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La nobleza titulada arropa al Rey

  • Los Reyes Felipe y Letizia posan con los integrantes de la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España
    Los Reyes Felipe y Letizia posan con los integrantes de la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España

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24 de diciembre de 2014. 03:02h

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24/12/2014

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En una entrevista en la Televisión de Castilla-La Mancha, me preguntaron hace poco si tenía sentido que siguieran existiendo títulos nobiliarios. Respondí que lo tenía tanto como que sigan en pie las catedrales de Burgos o Sevilla. Tanto aquellos como éstas son patrimonio histórico y cultural de España, amén de –en el caso de los templos– lugares para dar culto a Dios. No es baladí que los Reyes hayan recibido ayer en el Palacio de El Pardo, el mismo día, al Consejo de Administración de Patrimonio Nacional y a la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España. Ambas instituciones representan partes de la historia patria. La primera engloba las propiedades que fueron de la Corona, y la segunda –órgano asesor y consultivo del Ministerio de Justicia en materia de títulos nobiliarios– a toda la nobleza titulada, que recibió su hereditario galardón en el campo de batalla, las lides políticas, el servicio personal al monarca o los campos científico, artístico o cultural y hasta deportivo.

Tampoco es casual que entre los representantes de la Grandeza haya viejos títulos: los Duques de Híjar, Linares o Medina-Sidonia, o los Marqueses de la Solana o de Salvatierra; y otros de cuño más o menos reciente como el Duque de Fernández-Miranda o los Marqueses del Valle de Tena, de la Puebla de Cazalla, de Oreja, o el Conde de Rodas, éste de época de Alfonso XIII. Tampoco es fortuita la presencia de mujeres como las Duquesas de Estremera o del Arco o la citada Marquesa del Valle de Tena, recordando que en España los títulos no sólo se transmiten a través de las mujeres sino que ellas mismas son frecuentemente quienes ostentan esas mercedes, y muy dignamente, como en el caso de la recientemente desaparecida Cayetana de Alba. Así, la Diputación de la Grandeza, cuyos miembros desarrollan actividades profesionales en muchos campos, son ejemplo variopinto de la moderna sociedad española.

El Rey Don Juan Carlos no quiso corte. Sin embargo, olvidar que la nobleza titulada debe ser ejemplo y acicate para el mérito, sería un error. A algunos les parece anacrónica su existencia. No es mi caso. Grandes naciones como Inglaterra o Bélgica se sienten orgullosas de su nobleza. Y también otras no menos grandes, como Francia o Italia –aunque repúblicas–, saben reconocer en ella una riqueza a defender. España no es ni debe ser menos grande que las citadas. Los Reyes lo saben y subrayan así que tradición y modernidad no se oponen sino que se complementan.

*Doctor en Historia

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