Echenique marca a los «errejoners»

El nuevo secretario de organización marca la alianza con IU y desplazará a Errejón y su equipo en el diseño de la campaña electoral: más calle y más radicales

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, se hace una foto con el secretario de Organización de la formación, Pablo Echenique, el viernes en Pamplona
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, se hace una foto con el secretario de Organización de la formación, Pablo Echenique, el viernes en Pamplona

El nuevo secretario de organización marca la alianza con IU y desplazará a Errejón y su equipo en el diseño de la campaña electoral: más calle y más radicales

El panorama de unas nuevas elecciones generales no será el mismo en Podemos. Las circunstancias vividas desde el pasado 20 de diciembre han transformado a la formación morada en diversos aspectos que han afectado incluso a lo más alto de su cúpula dirigente. Ante el escenario de una nueva convocatoria electoral, que nunca fue abandonado como hipótesis de trabajo por los responsables de la dirección de Podemos, el partido morado tiene previsto mantener, en líneas generales, las mismas listas y las mismas líneas de campaña que en las elecciones del 20-D. Pero algunos matices sí que van a cambiar.

Para empezar, Pablo Iglesias ha decidido arrinconar la «transversalidad» y el discurso de «los de arriba y los de abajo» en favor de una apuesta decidida por la izquierda pura y dura. Este giro busca una confluencia con Izquierda Unida (IU) después de que el secretario general de Podemos haya estrechado lazos en estos meses de actividad parlamentaria con Alberto Garzón. A las relaciones personales se ha sumado otra cuestión importante para Iglesias: desde su veteranía como diputado y con una cierta afinidad ideológica, el dirigente de IU le ha servido como guía dentro de un Congreso en el que no tenía idea de por dónde moverse en todos los sentidos.

Temor a más «purgas»

La decisión de apostar por el giro a la izquierda se suma también a movimientos internos dentro de Podemos que afectan al secretario político, Íñigo Errejón. El número dos del partido morado es el principal afectado por los cambios. Si hace unas semanas Iglesias decapitó a su hombre de confianza Sergio Pascual como secretario de Organización, la sustitución por Pablo Echenique no fue baladí.

A diferencia de Pascual, y del propio Errejón, Echenique mantiene una postura más favorable a los círculos como elemento de organización mientras que los llamados «errejonistas» apostaban por la activación de una estructura de partido clásica. De hecho, las quejas sobre la desafección en los círculos eran constantes y para paliar esa situación el nuevo responsable de Organización, con la aquiescencia de Iglesias, ha puesto en marcha una campaña de agitación que incluye desde giras con el número uno del partido –bajo la denominación «Atarse los cordones», una expresión muy usada por Errejón– a la Fiesta de la Primavera que tendrá lugar este domingo en Madrid y que supondrá una vuelta al espíritu 15-M para agitar la calle.

La «fiesta del PCE en morado», como la han denominado algunos críticos, es fruto del equipo de Iglesias y del propio Echenique y se encuentra a medio camino entre un acto preelectoral y una reactivación de los círculos. Los «errejoners», como son tildados de forma despectiva los fieles al secretario político, también contemplan con resquemor movimientos para ser apartados de los puestos clave del partido, incluyendo los de tipo intelectual o teórico como el área de discurso de Jorge Moruno o el Instituto 25-M para la Democracia de Jorge Lago.

Por ahora, y con unas posibles elecciones a la vuelta de la esquina, lo que sí parece claro es que Iglesias quiere cortejar a IU y alejarse del discurso pergeñado por su número dos hasta el momento. Con respecto a IU, el líder de Podemos aprecia el millón de votos obtenido por la coalición en las generales del 20-D y la posibilidad de frenar en seco una hipotética fuga de votos que regresaría a las filas de Garzón, según apuntan las mismas encuestas que los dirigentes morados desprecian en público y analizan con minuciosidad en privado.

El puente de Anguita

A pesar de todo, dirigentes de Podemos siguen considerando en «petit comité» que la confluencia con IU no está hecha. Otros, sin embargo, dan por hecho el acuerdo a falta de que Garzón imponga su autoridad y sus tesis en la coalición, donde se enfrenta a las reticencias de veteranos como Cayo Lara o Gaspar Llamazares. Pese a ello, Garzón cuenta con otros peones de altura a su favor como Julio Anguita o, más desconocido pero también influyente, Manuel Monereo, que lleva meses ejerciendo como puente entre Podemos e IU en base a una relación que va más allá de la política.

Con esta situación, la derrota de Errejón sería total. El secretario político no sólo pierde el control de la Secretaría de Organización –ahora puesta directamente bajo el mando de la Secretaría General de Iglesias– sino que también ve cómo se derrumba toda la estrategia montada desde hace más de un año. Por descontado, la confluencia con IU no era precisamente uno de los ejes de la misma.

En la primavera pasada hubiera sido impensable un ejercicio similar. «Quien quiera ir con Podemos, primero tendrá que entrar en Podemos», advertían entonces con la resaca de unas encuestas con resultados de escándalo para el partido morado.

Así, queda por ver el papel del propio Errejón de cara a una posible campaña electoral. Hasta ahora el número dos había controlado la responsabilidad de las campañas pero todo parece indicar que eso ha tocado a su fin. La formación del equipo de campaña, en principio, correría de la mano de la Secretaría General y si Errejón volviese a formar como jefe de la misma se da por hecho que lo haría escoltado por otros miembros cercanos al ya todo poderoso Iglesias y sin las atribuciones con que ha contado en otros momentos.