El Rey reina: 20 visitas a Cataluña desde su proclamación

23-07-2015. Durante el acto de entrega de despachos a 35 nuevos jueces, en Barcelona

Zarzuela calla ante los ataques a la institución. El mejor mensaje: los discursos de Felipe VI.

En esta última semana hemos visto cómo la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha retirado el busto del Rey Don juan Carlos de la Sala de Plenos del consistorio de la Ciudad Condal y cómo el pleno del municipio Montcada i Reixac aprobó que el retrato de Felipe VI deje de presidir el salón de plenos de la localidad vallesana. La semana anterior, el presidente de la Generalitat, Artur Mas, aprovechó su audiencia en La Zarzuela con el Rey para trasladarle al propio Jefe de Estado su hoja de ruta soberanista.

Ante estas «ofensivas», el Rey guarda silencio. La Casa del Rey guarda silencio. Porque el papel del máximo representante de los españoles es tan sutil como limitado.

Y la respuesta por parte de la Corona es siempre la misma: Don Felipe sólo puede manifestarse públicamente como lo lleva haciendo hasta ahora. Es decir, a través de sus discursos institucionales. Y eso es lo que hizo en su último desplazamiento a Cataluña el pasado jueves con motivo de la entrega de despachos a los nuevos jueces. Ante Mas y representantes de las distintas instituciones, Don Felipe fue tajante: «El respeto a la Ley no es una alternativa», sino que «respetar la Ley es la fuente de legitimidad y la exigencia ineludible para una convivencia democrática en paz y en libertad». El líder de la Generalitat no tardó en sentirse aludido y replicó al Monarca en posteriores declaraciones: «Nosotros nunca nos hemos saltado la Ley».

Fuentes de la Casa del Rey en conversación con este periódico explican que la línea entre reinar y gobernar es muy tenue, por lo que las funciones del Jefe de Estado no pueden estar dirigidas por el pulso político y debe mantener la neutralidad en cuanto a política se refiere. No obstante, según establece la Constitución, el Rey es «árbitro» y «moderador» del funcionamiento de las instituciones y, como él mismo aseguró el día de su proclamación en la Cámara Baja, «símbolo de la unidad y permanencia del Estado». Una unidad que Don Felipe enmarcó en la diversidad de las regiones de España.

Desde aquel día, el Jefe de Estado ha visitado Cataluña en casi una veintena de ocasiones, lo que la convierte en la comunidad autónoma en la que más actos ha realizado, sólo por detrás de Madrid y seguida de Castilla, y León. Toda una rutina. En su primer viaje, con motivo de la entrega de los Premios Fundación Príncipe de Gerona, Don Felipe puso sobre la mesa una declaración de principios respecto a la comunidad. «Como Príncipe heredero, y a partir de ahora como Rey, con estas visitas quiero hacer más presente todavía a la Corona en esta tierra para transmitir mensajes de respeto, entendimiento y convivencia». En el discurso de Navidad, por primera vez en muchos años, un Rey habló directamente de Cataluña sin referirse a ella de un modo indirecto como es habitual. «Llevo a Cataluña en el corazón», aseguró. «Me duele y me preocupa que se puedan producir fracturas emocionales, desafectos o rechazos entre familias, amigos o ciudadanos. Nadie en la España de hoy es adversario de nadie».

Ya cuando era Príncipe de Asturias, Don Felipe ya mostraba su preocupación por la ofensiva secesionista. El 12 de octubre de 2012, día de la Fiesta Nacional, en conversación con los periodistas manifestó que era necesario rebajar tensiones y distinguir entre la «Cataluña real», en la que confía, y lo que él llamó «espuma», que, a su juicio, estaría generada por los enfrentamientos y declaraciones políticas que se suceden día tras día. Hace dos años, Don Felipe viajó a la Ciudad Condal para asistir a un congreso tecnológico, y con motivo de la visita aprovechó para mantener un encuentro con el «lobby» empresarial puente aéreo, formado por los dirigentes de las principales compañías del país, quienes le trasladaron al entonces Príncipe su preocupación por la situación de sus empresas ante el desafío independentista planteado por el presidente de la Generalitat. Al día siguiente, Don Felipe también mantuvo un encuentro con miembros de la sociedad civil para pulsar el sentir de los ciudadanos catalanes.

Pero a pesar de su postura conciliadora, en las últimas semanas, el Rey no lo está teniendo fácil. En su memoria quedará cómo el pasado mes de mayo, en el partido de la Copa que lleva su nombre y que se disputaban el Fútbol Club Barcelona y el Athletic Club de Bilbao, los pitidos retumbaban en el estadio mientras el líder de la Generalitat, Artur Mas, a su lado, esbozaba una medio sonrisa cómplice con la situación.

Y con la misma expresión circunspecta y fría que aquel día, lo recibió el pasado jueves en el palacio de La Zarzuela –a diferencia del trato con los otros presidentes autonómicos– y le estrechó la mano en la entrega de despachos judiciales. Porque ése es el modo en que el Rey puede comunicarse con los españoles: con gestos y discursos oficiales.