Política

El Rey e Iberoamérica

La Razón
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Parece que el Rey se perderá la próxima Cumbre Iberoamericana. No le gustará. No veo a ningún presidente iberoamericano torciendo el gesto porque su lugar sea ocupado por el Príncipe Felipe pero el monarca era un fijo de peso en ese evento. Es el único superviviente políticamente desde que se celebró la inicial en 1991 y ha asistido a todas desde entonces. Pienso que disfruta departiendo con los mandatarios de esos países.

El Rey no inventó las Cumbres de la familia iberoamericana, pero las abrazó enseguida. Quiero recordar que fue una iniciativa compartida por Felipe González y el mejicano Salinas. Por eso, la primera se celebró en la Guadalajara mejicana y fue un éxito. Se discutieron temas importantes y no hubo ausencias. Tuvimos algún sobresalto sobre la presencia de Portugal, al presidente de la República Mario Soares le pareció una idea afortunada la de reunir a los jefes de Estado hispanos más Brasil y Portugal pero al primer ministro Cavaco, actual presidente, la cosa no le hacía tilín porque veía en ello unos designios un tanto imperialistas de España. La sospecha tenía nulo fundamento, a estas alturas de la película histórica no se ve bien que afanes de dominio podía tener España sobre gigantes o familiares muy creciditos como Méjico, Brasil, Argentina, Venezuela, Colombia, Chile, etc., pero nadie está libre de resabios históricos. El Rey hizo un par de llamadas a sus amigos lusos para deshacer malentendidos, también a otros mandatarios iberoamericanos, a los que unos cuantos enviados habíamos llevado una carta personal del soberano.

En otras ocasiones, el monarca ha gastado bromas, suavizando momentos algo encrespados, como cuando doña Violeta Chamorro, en la Cumbre de Madrid del 92, le leyó un poco la cartilla en el almuerzo en la Expo a Fidel Castro, planteándole que si su Gobierno era tan popular qué razón podía justificar que no celebrara elecciones libres de verdad y no trucadas. He visto algún presidente extrañado de que el Rey los tutee inmediatamente, pronto entienden que nuestro Jefe del Estado les está invitando a que hagan lo propio y eso les agrada. Aunque es consciente de las limitaciones de su papel constitucional –el Gobierno es quien define la política–, el Rey está atento en las sesiones iberoamericanas, no se ausenta de las discusiones. Se involucra mentalmente. Eso explica que le saltase a Chaves con el «¿Por qué no te callas?», un impulso que ha sido cuestionado pero que obtuvo en Iberoamérica muchos más aplausoss –me viene a la memoria un artículo brillante de Carlos Fuentes– que pitos.

En las cuatro cumbres en las que trabajé, Don Juan Carlos resultaba muy popular entre sus colegas. Detalles, en Guadalajara, como el de ser el primero que no encontraba extraño que los montaran a todos en autobuses como si fueran colegiales mostraban a los que no la conocían su campechanía. Veían luego que estaba interesado en los problemas, que en aquella época no faltaban, de aquellos países.