Guardias civiles contra el «caos y la anarquía» de República Centroafricana

Desde hace 15 días, 25 agentes patrullan en las calles de la violenta capital, Bangui

«Nuestra misión es de carácter policial, como en una ciudad, pero en vez de ir dos personas iremos diez y con protecciones». Así resume el teniente Alfonso Mora la tarea que tendrán que desempeñar él y sus hombres en el que ya es el nuevo teatro de operaciones para 25 agentes de la Guardia Civil: Bangui, capital de República centroafricana. Desde primeros de mes, estos efectivos del Grupo de Acción Rápida (GAR) con sede en Logroño se encuentran en el país africano, donde patrullan los distritos 3 (Usé) y 5 (Oku) para tratar de garantizar la seguridad en una ciudad en la que la violencia religiosa es la tónica diaria. El teniente Mora es el responsable de la sección de patrullaje, aunque al mando del contingente se encuentra el capitán Alejandro González Sanabria, encuadrado en la Célula de Planeamiento del Cuartel General de Bangui. De los 25 agentes, 20 conforman la Sección de Intervención Especial, dos forman parte de un equipo de inteligencia, y otros dos realizan tareas de policía judicial, además del oficial en el Estado Mayor. Unos días antes de su despliegue, explicaron a LA RAZÓN cómo será su día a día, sus sensaciones y qué esperaban encontrar. Su principal preocupación: «Los problemas de orden público; el encontrarte con una gente que con nada se altera», explica Mora. Saben del riesgo, pero creen que «la situación no es tan mala como la pintan», como apunta el agente José Manuel López, quien, sin embargo, cree que «nos encontraremos con un país anárquico». Así que, ante lo que pueda ocurrir, «siempre vamos preparados para lo peor», comenta su compañero, Julián Lorenzo Domínguez. De momento, a su llegada encontraron la ciudad repleta de barricadas y fuegos provocados en varios puntos en protesta por el ataque de hombres armados contra una iglesia en el que murieron al menos 11 personas. ¿Dónde? En el barrio PK5, a las afueras del distrito 3... Los «problemas de orden público» que comentaba Mora, quien también es consciente de que «esporádicamente te puede venir alguien con machetes o un grupo armado, y hay que tenerlo también en cuenta». Pero está tranquilo porque sabe que «las capacidades y la formación de la gente del GAR son muy completas y pueden adaptarse a cualquier misión». Entre los 25 agentes hay de todo, gente con tablas en misiones internacionales y «novatos» en este campo. «Se busca un equilibrio entre gente con experiencia y gente conocimientos», destaca el teniente. Pero, ¿qué era lo fundamental para formar el grupo? «Todo el mundo tiene una capacidad general, pero hay gente que está más especializada y tiene, por ejemplo, cursos de protección de personas, de tiradores de arma larga... Lo que sí que buscábamos era gente con francés. ¿Indispensable? Lo indispensable para esta misión era el idioma y alguien con conocimientos de mecánica y transmisiones», señala.

El idioma es, para ellos, clave para moverse con más tranquilidad por las duras calles de Bangui. «Es muy importante relacionarse con la población», destaca una y otra vez Mora. Si bien el idioma oficial de la misión es supuestamente el inglés, la operación está encabezada por Francia y es la principal lengua en el país, por lo que es clave a la hora de entablar una conversación con un ciudadano o exigir a un delincuente que suelte el arma. Así que, lo estudiaron –o repasaron– tres horas al día durante los últimos meses. Las patrullas por Bangui son su principal función, aunque no descartan tener que realizar otras tareas, como, por ejemplo, escoltas. «Iremos armados, con buena protección balística y habrá momentos que las hagamos a pie y otros en vehículos (dispondrán de 9 Pathfinder). La idea es ir en 3 vehículos entre 9 y 12 personas, dependiendo de la situación. De día y de noche», comenta el teniente. «El trabajo y la zona –añade– lo marca el general francés (al frente de EUFOR RCA), que es quien dice si te toca este distrito u otro, por la mañana, por la tarde... Pero tenemos libertad para otros postservicios, esto es, decidir si, por ejemplo, hay que centrarse en una zona concreta porque es más beligerante, según la información que se vaya obteniendo».

