La nueva dirección de CDC pide la cabeza de Homs tras los votos secretos

Carles Campuzano se perfila como el relevo al contar con la confianza del nuevo núcleo duro

Una asociada del partido vota en las elecciones para elegir cargos internos del Partit Demòcrata Català (antigua Convergència), ayer, en Barcelona.
Una asociada del partido vota en las elecciones para elegir cargos internos del Partit Demòcrata Català (antigua Convergència), ayer, en Barcelona.

Carles Campuzano se perfila como el relevo al contar con la confianza del nuevo núcleo duro

Es imperdonable lo que Francesc Homs ha hecho; ha mentido y no puede seguir de portavoz. Es la unánime crítica de los nuevos dirigentes de Convergencia, ahora rebautizada como Partido Demócrata Catalán, ante la actuación de su hombre en el Congreso y su pacto con el PP para la Mesa de la Cámara. La decisión de los diputados de la antigua CDC de otorgar parte de sus votos para el órgano de gobierno del Congreso ha provocado un enorme malestar, lo que ya se conoce como «La rebelión de los cachorros». Es decir, el nuevo núcleo duro del partido que lideran Marta Pascal, David Bonvehí y numerosos alcaldes convergentes como el de Igualada, Marc Castells, y la de San Cugat del Vallés, Mercé Consesa. Según fuentes del PDC todos ellos mantuvieron una reunión previa a la cumbre de hoy sábado que renovará la Ejecutiva y la conclusión fue rotunda: «La cabeza de Homs está servida».

El aluvión de críticas es muy fuerte. «No se ha dicho toda la verdad ni se ha explicado lo que hay detrás, nos ha tomado por tontos», asegura el alcalde de Igualada que aspira a entrar en la nueva ejecutiva de Pascal y Bonvehí. El sector duro del PDC exige la salida de Homs «por mentir», reclama trasparencia en la actuación del grupo parlamentario y optan por un nuevo portavoz que podría ser Carles Campuzano. Un veterano diputado de la antigua CIU, que conoce bien las entrañas del Congreso y mantiene buena relación con los llamados «cachorros». Un sector radical desea ya inmediata la dimisión de Homs, mientras otro más moderado opta por aguardar a la ronda de consultas del Rey, en la que de momento está previsto acuda Francesc Homs, y proceder después a la sustitución por Campuzano.

El caso de los misteriosos diez votos ha levantado una tormenta política dentro de la antigua Convergència. Homs se defiende argumentando que lo habló con Artur Mas, algo irrelevante para los nuevos dirigentes, dado que Mas ocupará una presidencia puramente honorífica sin funciones ejecutivas. La aspiración de formar grupo parlamentario propio con la subvención correspondiente de millón y medio de euros para la Legislatura, verdadera razón para el pacto, no ha sido bien explicada por Homs, denuncian en la dirección aspirante: «Puede haber argumentos a favor y en contra, pero no se puede ir por libre». El enfado es colosal y el tándem Pascal-Bonvehí quiere controlar el grupo parlamentario en Madrid. Por su parte, el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, no quiere saber nada de este conflicto y «mira para otro lado». Sin embargo, para nadie es un secreto que Homs, durante años mano derecha de Artur Mas, no es un hombre de su confianza.

«Esto no se lo van a perdonar», aseguran antiguos dirigentes de CDC. No tanto por el contenido del pacto, que puede reportar importantes ventajas económicas y de representación si logran grupo parlamentario propio, como por el hecho de tomar la decisión sin consultar. El problema es que en estos momentos el partido sufre una crisis de liderazgo sin precedentes, en un momento de transición entre los antiguos «halcones» del equipo de Artur Mas y los nuevos «cachorros» del poder municipal. En medio de este ambiente enrarecido, hoy culminan las votaciones para elegir la presidencia y nueva dirección del PDC. Todo apunta a que Mas será un presidente meramente honorífico y la dirección ejecutiva recaerá en Marta Pascal y David Bonvehí. El resto del equipo lo integran el grupo de alcaldes como Marc Castells y Mercé Conesa. «Se acabaron los tics de la vieja guardia», advierten en este sector muy críticos contra Homs y partidarios de su sustitución por Carles Campuzano.

En el entorno de Homs defienden su postura, dado que poseer grupo parlamentario propio garantiza una subvención por elector, una cantidad por gastos y una paga adicional por asesores. Es lo que siempre tuvo Convergència i Unió en toda su historia, con mucho peso e influencia en los debates, sobre todo en las etapas de Miguel Roca y Josep Antoni Durán i Lleida como portavoces. Ahora, los resultados son muy diferentes y si el nuevo PDC no logra grupo quedará reducido a un mero equipo de diputados integrados en el grupo mixto. «Una humillación», reconocen fuentes del Congreso. Este tipo de decisiones siempre han dependido de un gesto político más que de una interpretación estricta del reglamento. Lo que dirigentes del PP denominan «cortesía parlamentaria» para demostrar que no existen acuerdos encubiertos con los nacionalistas.

Así las cosas, todos los grupos parlamentarios, a excepción de Ciudadanos, coinciden en que los misteriosos diez votos han sido «una buena jugada política del PP», que atribuyen a la habilidad de sus dos portavoces, Rafael Hernando y José Antonio Bermúdez de Castro. Veteranos diputados y buenos negociadores han logrado lanzar un mensaje: Rajoy no está aislado. Mientras, a Homs se le crea un grave problema, como bien dicen en la nueva dirección convergente: «Era necesaria una clara explicación de un pacto en Madrid el mismo día que se vota en Barcelona con la CUP la ruptura unilateral». Lo cierto es que Homs está amortizado y la nueva ejecutiva del PDC marcará a partir de ahora las líneas de actuación. La vieja Convergencia queda enterrada.