«Mariano se irá sin hacer ruido»

Muchos dirigentes siguen dándole vueltas a la decisión de Rajoy de no dimitir antes de la votación de la moción. La balanza se inclinó por la tesis de Cospedal de «dejar en evidencia» a quienes «les desalojaban de La Moncloa sin ser culpables de nada».

Muchos dirigentes siguen dándole vueltas a la decisión de Rajoy de no dimitir antes de la votación de la moción. La balanza se inclinó por la tesis de Cospedal de «dejar en evidencia» a quienes «les desalojaban de La Moncloa sin ser culpables de nada».

En la sede de la calle Génova ha tocado esta semana mirar hacia el séptimo piso. La llamada «planta noble» ha estado ocupada, y en ella todo el mundo trabajando a destajo. Este lunes se celebra en un hotel madrileño la Junta Directiva Nacional que fijará la fecha del congreso extraordinario, que llegará mediado julio y se pretende sea un éxito. Y Mariano Rajoy se ha puesto manos a la obra. El líder del PP sabe que le esperan unas semanas intensas hasta ceder el testigo a un sucesor y, según su entorno más próximo, «irse sin hacer ruido». Sin tiempo de luto por la pérdida del poder, y tras oficializar su adiós, Rajoy reunió al habitual comité de dirección (María Dolores de Cospedal, Fernando Martínez-Maíllo y los vicesecretarios) para fijar las líneas de actuación que conduzcan a la ansiada unidad.

El PP es una organización herida, desnortada, habitada por la incertidumbre, la rabia e, incluso, las ganas de revancha. Con un jefe de filas que, en palabras de un colaborador, «se irá para recuperar su vida» tras serlo todo, con muchas dudas, sin referencias ni proyecto de futuro claro. Este es el resumen del estado de ánimo interno del ya principal partido de la oposición a poco más de una semana después de su brusca salida del Gobierno. Desde la dolorosa moción de censura, los populares intentan sobreponerse anímicamente de la «pesadilla». Muchos siguen dándole vuelta a la decisión de Rajoy de no dimitir como presidente en las horas previas a la votación de la censura, pese a que les habría permitido seguir en La Moncloa y negociar un nuevo escenario político. Ello fue, desde luego, motivo hasta de otra «gran bronca» entre María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría.

La secretaria general alertó contra la tentación de irse dimitidos y no censurados. La razón: el Partido Popular hubiera quedado estigmatizado. «Un callejón sin salida», en descripción de un veterano dirigente. Les hubiera tocado cargar con una pesada mochila llena de piedras por el fallo del caso Gürtel. Y el PSOE y Ciudadanos jamás desaprovecharían una sola oportunidad de recordárselo. La entonces vicepresidenta, en cambio, abogó por la retirada voluntaria de Rajoy, que hubiera conllevado para ella el «sacrificio» –así lo describen destacados sorayos– de asumir las riendas de un Gobierno en funciones. Sólo habría supuesto retener el BOE algunas semanas más, porque en el proceso posterior de investidura, con implicación del Rey Felipe VI, tampoco hubieran sacado adelante a un candidato.

Nunca se había visto a un presidente del Gobierno en una tesitura tan humillante y, en muchos extremos, inmerecida. Finalmente, la balanza se decantó por las tesis de Cospedal de «dejar en evidencia» a quienes «les desalojaban de La Moncloa sin ser culpables de nada». La secundaron otros colaboradores en aquella eterna sobremesa del céntrico restaurante Arahy, ocho horas a descontar de la condición de Rajoy como presidente.

Desde su salida, y sin muchas ganas de dejarse ver más allá de lo imprescindible, Rajoy no ha tenido respiro para oxigenarse. Con Pedro Sánchez gozando de las mieles del triunfo y lanzado a base de fogonazos a taponar a Cs y a reducir el tamaño de Podemos, el aún líder del PP ha podido refugiarse en su familia y amigos. Principalmente su esposa, Elvira Fernández, «Viri», que cuenta los días en el calendario para recuperar a su marido, y José Benito Suárez Costa, presidente de la Autoridad Portuaria de Marín y Ría de Pontevedra, cónyuge de la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor: un hombre de su total confianza desde hace años, quien desembarcó en Madrid no solo para estar junto a su mujer, sino sobre todo al lado de su amigo.