El PSOE rebaja la euforia: «Hay que hacer pedagogía»

Veto a Podemos. Ferraz teme que el votante de izquierdas no entienda el rechazo a pactar con Podemos y les castigue en las urnas

La ministra de Justicia, Dolores Delgado, durante un acto del Día de la Rosa de los socialistas leoneses ayer en Camponaraya (León)
La ministra de Justicia, Dolores Delgado, durante un acto del Día de la Rosa de los socialistas leoneses ayer en Camponaraya (León)

Veto a Podemos. Ferraz teme que el votante de izquierdas no entienda el rechazo a pactar con Podemos y les castigue en las urnas.

La constatación por parte de Pedro Sánchez de su imposibilidad para lograr un acuerdo de investidura ha acabado certificando el fin de la legislatura, antes incluso de que este lunes se agoten los plazos constitucionales previstos para ello. El partido ponía en marcha el pasado jueves –en la reunión de su Ejecutiva– la maquinaria electoral, aunque muchos creen en el PSOE que ésta nunca se ha detenido. «Vivimos en una campaña constante», aseguran. Lo cierto es que la decisión de ir a elecciones se había tomado mucho antes, ante el fracaso de las negociaciones con Podemos. Siempre se mantuvo un mínimo hilo de esperanza, sin descartar un giro final para desatascar la situación de alguno de los actores a los que menos les convenían los comicios. Esto no ha sucedido y en Ferraz se adentran ya hacia una campaña incierta en la que asumen que tendrán dificultades para explicarse ante los ciudadanos.

El grueso de votos a través del cual el PSOE aspira a ampliar su base electoral vendrá por el centro, pero tampoco debe descuidar el importante capital que consiguió el pasado 28 de abril. Existe miedo a la desmovilización. De ahí que los primeros llamamientos hayan ido dirigidos a apelar al voto útil –pidiendo una mayoría más amplia para evitar nuevos bloqueos– y al voto moderado, ofreciendo estabilidad y certidumbre ante un escenario incierto con amenazas como el Brexit, la sentencia del «procés» o la desaceleración económica. Solo así se entiende el pronunciamiento que perseguirá a Sánchez durante toda la campaña, ese de que «no dormiría tranquilo» teniendo a Podemos en el Gobierno. Esta declaración tan gráfica en una entrevista en «Al Rojo Vivo», unida a la certificación de que el «planteamiento de la coalición es inviable» busca atraer a ese nicho electoral que respiró aliviado cuando fracasó la alianza de los morados. No solo son votantes de Ciudadanos, también hay una base importante del PSOE cuya desconfianza hacia Iglesias no ha desaparecido en toda la negociación.

Sin embargo, de cara al electorado de izquierdas, fuentes socialistas reconocen que se van a tener que emplear a fondo en la campaña para lograr trasladar sin interferencias su relato. «Vamos a tener que hacer un esfuerzo importante. Mucha pedagogía», asumen en una federación en la que se gobierna en coalición con los morados. En estos territorios, la explicación irá en una doble vía: hacer hincapié en que en España no se sumaba mayoría con ellos –al contrario que en sus regiones– y poner en valor que no se ha buscado un gobierno a cualquier precio, sin estabilidad y dependiente de los soberanistas. Esta última vertiente será explotada con mayor intensidad, si cabe, por aquellos barones más ubicados al centro. «Pedro va a arrasar», señalan desde uno de estos feudos, en los que con cierta sorna dicen que van a pedir los «derechos de autor» de algunas de las frases que ahora recita Sánchez con soltura.

Al esfuerzo discursivo se suma el movilizador, ya que el PSOE de noviembre no tiene nada que ver con el de abril. Entonces, el partido tenía las filas prietas y todos los cargos y niveles estaban «enchufados» para dar la batalla electoral. Esta implicación obedecía a que después del 28-A venía el 26 de mayo, en la que eran los territorios quienes se jugaban su futuro y sus liderazgos. Ahora, reconocen en un feudo, la sensación es de «pereza» y costará más poner a todo el partido a funcionar. La pedagogía socialista se centrará en asegurar que un gobierno con Podemos hubiera sido una «preocupación», en lugar de una «solución» a los problemas que tiene la gente. Una fórmula «fácil, pero no la mejor» para dar estabilidad a largo plazo, ya que, en un breve espacio de tiempo, se tendría que volver a convocar comicios ante la debilidad interna. «La temeridad y la imprudencia se tornan siempre en la frustración de los intereses de la mayoría», resume lacónico un dirigente socialista.