La Audiencia recibirá un informe de los nexos terroristas del anarquismo del 22-M

Un radical intenta agredir con una barra a un agente de Policía el pasado 22-M
Un radical intenta agredir con una barra a un agente de Policía el pasado 22-M

Expertos policiales ultiman en estos días el informe que elevarán a la Audiencia Nacional sobre la actividad de los grupos anarquistas en España y su nivel de organización y coordinación.

Por los datos de que se dispone, sus actuaciones podrían ser catalogadas dentro de los delitos terroristas, cuya investigación y enjuiciamiento corresponden a dicho tribunal, según han informado a LA RAZÓN fuentes conocedoras del asunto.

El informe fue solicitado por la Fiscalía de la Audiencia Nacional y los expertos tratan de recopilar todos los datos posibles, en función de las últimas investigaciones y hechos ocurridos en nuestro país, como los graves acontecimientos acaecidos el 22-M.

Se trata de demostrar que los individuos pertenecientes a los grupos anarquistas no actúan de manera espontánea, sino que responden a las órdenes y consignas propias de movimientos organizados.

Coordinación

De hecho, los expertos han constatado una coordinación entre los distintos grupos anarquistas, que tuvo su mayor expresión en los citados incidentes del 22-M.

La investigación sobre los autores de los actos de terrorismo callejero que ocurrieron entonces no ha terminado aún, porque el citado informe está a la espera de los datos que se puedan obtener a nivel policial en las próximas semanas y que, por razones operativas, no se pueden revelar.

La citada coordinación se realiza por medio de contactos personales y a través de las redes sociales, pero no de una forma abierta, sino con claves para evitar ser detectados por las Fuerzas de Seguridad.

La organización está bastante asentada en Galicia, Andalucía, Cataluña, País Vasco (en menor medida) y en las provincias castellano-leonesas de Burgos, Salamanca y Valladolid.

Esta organización interna se puso de manifiesto, de manera «brutal y específica», durante los incidentes del 22-M, hasta el punto de que algunos de los anarquistas que residen habitualmente en Madrid, al ver el «nivel» que presentaban sus compañeros de otras comunidades autónomas y la finalidad de atacar a los miembros de las Fuerzas de Seguridad, decidieron mantenerse en un segundo plano ante lo que se suponía que iba a ocurrir, y ocurrió. Otros se sumaron a las algaradas sin dudarlo, como lo demuestra que muchos de los detenidos residían en la capital de España o en localidades de la Comunidad. Es una habilidad más de los que están al frente de la coordinación de los grupos anarquistas, que procuran que sean otros los arrestados.

Según han informado las citadas fuentes, estos grupos anarquistas reúnen todas las características para que los presuntos delitos que cometen sean juzgados por la Audiencia Nacional, ya que se trata de células que actúan en cooperación y connivencia con los fines de bandas terroristas.

Jerarquía

Tal y como adelantó este periódico, las células ácratas, a pesar de no tener una jerarquía y organización formal, disponen de una estructura horizontal de control y distribución de actividades. De hecho, los líderes son una referencia ideológica para el resto del grupo (en algunos casos, existe la figura del líder circunstancial o temporal). En su estrategia, ocupa un lugar preponderante el enfrentamiento con los cuerpos policiales, con ocasión de la celebración de eventos en los que participa un gran número de ciudadanos.

El peligro de las personas que militan en el anarquismo radical es que, en cualquier momento, pueden pasar a lo que llaman «la insurrección», cuya finalidad es la suplantación o el derrocamiento del poder establecido, a través del uso de la violencia contra las instituciones o el sistema democrático. Se basan en que la acción es más efectiva que la palabra.

Llegan a justificar cualquier forma de violencia, incluso el asesinato. Las imágenes del 22-M son una prueba de ello.