El president se exilia en su «búnker»

Carles Puigdemont se dio un auténtico baño de masas ayer en Gerona, paseándose tranquilo por sus calles 24 horas después de declarar la independencia de Cataluña y ante los constantes vítores de sus vecinos.

La casa de Puigdemont está en una urbanización de una zona residencial cerca de Gerona
La casa de Puigdemont está en una urbanización de una zona residencial cerca de Gerona

Carles Puigdemont se dio un auténtico baño de masas ayer en Gerona, paseándose tranquilo por sus calles 24 horas después de declarar la independencia de Cataluña y ante los constantes vítores de sus vecinos.

Carles Puigdemont no parece dispuesto a darse por vencido. No acató ayer su cese como president y usó dependencias de la Generalitat para emitir un discurso en el que expuso su voluntad de seguir adelante con la construcción de la república catalana. Tras ello, se dio un baño de masas en su ciudad, Gerona. Puigdemont, junto a su esposa, la periodista de origen rumano Marcela Topor, se paseó por las calles céntricas de la ciudad arropado por su gente, que le insufló ánimos justo en su momento más crítico: 24 horas después de que el Parlament declarara la independencia y con el acecho de una querella de la Fiscalía por rebelión, además de haber vivido una semana maratoniana e intensa lleno de presiones por el rumbo del «procés». El president ayer proyectaba tranquilidad y ánimo en la ciudad de la que fue alcalde hasta que asumió las riendas del gobierno catalán hace casi dos años.

En esta tesitura, el ex president, que abandonó anoche el Palau de la Generalitat después de haberse reunido con su Govern, durmió en Gerona y ayer por la mañana grabó un mensaje televisivo en respuesta a la aplicación formal del artículo 155, que destituía a todo el ejecutivo catalán. El discurso fue grabado en la sede de la delegación del Govern en Gerona, y tras ello, a pie, se fue a comer a un restaurante ubicado en la Plaça del Vi, donde también está situado el Ayuntamiento. Entre medio recibió muchas muestras de apoyo de los ciudadanos, a los que el respondió con gesto alegre y sereno e incluso permitió hacerse algunos «selfies».

A la salida del restaurante, pasadas las 16 horas, después de la sobremesa, la expectación era enorme. Una marea humana circundaba la puerta al grito de «president, no estás solo», que obligó a sus escoltas a emplearse con esfuerzo para poder ir abriéndole camino. Pero todo parecía preparado de antemano. Puigdemont no se montó en ningún coche. Caminó por el centro de la ciudad durante media hora en plenas fiestas patronales de Gerona, Sant Narcís, para fotografiarse con el calor de sus vecinos y proyectar normalidad. A algunos famosos, cuando están bajos de autoestima, se les recomienda que salgan a la calle y reciban el calor de la gente. Eso siempre revigoriza.

El punto de llegada, tras pasar por el puente de San Agustín, fue la Plaça de la Independència, cuya placa señaló a su mujer. Otro gesto más de una jornada que intentó transmitir muchas cosas más que naturalidad. En todo caso, a lo largo de toda su ruta a pie, evitó hacer cualquier valoración pese a las preguntas de los periodistas.

Allí intentó tomarse un café en una terraza de la célebre plaza gerundense, pero la muchedumbre presente pareció incomodarle y optó por introducirse en otro bar. Tras media hora de descanso, volvió a salir y allí ya tomó el coche oficial, que le llevó a su casa hacia las 18 horas, situada en el municipio colindante de Sant Julià de Ramis, una zona residencial.

Residencia elegante

Su urbanización, Villa Golf II, es un termómetro del momento de tensión política. Los vecinos explican que los Mossos d’Esquadra frecuentan más que nunca sus calles y la vivienda de Puigdemont se ha convertido en un búnker. A la entrada, hay una casa contenedor en la que se encuentran diversos agentes de seguridad que custodian la residencia y velan por la seguridad del president. El dispositivo, reconocen, obedece coyunturalmente al «momento político» que vive Cataluña.

Hasta el lunes, todo apunta a que va a permanecer refugiado en casa, ya que a lo largo de todo el fin de semana no tiene acto en agenda. Entonces, habrá que volver a ver cómo sigue desempeñando las funciones de president que parece determinado a seguir ejerciendo pese a las medidas del Gobierno de Mariano Rajoy.

En realidad, no es extraño que Puigdemont se haya retirado a Gerona, municipio convertido en ese hogar donde parece imposible que nada pueda hacerte daño. Aunque nació en Amer, una pequeña localidad de escasos 3.000 habitantes en el norte de la provincia, los grandes momentos formativos de su vida se han desarrollado en Gerona. Allí ayudó a fundar a principios de los años 80 la Joventut Nacionalista de Catalunya (JNC) y allí se confirmó en político relevante cuando en 2011 se convirtió en el primer alcalde de Gerona fuera del eje socialista. Su rostro es, por tanto, uno de esos tótems de la localidad. En ningún otro lugar en el mundo puede sentirse «Puigdi», como le llama su entorno cercano, más seguro.

Desde que saliera de su zona de confort y le proclamasen president de la Generalitat, la prueba de que Gerona sigue siempre en su corazón es que prácticamente nunca se quedaba en Barcelona a dormir. Después de las largas y duras jornadas de trabajo volvía a su casa gironina para recargar energía y sentir el respaldo de los suyos. La política catalana puede que no sea un «Juego de Tronos», pero como decía Ned Stark en Invernalia, «qué hacemos en la capital, cuando podríamos vivir tranquilos en el norte».