España

El día que la marquesa de La Rambla hizo historia

Concepción Loring fue la primera en intervenir en el actual Congreso.

Concepción Loring fue la primera en intervenir en el actual Congreso.

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El 1 de septiembre de 1931 Clara Campoamor se subía a la tribuna para convertirse en la primera mujer que realizaba un discurso en las Cortes españolas. No fue, sin embargo, la primera fémina en intervenir en el actual hemiciclo. Apenas cuatro años antes Concepción Loring Heredia, Marquesa de la Rambla, ya había pronunciado un discurso ante sus señorías. Eran los años de la dictadura de Miguel Primo de Rivera y el Estatuto Municipal de 1924, que aprobaba por primera vez en España la participación de las mujeres en política, permitía la aparición de 15 nombres femeninos –apenas llegaron a tomar posesión trece– entre los 429 integrantes de la Asamblea Nacional que se constituyó en octubre de 1927.

Loring de Heredia, que para entonces ya rondaba los sesenta años, había formado parte de la alta burguesía malagueña y residía en Úbeda desde su matrimonio con el Marqués de la Rambla en 1893. En la ciudad jienense su vinculación con eventos sociales y filantrópicos la había convertido en presidenta del comité local de la Cruz Roja y le había granjeado la distinción de la Orden de Damas Nobles de María Luisa, otorgada por Alfonso XIII, en reconocimiento de su trabajo. Estos méritos, junto con su formación, fueron los que hicieron que Primo de Rivera pusiera sus ojos en ella y la propusiera para el organismo que debía redactar la nueva Constitución. Así, el 27 de noviembre de 1927, la marquesa viuda de La Rambla realizaba su primera interpelación en la Cámara para tratar con el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Eduardo Callejo de la Cuesta, la enseñanza de la religión en los institutos.

«Quiero que mis primeras frases sean para saludar al Gobierno de S. M. y a toda la Asamblea. Sintiendo después la necesidad de encontrar disculpa por lo que pudiese parecer osadía (y, es obligación precisa) el ser la primera mujer que hace uso de la palabra desde este sitio, y siendo tan notoria la superior competencia de mis compañeras. La cuestión a tratar, más que de ciencia, puede llamarse de conciencia, y cuando ésta lo pide hay que decir el parecer sencillamente, con la misma nobleza que se nos ha pedido que hablemos aquí, con toda claridad», fueron sus primeras palabras, precedidas de «grandes aplausos», según quedó recogido en el Diario de Sesiones. Durante su intervención la marquesa demandó una mayor presencia de la asignatura de religión y «garantías» en la educación secundaria que entonces era de elección voluntaria y podía ser dispensada a los bachilleres a petición de sus padres. Con las Cortes disueltas, las proposiciones y debates tenían un mero carácter consultivo y la intervención de la marquesa no tuvo carácter legislativo alguno aunque ella quiso insistir: «Eso –el estudio de la religión– se queda para niños y mujeres, más o menos beatas. Si los estados se hubiesen percatado a tiempo que si no es disculpa en los individuos pecar por falta de conocimientos, teniendo medios para aprender, es obligación precisa de los Gobiernos procurar facilidades para ello», añadió.

El ministro, más allá de recoger el guante, se excusó en que la reforma de tan importante asunto no podría partir únicamente de su ministerio, sino que necesitaría que la emprendiera el Gobierno al que trasladaba las palabras de Loring de Heredia. Callejo no pasó por alto, sin embargo, que había sido el objetivo de la primera mujer que hablaba desde la tribuna de la sede del actual Congreso y quiso hacerle un reconocimiento: «Señores asambleístas; antes de tener el honor de contestar a la interpelación que se ha dignado dirigirme la señora marquesa de la Rambla, cumplo un deber, más de justicia que de cortesía, felicitándola muy afectuosa, muy sinceramente, por haber sido la primera dama que habla en la Asamblea y podemos decir también que en este recinto. Hecho y momento histórico que conviene señalar. Además, ha elegido un tema muy simpático, muy español y genuinamente femenino, porque es hermoso ver cómo estas damas, que el Gobierno quiso traer a la Asamblea para que la mujer participase políticamente en la gobernación del Estado, vienen a propugnar por ideales que les son tan queridos, por algo que representa como un fondo racial: el defender la educación religiosa para los pueblos».

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