Mas pide a Urkullu mediar ante Rajoy

La conversación se produjo el martes, tras conocer que se anunciaría la independencia en diferido. En el Congreso, los portavoces del PDeCAT también pidieron al PNV interceder con Santamaría.

La conversación se produjo el martes, tras conocer que se anunciaría la independencia en diferido. En el Congreso, los portavoces del PDeCAT también pidieron al PNV interceder con Santamaría.

La conversación se produjo en la mañana del martes, tras el largo encuentro el lunes por la noche entre Carles Puigdemont y Artur Mas en el Palau de La Generalitat. Conocedor ya de los planes del presidente de anunciar una independencia en diferido, Mas movió pieza. Según fuentes convergentes, telefoneó al lendakari, Íñigo Urkullu, para intentar su mediación ante Mariano Rajoy. Las relaciones personales entre el presidente vasco y el jefe del Gobierno español siempre han sido fluidas, manteniendo en ocasiones encuentros muy discretos en La Moncloa que no trascienden, por lo que Mas vio la oportunidad de buscar una salida al actual conflicto. Portavoces de Ajuria Enea ni confirman ni desmienten si Urkullu cumplió el encargo y se limitan a señalar las declaraciones públicas del lendakari abogando por una solución pactada a la crisis catalana. Los contactos de Mas y un sector del PDeCAT han sido frenéticos para frenar a Puigdemont y su proclamación de la DUI.

El eje Convergència-PNV se aceleró en el Congreso de los Diputados, horas antes de la comparecencia de Rajoy en la que anunció el requerimiento enviado a Puigdemont sobre su versión de la independencia. Los diputados Carles Campuzano y Jordi Xuclá hablaron con el portavoz vasco Aitor Esteban para que mediara con la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y otros miembros del grupo parlamentario popular. La respuesta fue siempre la misma: diálogo sí, pero dentro de la legalidad. Debate también, pero en el seno de la Cámara Baja. El rechazo a sus gestiones provocó una airada intervención de Campuzano, que llegó a acusar de falangista a Albert Rivera, mientras Xuclá, en un tono más moderado, afirmaba que Puigdemont no había declarado la DUI. Es la postura defendida por la coordinadora general Marta Pascal y otros dirigentes del PDeCAT que atisban las consecuencias de aplicar el artículo 155 si Puigdemont persiste en su actitud.

Las negociaciones a espaldas del presidente se trasladan también al Govern, tras la tormentosa reunión del martes por la mañana en la que Puigdemont anunció sus planes de una independencia después suspendida. Varios consejeros como el de Empresas, Santi Vila, la de Gobernación, Meritxell Borrás, y el de Cultura, Lluis Puig, intentaron suavizar posiciones, frente al ala radical separatista de Joaquín Forn, Interior, y la de Educación, Clara Ponsetí. En medio de una discusión sin precedentes, el vicepresidente Oriol Junqueras no intervino y se mantuvo al margen. La estrategia del republicano sigue siendo poner contra las cuerdas a Puigdemont, ganar tiempo y forzar unas elecciones que le salgan bien. «Conspirar sin arriesgar», dicen los convergentes ante la actitud del líder de ERC. Por su parte, en Esquerra advierten a los críticos que, si tienen valor, den un paso adelante y dejen a Puigdemont y la coalición Junts pel Sí en minoría.

Según ha sabido este periódico, algunos consejeros han hablado con ministros del Gobierno para buscar una salida. Entre ellos Santi Vila, que mantiene buena relación en Madrid con la presidente del Congreso, Ana Pastor, desde su etapa como ministra de Fomento, y su sucesor actual, Íñigo de la Serna. También con el de Justicia, Rafael Catalá, que fue Secretario de Estado de Infraestructuras con Pastor. El guión de La Moncloa es el mismo: si Puigdemont no declara la independencia el diálogo es posible en el seno del Congreso. Los contactos, todos ellos al margen de Puigdemont, se han activado también con destacados empresarios catalanes tras la imparable fuga de emblemáticas compañías. Artur Mas, atenazado por la multa de cinco millones de euros impuesta por el Tribunal de Cuentas, habló con miembros del Círculo de Economía, el Instituto de Empresa Familiar y la Cámara de Comercio. Similares gestiones ha hecho el conseller de Empresas, Santi Vila, a quien sus compañeros radicales califican de «traidor y trilero».

Dirigentes del PDeCAT admiten que la tensión es enorme, con Puigdemont entre dos fuegos. «Mucha presión pública de los independentistas, y otra que no hace ruido». Así definen el escenario entre ERC, la ANC y las CUP que claman por la declaración inmediata de la DUI, frente a la posición de Mas y un amplio sector del PDeCAT abogando por una salida pactada. Con respecto a la decisión final de Puigdemont lo tienen claro: «Decida lo que decida, ya es un cadáver político». Las mismas fuentes opinan que Artur Mas no le perdona su rendición ante los antisistema cuperos, que exigieron su cabeza y la salida de La Generalitat. Afirman que ahora Mas «quiere mandar también a Puigdemont a la papelera de la historia». Del mismo modo, acusan a Oriol Junqueras de actuar en clave electoral. El cisma está servido.

La fractura se intensifica en el bloque soberanista, dónde un sector de la Asamblea Nacional de Cataluña está enfrentado con su presidente Jordi Sánchez por la suspensión de la DUI. Ello ha provocado la dimisión de la vicepresidenta de la ANC, Natalia Esteve, hasta ahora próxima a Sánchez, un radical secesionista cercano a Puigdemont a través de uno de sus asesores aúlicos del núcleo duro, David Madí, antiguo hombre fuerte de Artur Mas. Sánchez está citado mañana de nuevo ante la Audiencia Nacional junto al Mayor de los Mossos, José Luis Trapero, y el máximo responsable de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart. Si finalmente la juez Carmen Lamelas les imputa, la tensión aumentará. En el seno de ERC, las divergencias por la suspensión también afloran con la amenaza de dimisión de la número dos, Marta Rovira, ahora distanciada de Oriol Junqueras.

Aislado dentro de su propio partido, presionado hasta el límite por Esquerra, la ANC, Òmnium y las CUP, Carles Puigdemont trabaja, según sus colaboradores, en una respuesta «más allá del sí o no que reclama La Moncloa». Su objetivo sería un texto colectivo, como esgrimir los acuerdos firmados por el Govern y aprobados en el Parlament sobre las leyes que culminan en la DUI. Trataría así de devolver «la carga de la prueba» al Gobierno de Rajoy. Todos cuantos se han visto con él estos días, en un auténtico desfile por su despacho del Palau, aseguran que no dará un paso atrás en su hoja de ruta. «No ha llegado tan lejos para retractarse», dicen estos interlocutores. Por el contrario, Mas y la dirección del PDeCAT desean frenar a las CUP en una apuesta por el diálogo, mientras ERC avala la independencia, ganando tiempo con poner plazos a la suspensión.

Así las cosas, los convergentes más sensatos apuestan por unas elecciones autonómicas con Puigdemont ya fuera, y un nuevo candidato o candidata. Es también la opinión de una parte en ERC, que plantearía los comicios en clave plebiscitaria «ante la presión de las fuerzas de ocupación españolas». Las CUP, ANC y Òmnium reivindica ya la DUI y redoblar la presión en la calle. «Estamos sobre un cóctel molotov», reconocen los convergentes que ven difícil un pronóstico moderado de Puigdemont, a quien consideran imprevisible. En esta caótica situación, el ex ministro socialista muy activo contra el soberanismo, Josep Borrell, ha pronunciado un certero análisis: «Quieren evitar la tragedia pero seguir con la comedia».