Investidura bloqueada

Aún quedan aproximadamente dos semanas de negociaciones para que la investidura salga adelante. Debería ser un tiempo de intensas conversaciones en el que las partes más directamente implicadas tendrían que actuar con responsabilidad y generosidad. La única forma de afrontar el proceso con sensatez es hacerlo partiendo de la base de que Pedro Sánchez ha sido el candidato más votado con diferencia, y el PSOE el claro ganador de las elecciones generales. Partiendo de los números, nadie especula con la posibilidad de que pueda haber un candidato alternativo, en el caso de que el encargado por el Jefe del Estado fracase en su primer intento. Y esa es la cuestión de fondo, la única alternativa al fracaso de la investidura de Pedro Sánchez son unas nuevas elecciones en otoño.

El fantasma de la repetición de elecciones empieza a tomar cuerpo, y desde la carrera de San Jerónimo unos y otros lanzan especulaciones para que a los ciudadanos se nos vaya haciendo el cuerpo a un quinto proceso electoral en un mismo año. De nuevo los vetos cruzados de Podemos y de Ciudadanos vuelven a actuar bajo lógicas partidarias e incluso personales, y al margen del interés general del país por tener pronto un gobierno estable.

En las consultas a la militancia de los partidos no se someterán acuerdos de gobierno con programas de legislatura, sino propuestas de bloqueo. Y naturalmente el aparato de las organizaciones se empleará a fondo para que haya contundentes resultados a favor de bloquear.

El tiempo pasa pero muchos parecen no haber aprendido nada. Merecería la pena que Albert Rivera echase la vista a atrás para escarmentar en cabeza ajena y no cometer los mismos errores que Pablo Iglesias. Podemos se cegó hace cuatro años con la posibilidad del sorpasso. Rivera parece condicionar toda su estrategia a la posibilidad de superar al PP por la derecha. El espejismo del sorpasso y la ambición por erigirse en alternativa al PSOE en el boque de la izquierda fue mortal para Iglesias, y la obsesión de Rivera por sustituir al PP puede serlo ahora para él y su organización.

El comienzo del fracaso político de Podemos no se produjo en Galapagar o con ocasión de las peleas internas. El principio de la desilusión tuvo lugar en 2016, cuando Iglesias se empeñó en bloquear la investidura de Sánchez por su obsesión contra Ciudadanos. Por su parte, Rivera debería tener en cuenta que los mejores momentos de su joven organización, han sido aquellos en los que sus votantes han percibido una fuerza política de centro, capaz de llegar a acuerdos sin dogmatismo con PP y PSOE, para solucionar las dificultades que crea el fraccionamiento político actual.

Lo malo de la cartelera política española es que sus actores empiezan a reiterar los mismos argumentos, y puede llegar un momento en que los espectadores se cansen de ir a las urnas a ver las mismas películas una y otra vez.