Para José Ginés, otro de los agentes desplegados y con experiencia en misiones como Haití o Afganistán, «al principio nos tocará improvisar». Cree que encontrarán una situación «muy similar a la de Haití, conm uchos campos de refugiados y mucho caos». Y por su experiencia sabe que «dentro de los campamentos tienen su propio orden, que se limita a unos pocos metros cuadrados, pero fuera de eso no reconocen otra autoridad y, una vez salen del campo de refugiados, el resto es anarquía». Son conscientes de ese caos y de las dificultades que entraña abrir una misión pero, pese a ello, preferían ser los primeros en llegar. «En misiones que llevan mucho tiempo se cogen muchos clichés y es difícil cambiar las cosas. Así que, si vas primero, el equipo puede hacerlo como quiera. Es un momento en el que puedes aportar muchas cosas», comenta Ginés. «Queremos salir ya», decía José Manuel López, agente con experiencia en operaciones que, incluso, participó en algunas con el Ejército de Tierra, su anterior destino. Reconoce que al abrir misión «hay muchas cosas en el aire, pero lo prefiero». Quien no había abierto nunca –ni estado– en una misión es el agente Lorenzo, que tras cinco años en el GAR se estrena en una «zona que parece bastante inestable». Se presentó porque «me motivó salir al extranjero con la Guardia Civil y ver si soy capaz de desarrollar las actividades que he puesto en práctica aquí». Eso sí, sólo pide que «cuanto menos apriete el sol cuando patrullemos, mejor».

Mosquiteras, transmisiones y gases lacrimógenos

Una de las principales preocupaciones de los agenteses la salud y, de hecho, «una de las formaciones específicas durante la preparación ha sido la formación sanitaria», explica el teniente Mora. Y entre los cursos recibidos, una novedad para ellos, destaca el «TC3», de asistencia táctica en combate, es decir, «primeros auxilios a un combatiente, saber poner un torniquete, evacuar... Las enfermedades e infecciones son otro de los riesgos, así que, todos llevan mosquiteras, repelentes, y saben perfectamente qué alimentos pueden consumir, qué zonas evitar... Además, tienen claro que «hay que hidratarse bien», por

lo que llevan las «camelbaks» (mochilas con un depósito de agua). En un ámbito más técnico y ante el desconocimiento sobre los enlaces para las comunicaciones, «lo más singular que llevamos es un equipo para enlazar entre nosotros por si ocurre algo», explica el agente Julián Lorenzo. Junto a esto, también llevan «el equipamiento necesario para mantener el orden público, como botes de humo o de gases lacrimógenos». En cuanto al uniforme, llevarán el de la Guardia Civil, no el del Ejército como en otras operaciones como Afganistán, «porque esto es una misión policial».

«Lo que me alimenta y lo mejor que tengo es mi gente»

Él no se ha desplegado, pero parece como si lo fuera a hacer. Se trata del comandante Jesús Gayoso, jefe del GAR, quien no escatima en elogios para sus hombres. Sabe que actualmente el Grupo de Acción Rápida «es la unidad de proyección de la Guardia Civil. Si es una misión de riesgo, vamos nosotros». Y allí, «básicamente extrapolamos lo que hacemos aquí, así que no cambiamos mucho». Le gustaría que sus hombres «pudieran hacer todo, desde identificar a sospechosos a llevar a los detenidos a una gendarmería». Incluso ofrecieron llevar a sus perros, aunque les dijeron que no eran necesarios. No duda ni un segundo y confía plenamente en sus hombres: «Lo que me alimenta y lo mejor que tengo es la gente». Y sentencia, sobre la misión: «que sea buena, que se haga bien y que vuelvan todos».