar su imagen». En definitiva, estar a la altura.

El deseo de representar con dignidad a la Institución, pero también con cercanía, lo ha puesto ella misma de manifiesto. «Hay que ser menos cortesanos y más urbanos», les confesó recientemente a un grupo de amigos, que ha mantenido desde sus años de profesión. Ese rechazo a una Corte lisonjera y su deseo de «pisar la calle» son claves en su actuación. A Letizia no le gustan nada los aduladores y sabe bien que la pervivencia de una Monarquía moderna se basa en dos pilares: ejemplo y cercanía. No son tiempos de altivez y distancia, por lo que desde su matrimonio con el Príncipe ha querido sacarle de palacio, acudir a cenar, al cine o al teatro como una pareja normal. Ésta es una de las incógnitas de la nueva etapa, dado que como Reyes habrán de restringir muchas de estas salidas.

Desde que se conoció la noticia de la abdicación, la conducta de la Princesa ha sido muy distinta, afirman quienes han tratado con ella. En el Monasterio de Leyre se la vio «muy tierna» con el sacerdote ganador del Premio Príncipe de Viana, un anciano de noventa y dos años, a quien acogió con un cariñoso gesto por el brazo. Idéntico gesto realizó con los patronos de la Fundación Príncipe de Asturias en un acto en el Palacio Real. «Estaba mucho más simpática, con ganas de agradar y dar conversación». Expertos en protocolo indican que sus largos años ante las cámaras de televisión le dan «tablas y aplomo». Es una mujer de gran voluntad, controladora de sus gestos e imagen. «Sabe mirar y hablar», opinan en los servicios protocolarios del Estado. «No demuestra nervios por fuera, pero sí mucho autocontrol y perspicacia», insisten.

Sagaz y muy observadora, es consciente de que su popularidad es la más baja de la Familia Real, por lo que está dispuesta a mejorarla con esfuerzo. De mirada franca, sonrisa impecable y extrema delgadez, ha tenido en estos años vaivenes de carácter. «Algo que ahora está limando con inteligencia, al menos en público parece otra», afirman en su entorno. Un detalle: estos días ha tomado por el brazo al Príncipe mucho más a menudo. «Es un gesto revelador, con la clara intención de exhibir una perfecta sintonía de pareja», opinan expertos en imagen. Salta a la vista que los Príncipes están enamorados y tienen total complicidad. Su cruce de miradas, sus manos entrelazadas se han intensificado en estos agitados y trascendentes días.

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Con sus facciones dulcificadas, tras los arreglos que se hizo en la nariz y el mentón, ha cambiado también el maquillaje, con más realce en las pestañas y un denso «rouge» en los labios. Varios estilistas coinciden en que los ojos verdes y la sonrisa son dos de sus grandes atractivos. De igual modo, ha variado cuidadosamente el estilo de vestir y se ha decantado más por el negro. «El negro le confiere seriedad y un toque de distinción en su delgadez», aseguran. Sus incondicionales zapatos de tacón alto y alguna joya elegante, como los pendientes en forma de lágrima, realzan su rostro. En general, todos la ven distinta: «Está mucho más sofisticada».

Ríos de tinta se han escrito sobre su carácter, mandona y con genio. Pero sus amigos íntimos la definen como «perfeccionista y afable». Entre ellos, periodistas como Esther Jaén, Almudena Barmejo, Ana Prieto y Sagrario Ruiz de Apodaca, esposa de Lorenzo Milá, testigo en su boda junto a otro íntimo de la Princesa, Chechu Castro, editor en el departamento de Efe Televisión. Un profesional muy discreto, que jamás ha hecho alarde de su amistad con Letizia. Con él estuvo especialmente cariñosa en la inauguración del nuevo edificio de la Agencia, recordando la etapa en la que trabajó varios meses. Ese día demostró lo poco que le gustan los aduladores. Una invitada de noble apellido se acercó para piropear con exageración al Príncipe. «Pues no se lo digas tanto, no sea que se lo crea», le soltó a la «pelotera» dama.

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Quienes bien la conocen y han trabajado estos años junto a ella opinan que no es tan fría y calculadora como se dice. «Es profesional, rigurosa y se implica en todo el cien por cien». Una de las ocasiones en que más se molestó fue cuando se filtraron algunos rumores sobre si recibía terapia médica para controlar el estrés. «Rotundamente falso», atajan en Zarzuela. Según sus amigos, nunca ha necesitado este tipo de ayuda y sabe relajarse con pilates, yoga, o cuando se calza unos vaqueros y sale con el Príncipe. «El psicólogo del uno es el otro», afirman sobre la estabilidad emocional de la pareja.

De manera que la futura Reina de España afronta esta etapa histórica de su vida bajo una imponente mirada escrutadora. Consciente de su inevitable comparación con Doña Sofía, de la envidia e incomodo que provoca en algunos sectores monárquicos, está segura de que podrá con ello. «Letizia sabe volar sola, pero también será la mejor compañera del Rey», dicen quienes la conocen. En este difícil equilibrio, entre la magnitud de la Corona y pisar la calle, estará su papel. Todo el mundo piensa que imprimirá un nuevo giro a la Casa. «Ahora ya manda de verdad», admiten. No obstante, añaden que esas dotes de mando las lleva a rajatabla en la educación de sus hijas, Leonor y Sofía, y en la intimidad familiar. Pero que en la agenda institucional, Don Felipe tiene la última palabra. En su entorno cercano, se le ha escuchado decir con pragmatismo: «Los Reyes también son un equipo». La jugada de Doña Letizia empieza ahora y, como avezada periodista, sabe que el piloto se enciende y sale a escena. En vivo y en directo.