El PP limitará los mandatos pero deja abiertas las primarias

Rajoy frena hasta después de las generales los trabajos sobre democracia interna de la Conferencia Política de julio.

La presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre, y la presidenta de la Comunidad madrileña, Cristina Cifuentes, ayer durante un mitin
La presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre, y la presidenta de la Comunidad madrileña, Cristina Cifuentes, ayer durante un mitin

Rajoy frena los trabajos de la Conferencia Política de julio hasta después de las generales. Habrá una referencia a la elección de los candidatos pero no se concretará la fórmula

Los trabajos que el PP inició en su Conferencia Política de julio para aumentar la democracia interna han sido frenados por la dirección. Pero la razón no es que quieran rectificar lo que allí apuntaron, sino que consideran que lo más prudente es esperar a ver qué pasa en las elecciones generales y ajustar los cambios a lo que sea más conveniente para el partido en función de las circunstancias. Las líneas generales ya esbozadas se mantienen, pero el trabajo de escribir el detalle de cómo las concretan ha sido suspendido hasta después de las elecciones. «No es lo mismo acoplar el partido para seguir en el Gobierno o que el PP pase a la oposición», precisan en la cúpula popular.

Si el PP consigue mantener La Moncloa, Mariano Rajoy será más conservador en los cambios que impulse en su organización política para ampliar la participación de la militancia y responder a la demanda de que los partidos se abran más a la sociedad y dejen de estar tan controlados por el «aparato». Si el PP se queda fuera del poder, en Génova sostienen que Rajoy avalará la «catarsis» de la organización política y tendrán que ir al mecanismo de democratización «más osado y aperturista» de los que manejan. Y es que en las bases del PP también se deja sentir ya la exigencia de cambios internos, según reconocen fuentes populares. Esta demanda no es sólo una particularidad de los nuevos tiempos que afecte al votante de izquierdas. Y en el caso de que el PP pierda el poder el 20-D, aunque sea la lista más votada, irá a un congreso absolutamente rupturista con lo que hay ahora, en las personas y en los procedimientos. Y la actual dirección ni podrá impedirlo ni tiene intención de intentarlo, según el análisis interno.

Incluso los tiempos de aplicación de estos cambios están también condicionados por el resultado electoral de acuerdo con la hoja de ruta que manejan dentro de la cúpula. Si Rajoy sigue en Moncloa, la ponencia de Estatutos que recoja estas modificaciones, y que se aprobará en el Congreso Nacional que celebrarán en febrero o marzo, no tiene por qué incluir la cláusula de que se haga vigente en ese cónclave. Los cambios pueden entrar en vigor a partir de los congresos regionales que seguirán al nacional. Pero fuera del poder, esa ponencia y las reformas en la elección de la dirección del partido es posible que se apliquen ya para la que salga de ese cónclave.

El equipo encargado de analizar estos cambios en el funcionamiento interno tiene sobre la mesa varias fórmulas sustitutivas de las «primarias» de la izquierda. Opciones más conservadoras como que el principio de un militante, un voto se limite en su representación; por ejemplo, que quede circunscrito a la Junta Directiva correspondiente, sea nacional, regional o local. Ahí seguirían mandando los cuadros dirigentes, en todo caso, ya que son los que mayoritariamente ocupan estos órganos de dirección. En el otro extremo barajan también la fórmula del voto por internet durante un plazo y para todos los afiliados que quieran participar en ese proceso democrático. Es decir, optar por un cambio sustancial en el método para elegir a su candidato futuro a la presidencia del Gobierno y a los demás candidatos a distintos cargos electos: un voto directo de todos los militantes en un congreso de carácter más asambleario. De tal manera que todos los militantes del PP votarán por métodos informáticos y directos y no representados por compromisarios, como hasta ahora.

Pase lo que pase el 20-D, sí mantendrán el compromiso de la limitación de mandatos a los ocho años. En principio, el comité encargado de la redacción del programa se inclina a favor de que este compromiso vaya entre las líneas generales del documento con el que Rajoy se presentará a los comicios de diciembre. La limitación afectará a los miembros del Ejecutivo, a los presidentes autonómicos y a los Ayuntamientos superiores a 20.000 habitantes.

Y también es una decisión cerrada la limitación de cargos. La máxima de «una persona, un cargo» no quiere decir que no sea posible una doble función, sino que podrán tener un cargo orgánico y otro público, es decir, un puesto en el partido y otro en una institución.

El programa de las generales recogerá, asimismo, la propuesta de cambio de la Ley Electoral, que plantea estudiar un sistema para mejorar la proporcionalidad en las elecciones generales para conseguir «más cercanía, mejor representación y más estabilidad». El sistema, según apuntaron en la Conferencia Política de julio, consistiría en que las provincias con mayor población puedan dividir la circunscripción en varios distritos electorales. Es decir, crear una bolsa de restos electorales de 10 o 15 escaños para distribuir restos de las circunscripciones. Así no se repartirían sólo diputados en función de la ley D’Hont sino que se mejoraría esa proporcionalidad para repartir votos que no se hayan traducido en diputados. El PP mantiene su apuesta por la «prima de gobernabilidad» para que el que gane las elecciones tenga más escaños que los que le corresponde de forma directa y pueda gobernar con más estabilidad. La segunda vuelta en las votaciones sería, en principio, para comunidades y ayuntamientos, pero hasta ahora el PP también ha dejado abierta la puerta a extenderlo a las generales. El cambio en la Ley Electoral exige el máximo consenso, al menos entre los dos principales partidos nacionales. Y todo depende también de la fuerza que consigan en el Congreso Ciudadanos y Podemos.

Bicefalia en la precampaña madrileña

El PP de Madrid arrancó ayer la precampaña electoral estrenando la bicefalia surgida del resultado de las municipales y autonómicas. Por primera vez, Esperanza Aguirre, presidenta de los populares en Madrid, cedió el cierre del mitin a una ovacionada Cristina Cifuentes, de la que nadie duda que tomará el relevo del partido en el próximo congreso regional, previsto para después de las elecciones generales. Acompañada por el vicesecretario de Comunicación, Pablo Casado, Cifuentes no escondió su posicionamiento frente a Aguirre al hablar del PP de Madrid como «un proyecto nuevo» al que invitó a sumarse a los presentes.